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El Trio Casero Anal Que Nos Enloqueció

6435 palabras

El Trio Casero Anal Que Nos Enloqueció

Era una noche calurosa en el depa de la colonia Roma, con el ventilador zumbando como loco y el olor a tacos de la esquina colándose por la ventana. Yo, neta, no esperaba que esa juntada con Ana, mi morra, y su carnala Luisa terminara así. Ana, con su piel morena brillando de sudor, su blusa pegada al cuerpo mostrando esas chichis firmes que me volvían loco. Luisa, más flaca pero con un culazo que no le pedía permiso a nadie, riendo con esa boca carnosa que prometía pecados.

Estábamos echando chelas frías, platicando pendejadas sobre el pinche tráfico y las morras del gym. Ana me miró con esa chispa en los ojos, la que siempre ponía cuando andaba caliente.

"Wey, ¿y si le subimos el nivel a la noche? Luisa siempre dice que quiere un trio casero anal, algo bien íntimo, sin weyes de por medio."
Su voz ronca, como miel quemada, me erizó la piel. Luisa se sonrojó pero no quitó la vista, lamiéndose los labios. Sentí mi verga despertar, latiendo contra el pantalón.

El aire se cargó de tensión, como antes de una tormenta. El olor a su perfume mezclado con el sudor fresco, dulce y salado. Me acerqué a Ana, le comí la boca despacio, saboreando su lengua jugosa con sabor a limón de la chela. Luisa nos vio, mordiéndose el labio, y se pegó por detrás, sus manos bajando por mi pecho. Chingado, qué rico se sentía su aliento caliente en mi cuello, oliendo a menta y deseo.

Nos fuimos al sillón, quitándonos la ropa como si ardiera. Ana se quitó la blusa, sus tetas saltando libres, pezones duros como piedras. Luisa ya estaba en calzones, su concha marcada, húmeda. Yo me quedé en boxers, mi verga parada como bandera. Las besé a las dos, alternando, sintiendo sus labios suaves, húmedos, el roce de sus lenguas enredándose. El sonido de sus jadeos, bajos y urgentes, me ponía la piel de gallina.

Ana me empujó al sillón, se subió a horcajadas. Su panocha caliente rozando mi verga por encima de la tela. "Te quiero adentro, cabrón", murmuró, mientras Luisa me chupaba los huevos por debajo, su boca cálida envolviéndolos, lengua girando como tornado. Sentí el calor subir, el pulso en mis sienes, el olor almizclado de sus excitaciones mezclándose con el mío.

Esto va a ser épico, un trio casero anal que no voy a olvidar ni en la tumba.

La cosa escaló chido. Ana se movió, frotándose contra mí, su clítoris hinchado rozando mi tronco. Luisa subió, besando a Ana mientras yo les metía mano. Dedos en sus conchas, resbalosas, calientes como lava. Ana gemía bajito, "Más, wey, métemela ya". La penetré despacio, su interior apretado succionándome, paredes pulsando. El sonido chapoteante de mi verga entrando y saliendo, piel contra piel, sudor goteando.

Luisa no se quedó atrás. Se paró sobre el sillón, su culazo en mi cara. "Lámeme, papi", su voz temblorosa. Lamí su ano, sabor salado y dulce, lengua hundiendo en ese hoyo apretado. Ella se retorcía, gimiendo fuerte, el aroma terroso y excitante invadiendo mis sentidos. Ana cabalgaba más rápido, sus nalgas rebotando contra mis muslos, el slap-slap resonando en el depa.

Pero el verdadero desmadre vino cuando Ana dijo:

"Ahora el trio casero anal, carnal. Quiero verte romperle el culo a Luisa mientras yo te chupo."
Mi corazón latió como tambor. Cambiamos posiciones. Luisa se puso a cuatro patas en el sillón, su culo empinado, perfecto, redondo. Unté lubricante casero –aceite de coco que Ana sacó del refri–, olor dulce tropical. Mi verga, dura como acero, rozó su entrada. Ella empujó hacia atrás, ansiosa. "Dame, no seas pendejo".

Entré despacio, centímetro a centímetro. Su ano se abrió, apretándome como puño caliente. El calor intenso, las paredes contrayéndose, me hizo gruñir. Ana debajo, lamiendo mis huevos y su concha, lengua en todas partes. Sentí todo: el roce áspero de sus nalgas contra mi pubis, el sudor chorreando por mi espalda, el sabor salado cuando besé a Luisa. Ella gritaba placer, "¡Sí, cabrón, rómpeme el culo!", voz quebrada, eco en las paredes.

El ritmo subió. La follaba más profundo, mi verga estirándola, el pop-pop de salida y entrada. Ana se masturbaba viendo, dedos hundidos en su panocha, jugos goteando. Cambiamos: ahora Ana a cuatro, yo en su culo –más experimentada, se lo tomaba como reina–, Luisa lamiéndole la concha. Ana's ano era terciopelo caliente, succionando. Qué chingón, el contraste de texturas, olores mezclados: culo, concha, sudor. Mis manos en sus caderas, uñas clavándose, piel marcada roja.

La tensión crecía como volcán. Internamente, pensaba:

Neta, estas morras me tienen al borde. Este trio casero anal es lo más cabrón que he vivido, puro fuego mexicano.
Luisa se subió encima de Ana, tetas rozándose, besándose como locas. Yo alternaba, metiendo en uno y otro culo, lubricante chorreando por sus muslos. Gemidos en coro, altos, salvajes. El aire espeso de sexo, pulso acelerado, venas hinchadas en mi verga.

Ana primero explotó. Su ano se contrajo como tenazas, ordeñándome. "¡Me vengo, wey!", cuerpo temblando, jugos salpicando. Luisa la siguió, frotando su clítoris contra el culo de Ana, grito ahogado. Yo no aguanté más. Saqué la verga, apuntando a sus culos abiertos, y descargué chorros calientes, blancos, pintándolos. El placer cegador, piernas flojas, mundo girando.

Nos derrumbamos en el sillón, jadeando, pieles pegajosas de sudor y semen. El ventilador secaba el sudor, olor a sexo persistente, dulce y crudo. Ana me besó, lengua perezosa. "Fue increíble, amor. Ese trio casero anal nos unió más." Luisa acurrucada, mano en mi verga floja, sonriendo pícara.

Pinches morras, me han dejado hecho polvo, pero qué chido.

Nos limpiamos con toallas, riendo bajito, compartiendo agua fría que sabía a victoria. La noche terminó con ellas dormidas en mis brazos, cuerpos calientes entrelazados. Al día siguiente, el sol entrando por la ventana, supe que esto cambiaría todo. Más confianza, más deseo. Un trio casero anal que no era solo sexo, sino conexión pura, de la buena. Neta, en México, las mejores cosas pasan en casa.

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