Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Probándome Tangas para Tentarte Probándome Tangas para Tentarte

Probándome Tangas para Tentarte

6049 palabras

Probándome Tangas para Tentarte

Entré a esa boutique chida en Polanco, con el corazón latiéndome a mil por hora. El aire olía a perfume caro y tela nueva, de esas que te rozan la piel como una caricia prohibida. Tú me seguías de cerca, tu mano rozando la mía disimuladamente, mientras fingíamos ser solo una pareja normal de compradores. Pero neta, desde que mencionaste lo de las tangas esa mañana, no podía pensar en otra cosa. "Ve y pruébate unas, mamacita", me dijiste con esa voz ronca que me pone la piel chinita. Y aquí estaba yo, frente al perchero lleno de encajes diminutos, negros, rojos, transparentsitos, listos para abrazar mis curvas.

La vendedora, una morra guapa con sonrisa profesional, me llevó al vestidor. "Toma estos modelos, se ven increíbles en cuerpos como el tuyo", dijo pasándome un montón. Cerré la cortinita, pero sabía que estabas ahí afuera, esperando, imaginándome. Me quité el vestido despacio, sintiendo el aire fresco besando mi piel desnuda. Mi respiración se aceleró.

¿Y si me ve? ¿Y si entra? Neta, quiero que lo haga.
Empecé probándome tangas, la primera una negra de encaje que se ceñía perfecto a mis nalgas, subiendo por el centro como un secreto húmedo. Me miré al espejo, girando, tocándome las caderas. El roce del hilo contra mi concha ya me tenía mojada, el olor a mi propia excitación empezando a flotar en el aire cerrado del vestidor.

"¿Cómo va eso, amor?", susurraste desde afuera, tu voz grave filtrándose por la tela. Mi pulso se disparó. "Ven, mira", te contesté bajito, abriendo un poquito la cortina. Entraste rápido, cerrándola detrás de ti, el espacio se volvió diminuto, nuestro. Tus ojos se clavaron en mí, devorándome. "Chin..., qué pinche rica te ves probándote esas tangas", murmuraste, acercándote. Sentí tu aliento caliente en mi cuello, tus manos grandes posándose en mis caderas, tirando del encaje. "Esta te queda como anillo al dedo, pero quítatela, quiero ver más".

Acto uno completo, la tensión ya ardía. Me volteé, presionando mi culo contra ti, sintiendo tu verga endureciéndose a través del pantalón. "Pruébate la roja", ordenaste juguetón, pero con esa autoridad que me derrite. Me la puse despacio, el rojo fuego contrastando con mi piel morena, el lazo diminuto apenas cubriendo mi clítoris hinchado. Te giré, y tus dedos trazaron el borde, bajando hasta rozar donde más lo necesitaba. "Estás empapada, pendejo", te dije riendo bajito, pero mi voz temblaba. El sonido de nuestras respiraciones pesadas llenaba el vestidor, mezclado con el murmullo lejano de la tienda.

En el medio, todo escaló. Tus labios capturaron los míos en un beso feroz, lenguas enredándose con sabor a café y deseo. Me levantaste contra la pared del vestidor, mis piernas envolviéndote la cintura. "No pares de probártelas", gruñiste, mientras yo deslizaba la tanga roja a un lado. Tu dedo entró en mí, lento, explorando mi calor resbaladizo. Qué chingón se siente, pensé, arqueándome. "Más", jadeé, mordiéndote el labio. El olor a sexo nos envolvía, sudor mezclado con el perfume de la boutique. Cambié a una tanga blanca de malla transparente, la que dejaba ver todo, mis labios hinchados presionando contra la tela. Tú gemiste, bajándote el cierre, sacando tu verga gruesa, palpitante, goteando pre-semen.

Quiero que me cojas aquí mismo, con esta tanga puesta, sintiendo cómo se moja más con cada embestida.

Te arrodillaste, tu boca atacando mi concha a través de la malla. Lamidas expertas, chupando el clítoris, el sonido húmedo de tu lengua contra mí era obsceno, delicioso. "¡Ay, wey, qué rico!", grité ahogado, tapándome la boca para no alertar a nadie. Tus manos amasaban mis nalgas, separándolas, el dedo mojado rozando mi ano. Cambié rápido a una tanga azul con brillitos, la más puta de todas, mientras tú te ponías de pie. Me penetraste de un solo empujón, la tanga corrida a un lado, tu verga llenándome hasta el fondo. El roce del encaje contra mi piel sensible, combinado con tus caderas chocando, me volvía loca. "Fóllame duro", supliqué, uñas clavándose en tu espalda.

El ritmo se volvió salvaje, el vestidor temblando con cada estocada. Sudor perlando tu frente, goteando en mis tetas. Lamí el salado de tu piel, saboreando tu esencia masculina. Tus manos tiraban del hilo de la tanga, presionándolo contra mi clítoris, intensificando todo. Estoy a punto, pensé, mis paredes contrayéndose alrededor de ti. "Córrete conmigo, amor", jadeaste, acelerando. El clímax nos golpeó como un rayo, mi concha ordeñándote, chorros calientes llenándome mientras yo temblaba, gritando mudo en tu hombro. El olor a semen y jugos mezclados impregnaba el aire, nuestros cuerpos pegajosos, exhaustos.

En el final, nos quedamos jadeando, abrazados en ese cubículo improvisado de placer. Te saqué despacio, viendo cómo mi crema cubría tu verga aún dura. "Pruébate la última", dijiste con picardía, pasándome una tanga dorada. Me la puse, sintiendo el semen escurrir por mis muslos, mezclándose con el nuevo encaje. Nos besamos lento, tierno ahora, lenguas perezosas saboreando el afterglow. "Eres lo máximo, carnal", murmuré, mi cabeza en tu pecho, escuchando tu corazón galopando igual que el mío.

Salimos del vestidor como si nada, yo con la tanga dorada comprada, guardada en la bolsa junto a las otras. La vendedora nos miró sospechosa, pero sonrió. Afuera, en la calle bulliciosa de Polanco, el sol calentando nuestra piel aún sensible, tomamos un taxi. En el asiento trasero, tu mano en mi muslo, rozando donde la tanga aún guardaba nuestra humedad.

Esto no termina aquí, neta que quiero más noches probándome tangas para ti.
Llegamos a casa, y mientras te desnudaba en la recámara, supe que el deseo solo había empezado. Esa tarde de probándome tangas se convirtió en nuestra fantasía recurrente, un lazo de intimidad que nos unía más, piel con piel, alma con alma.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.