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Backyard Wrestling Dont Try This At Home

6850 palabras

Backyard Wrestling Dont Try This At Home

El sol pega como plomo en el patio trasero de tu casa en las colonias de Guadalajara, donde el aire trae ese olor terroso mezclado con el humo lejano de unas carnitas asadas en la esquina. Estás sudando la gota gorda, con unos bóxers cortos que apenas contienen tu verga ya medio parada, y frente a ti, tu morra Lupe, esa chula de curvas prietas y piel morena que brilla como aceite bajo la luz. Lleva un top deportivo que se le pega al cuerpo por el sudor y un short de yoga que le marca la raja de la panocha como si nada. Se ríe con esa boca carnosa, los ojos brillando de picardía.

Órale, wey, ¿qué pedo? ¿Vas a seguir de menso o me vas a dar lucha? te reta, flexionando los brazos como luchadora profesional. Tú sabes que es puro juego, pero el calor y su cuerpo ya te tienen el pulso acelerado.

Todo empezó hace rato, cuando pusieron una lucha de la WWE en la tele del porche y Lupe, con unas chelas en la mano, soltó: backyard wrestling dont try this at home. Neta, lo dijo así, imitando el announcer gringo, y los dos se cayeron de risa. Pero nosotros sí lo vamos a intentar, pendejo, aquí en el patio, agregó ella, quitándose las chanclas y pisando el zacate fresco con los pies desnudos. Tú no te resististe; la química entre ustedes siempre ha sido explosiva, de esas que prenden con una mirada.

Ahora, el pasto bajo tus pies se siente suave y húmedo, crujiendo un poco con cada paso. El viento trae el zumbido de las chicharras y un aroma dulzón de jazmines que crecen al fondo. Te acercas, el corazón latiéndote fuerte, y ella te empuja el pecho con las palmas abiertas. Su piel está caliente, salada al tacto cuando rozas sus dedos.

¡Chin, qué suave se siente su cuerpo contra el mío, ya quiero arrancarle esa ropita sudada!

La agarras de la cintura, sus nalgas firmes chocando contra tu entrepierna. Ella se retuerce riendo, pero su respiración ya se acelera, y sientes cómo sus pezones se endurecen bajo la tela delgada.

Acto uno del jueguito: la beginning de esta locura. Rodan por el pasto, tú encima, ella debajo, piernas enredadas. El olor de su sudor se mezcla con el de su perfume barato de vainilla, embriagador. Sus uñas se clavan juguetona en tus hombros, dejando marcas rojas que arden rico. ¡No mames, carnal, suéltame o te parto la madre! grita entre risas, pero sus caderas se arquean contra las tuyas, buscando fricción.

Tú respondes con un gruñido, volteándola para que quede de rodillas. El sol calienta sus nalgas expuestas cuando le bajas un poco el short, revelando la curva perfecta. Tocas, suave al inicio, sintiendo la piel aterciopelada y el calor que emana de su entrepierna. Ella jadea, el sonido gutural como música en tus oídos.

La tensión crece como tormenta. Sus ojos te miran con esa hambre que conoces bien, la misma de las noches en que se chingan hasta el amanecer. Pero aquí, al aire libre, con el riesgo de que algún vecino fisgonee por la barda, todo se siente más intenso. Tus manos recorren su espalda, bajando hasta apretar esas nalguitas redondas, el tacto firme y elástico que te hace gemir bajito.

No lo intentes en casa, piensas riendo por dentro, mientras ella te voltea de un movimiento chido, montándote como amazona. Su peso sobre tu pecho, sus chichis rozando tu cara, el sabor salado cuando lames su cuello. El mundo se reduce a esto: piel contra piel, sudor chorreando, pulsos latiendo al unísono.

El middle arranca con todo. Ella te quita el bóxer de un tirón, tu verga salta libre, dura como fierro, latiendo al aire caliente. Mira qué pingota, wey, toda para mí, murmura, envolviéndola con la mano, el apretón perfecto que te hace arquear la espalda. El pasto pincha tus nalgas, pero ni lo sientes; solo su palma áspera por el roce, subiendo y bajando, el glande húmedo brillando bajo el sol.

Tú no te quedas atrás. Le arrancas el top, sus tetas saltan libres, pezones oscuros y tiesos. Las chupas con hambre, el sabor a sal y sudor en tu lengua, ella gimiendo ¡Sí, chúpame así, cabrón!. Sus manos te hunden en el pelo, tirando suave, el dolor placentero que sube por tu espina.

¡Neta, su panocha debe estar chorreando ya, huele a excitación pura, ese almizcle que me vuelve loco!

Se ponen de lado, luchando aún, pero ahora es puro pretexto. Piernas enredadas, ella frota su concha contra tu muslo, dejando un rastro húmedo y caliente. Tú metes dedos, explorando los labios hinchados, el interior resbaloso que aprieta como terciopelo vivo. Ella grita bajito, mordiendo tu hombro, el dolor agudo que aviva el fuego.

El olor a sexo impregna el aire, mezclado con el verde del zacate machacado. Escuchas su respiración entrecortada, los slap de pieles chocando, tus bolas golpeando su nalga cuando te posicionas. ¡Métemela ya, no mames, no aguanto! suplica, y tú obedeces, embistiéndola despacio al inicio, sintiendo cada centímetro tragado por su calor apretado.

La intensidad sube como olla exprés. Cambian posiciones: ella encima, cabalgándote salvaje, sus tetas botando al ritmo, sudor goteando de su frente a tu pecho. Tú la agarras de las caderas, guiándola, el choque húmedo resonando en el patio. Sus paredes internas palpitan, ordeñándote, y tú sientes el orgasmo construyéndose, ese nudo en el estómago que crece.

Internal struggle: por un segundo dudas, ¿y si alguien ve?, pero ella te besa feroz, lengua invadiendo tu boca, sabor a cerveza y deseo. ¡Cállate y chíngame más fuerte! ordena, y tú obedeces, volteándola a cuatro patas. El vista de su culo alzado, la panocha abierta y reluciente, te empuja al borde.

El ending explota. La penetras profundo, rápido, el sonido de carne contra carne como tambores. Ella tiembla primero, gritando ¡Me vengo, wey, no pares!, su concha contrayéndose en espasmos que te aprietan la verga. Tú la sigues, el placer cegador, chorros calientes llenándola mientras ruges, el mundo blanco por un instante.

Caen exhaustos al pasto, cuerpos enredados, sudor enfriándose al viento vespertino. Su cabeza en tu pecho, el latido compartido calmándose. Besas su frente, oliendo su pelo húmedo, ese aroma a ella que te calma el alma.

¡Qué chingonería, esta morra es lo máximo. Backyard wrestling total, pero solo para nosotros.

Se ríen suave, abrazados, el sol bajando tiñendo todo de naranja. Dont try this at home, ¿eh? bromea ella, y tú respondes Pero ya estamos en casa, ricura. El afterglow es perfecto: paz, conexión, el cuerpo laxo y satisfecho. Mañana quizás lo intenten de nuevo, pero por ahora, solo respiran, sintiendo la hierba bajo sus espaldas y el amor latiendo entre ellos.

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