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Los Ardientes Beneficios de Bedoyecta Tri Inyectable

6243 palabras

Los Ardientes Beneficios de Bedoyecta Tri Inyectable

Estaba hasta la madre de sentirme como un trapo viejo todo el día. El pinche trabajo en la oficina me chingaba la energía, y ni hablar de las noches solas en mi depa del Polanco, con el calor de la ciudad colándose por las ventanas. Una carnala mía, la Lupita, me había platicado de los beneficios de Bedoyecta Tri inyectable: que te recargaba las pilas como nada, que te ponía las vitaminas B directo en las venas pa' que anduvieras como león enjaulado. "Neta, Ana, después de la jeringa te sientes que puedes comerte el mundo... o a quien se te antoje", me dijo con esa risita pícara. Así que ahí estaba yo, en la clínica privada de la colonia Roma, con el corazón latiéndome un poco más rápido de lo normal.

El lugar olía a limpio, a desinfectante mezclado con un toque de café de olla que alguien había traído. Me senté en la sala de espera, cruzando las piernas en mi falda ajustada, sintiendo el aire acondicionado erizándome la piel. Entonces entró él: el doctor Marco, un morro alto, moreno, con ojos cafés que te miraban como si ya supieran todos tus secretos. Traía bata blanca impecable, pero debajo se adivinaba un pecho marcado por horas en el gym. "¿Ana López?" dijo con voz grave, como ronroneo. Me levanté, sintiendo un cosquilleo en el estómago que no era solo nervios por la inyección.

En la consultorio privado, me pidió que me recargara en la camilla. El cuarto era chiquito, íntimo, con cortinas gruesas que apagaban el ruido de la calle y una luz tenue que hacía brillar su piel aceitada. "

Qué chingón está este wey, neta voy a desmayarme antes de la jeringa
", pensé mientras él preparaba la Bedoyecta Tri. Me explicó los beneficios con calma, su aliento cálido rozándome la oreja: "Esto te va a dar un boost brutal de energía, Ana. Vitaminas B1, B6, B12... pa' que tu cuerpo despierte de verdad". Su mano enguantada rozó mi brazo, y juro que sentí chispas. Desinfectó mi nalga con alcohol frío, el olor punzante invadiendo mis fosas nasales, y luego la aguja. Entró suave, casi placentera, un pinchazo que se disolvió en calor líquido expandiéndose por mis músculos. Saqué un "¡Ay cabrón!" bajito, pero él rio: "Ya pasó, preciosa. Ahora siente los beneficios".

Salí de ahí flotando. El calor de la Bedoyecta Tri inyectable me corría por las venas como fuego lento, despertando cada nervio. Mis pechos se sentían pesados, sensibles; entre las piernas, un pulso insistente que no paraba. Caminé de regreso a la clínica al rato, pretextando una duda, pero la neta era que quería verlo otra vez. Él estaba en su oficina, solo, revisando papeles. "Doctor, ¿puedo pasar? Siento... diferente", le dije, cerrando la puerta. Nuestras miradas chocaron, y el aire se cargó de electricidad. "¿Bien diferente?" preguntó, levantándose, su cuerpo invadiendo el espacio. Asentí, mordiéndome el labio. "

Esto es loco, pero la Bedoyecta me tiene encabronada de deseo. ¿Y si...?
"

Se acercó despacio, su mano grande acariciando mi mejilla, bajando por el cuello. Olía a jabón masculino y algo salvaje, como tierra mojada después de la lluvia. "Eres preciosa, Ana. Y con esa inyección, apuesto que estás lista pa' todo", murmuró, sus labios rozando los míos. Lo besé primero, con hambre, mi lengua explorando su boca cálida, sabor a menta y café. Sus manos bajaron a mi cintura, apretando, y gemí contra él. Me levantó como pluma, sentándome en el escritorio, papeles volando al suelo con un shhh suave. La falda se subió sola, revelando mis muslos temblorosos. Él se arrodilló, besando mi piel desde la rodilla hasta arriba, su barba raspando delicioso.

"Qué rica estás, morra", gruñó, inhalando mi aroma de mujer excitada, ese musk dulce que la Bedoyecta había amplificado. Sus dedos separaron mi ropa interior, tocando mi humedad con delicadeza. "

¡Órale, qué sensible todo! Cada roce es como fuego
", pensé, arqueándome. Lamía lento, su lengua plana y caliente lamiendo mi clítoris hinchado, chupando con succión que me hacía jadear. El sonido era obsceno: slurp, slurp, mezclado con mis gemidos ahogados. Le agarras del pelo, tirando, mientras el calor de la inyección me hacía sudar, perlas resbalando por mi espalda.

Lo jalé arriba, desesperada. Le quité la bata, la camisa, revelando abdominales duros como piedra. Mi mano bajó a su pantalón, sintiendo su verga tiesa, gruesa, palpitando bajo la tela. "Quiero sentirte, doctor. Fóllame con todo", le supliqué, voz ronca. Se bajó los calzones, su miembro saltando libre, venoso y listo, goteando precúm que olía salado. Me penetró despacio al principio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. "¡Qué chingona verga tienes, cabrón!" grité bajito, él tapándome la boca con besos. Empezó a bombear, fuerte, el escritorio crujiendo bajo nosotros, piel contra piel clap clap clap.

El ritmo subió, mis uñas clavándose en su espalda, oliendo su sudor mezclado con el mío, ese olor primal de sexo puro. Me volteó, de espaldas, embistiéndome profundo, su mano en mi clítoris frotando círculos. "

Los beneficios de Bedoyecta Tri inyectable son la neta: energía pa' cogerme toda la noche sin parar
", divagué en mi mente, mientras el orgasmo me barría como ola. Grité su nombre, contrayéndome alrededor de él, leche caliente salpicando mis paredes. Él gruñó, corriéndose dentro, chorros calientes llenándome, su cuerpo temblando contra el mío.

Nos quedamos jadeando, abrazados en el piso alfombrado, el aire espeso de nuestros jugos y respiraciones. Me besó la frente, suave. "¿Ves los beneficios? Te recargué de verdad", dijo riendo. Yo sonreí, sintiendo el afterglow: músculos flojos pero satisfechos, el calor de la inyección aún zumbando, pero ahora mezclado con placer puro. "Vuelve cuando quieras otra dosis, Ana. O solo por mí". Salí caminando firme, el sol de la tarde bañándome, sabiendo que los beneficios de Bedoyecta Tri inyectable iban más allá de la energía... eran pa' la pasión que ardía en mí ahora.

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