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Busco Hacer un Trío Inolvidable

6140 palabras

Busco Hacer un Trío Inolvidable

Estaba harta de la rutina en mi depa de Polanco, con el ruido de los coches en Reforma de fondo y el olor a café recién molido que me recordaba lo sola que me sentía. Neta, necesitaba algo que me sacara de este letargo. Así que abrí la app de citas en mi cel, tecleé rápido: "busco hacer un trio". No lo pensé dos veces. Subí una foto mía en bikini de la playa en Cancún, sonriendo con ese picardía que sé que enloquece a los weyes.

En menos de una hora, ping. Un mensaje de Marco y Sofía, una pareja de Coyoacán que pintaban para chidos. "Hola guapa, nos late tu idea. ¿Quieres platicar?". Su foto los mostraba en una terraza, él moreno y musculoso con esa barba recortada que me hizo mojarme de solo verlo, ella rubia con curvas de infarto, ojos verdes que prometían travesuras. Chateamos toda la noche: fantasías, límites, todo claro y consensual.

¿Y si esto es lo que necesito? Dos cuerpos explorándome, sin ataduras, solo puro placer.
Quedamos en vernos al día siguiente en un bar de la Condesa, con luces tenues y jazz suave flotando en el aire.

Llegué con un vestido negro ajustado que marcaba mis chichis y mi culo redondo, tacones que resonaban en el piso de madera. El aroma a tequila reposado y jazmines del jardín me envolvió al entrar. Los vi en una mesa al fondo: Marco con camisa blanca entreabierta mostrando su pecho tatuado, Sofía en short de mezclilla y top escotado, sus piernas bronceadas cruzadas con gracia. Me acerqué, el corazón latiéndome como tambor en quinceañera.

"¡Hola, soy Ana!", dije sentándome, rozando accidentalmente la mano de Marco. Su piel cálida me erizó la piel. Pidieron margaritas con sal gruesa, el limón fresco explotando en mi lengua mientras platicábamos. Sofía se inclinó, su perfume dulce a vainilla invadiéndome. "Órale, qué guapa en persona. ¿De verdad buscas hacer un trio como dice tu perfil?". Reí nerviosa, el alcohol calentándome las venas. Marco agregó con voz grave: "Nosotros también, carnala. Queremos que sea épico".

La charla fluyó como río: anécdotas de viajes a Tulum, chistes sobre exes pendejos. Sus pies se rozaron con los míos bajo la mesa, un cosquilleo eléctrico subiendo por mis muslos.

Esto es real. Sus miradas me desnudan ya.
Al rato, Sofía susurró: "¿Vamos a mi depa? Está cerca, con vista al Parque México". Asentí, el pulso acelerado, el aire cargado de promesas.

En el elevador del edificio moderno, el silencio era espeso. Marco me acorraló suave contra la pared, su aliento mentolado en mi cuello. "Eres preciosa", murmuró, besándome la oreja. Sofía observaba, mordiéndose el labio, su mano en mi cintura. El ding del elevador nos sacó del trance. Su depa era un sueño: ventanales enormes, velas aromáticas a sándalo encendidas, música de Natalia Lafourcade de fondo suave.

Nos sentamos en el sofá de piel suave, más tequilas en vasos helados. Sofía se pegó a mí, su mano en mi muslo subiendo lento. "Relájate, mamacita", dijo, besándome el hombro. Marco se unió, sus labios en mi boca, lengua juguetona saboreando a sal y deseo. Gemí bajito, el calor entre mis piernas creciendo. Sus manos expertas: él desabrochando mi vestido, exponiendo mis tetas firmes; ella lamiendo mi cuello, uñas arañando suave mi espalda.

Me recostaron en el sofá, el cuero fresco contra mi piel ardiente. Marco bajó mi vestido del todo, besando mi ombligo, su barba raspando delicioso. Sofía se quitó el top, sus chichis perfectas balanceándose, pezones rosados endurecidos. Me besó profundo, su lengua danzando con la mía, mientras Marco separaba mis piernas, oliendo mi excitación. "Qué rica hueles", gruñó, su lengua lamiendo mi clítoris hinchado. El placer me arqueó, jadeos escapando como suspiros de viento en el desierto.

¡Dios, esto es mejor que cualquier sueño! Dos bocas, cuatro manos devorándome.
Sofía se montó en mi cara, su coño depilado y jugoso rozando mis labios. Lo lamí con ganas, saboreando su miel salada, mientras ella gemía ronca: "¡Sí, así, pinche diosa!". Marco metió dos dedos en mí, curvándolos justo ahí, el sonido chapoteante de mi humedad llenando la habitación. Me corrí primero, temblores sacudiéndome, gritando contra el sexo de Sofía.

No pararon. Cambiamos: yo de rodillas, chupando la verga gruesa de Marco, venosa y dura como hierro caliente, su sabor salado en mi garganta. Sofía detrás, lengua en mi culo, dedos en mi chatita empapada. Él me folló la boca suave pero firme, "Qué buena mamada, wey", jadeaba. Luego, en la cama king size con sábanas de algodón egipcio suaves como caricia, Marco me penetró despacio, su pija llenándome hasta el fondo, ritmo hipnótico chocando piel contra piel. Sofía se unió, frotando su clítoris contra mi pierna, besándonos las tres lenguas enredadas.

El sudor nos unía, olor a sexo y sándalo embriagador. Gemidos subían de tono: "¡Más duro, cabrón!", le pedí a Marco, él obedeciendo, embistiéndome como olas en Acapulco. Sofía se corrió chorreando en mi muslo, su grito agudo vibrando en el aire. Yo la seguí, contrayéndome alrededor de Marco, ordeñándolo. Él se sacó, eyaculando chorros calientes en mis tetas y la panza de Sofía, quien lo lamió juguetona.

Colapsamos en un enredo de extremidades, respiraciones agitadas calmándose. El ventilador del techo zumbaba suave, enfriando nuestra piel pegajosa. Marco me acarició el pelo, "Eres increíble, Ana". Sofía besó mi frente, "Volvemos a vernos, ¿va?". Reí bajito, el cuerpo plácidamente adolorido, el corazón lleno.

Busco hacer un trio fue lo mejor que tecleé en mi vida. No fue solo sexo, fue conexión, libertad, empoderamiento puro.
Nos duchamos juntos, agua caliente lavando fluidos, risas y besos juguetones bajo la regadera. Salí al amanecer, el sol tiñendo el cielo de rosa sobre la ciudad, piernas flojas pero alma ligera. Caminé a mi depa, sabiendo que esto era solo el principio de mis aventuras.

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