Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Trí Bi Doce Trí Bi Doce

Trí Bi Doce

7136 palabras

Trí Bi Doce

La brisa salada de Puerto Vallarta te envuelve como un amante juguetón mientras caminas por la playa al atardecer. Tus pies hunden en la arena tibia, aún caliente del sol del día, y el sonido de las olas rompiendo suave contra la orilla te relaja los músculos tensos. Llevas un vestido ligero de algodón que se pega a tus curvas por la humedad, y sientes el roce fresco contra tus pezones endurecidos por la brisa. Eres Carla, una chava de veintiocho años que vino de la Ciudad de México buscando un poco de aventura, lejos del pinche tráfico y el estrés del jale. Neta, necesito algo que me prenda el alma, piensas mientras ves las fogatas prendidas en la playa privada del resort, donde la gente ríe y baila al ritmo de cumbia rebajada.

Te acercas a una fogata donde un par de morros parecen sacados de un sueño húmedo. Él es Marco, alto, moreno, con tatuajes que asoman por su camisa desabotonada, oliendo a tequila y colonia cara. Ella es Lupe, una morra de cabello negro largo, curvas pronunciadas en un bikini que deja poco a la imaginación, con una sonrisa pícara que te hace cosquillas en el estómago. Están sentados en una cobija, con una hielera llena de chelas y algo más. Te invitan con un grito de "¡Pásale, carnala! ¿Quieres un trago?"

¿Qué chingados, por qué no? Se ven chidos y la noche está para lo que sea, te dices, sintiendo un cosquilleo en el vientre que no es solo por el calor.

Te sientas entre ellos, el calor de sus cuerpos te roza los brazos. Marco te pasa un vaso con un líquido rosado y espumoso. "Prueba el trí b doce, es nuestra especialidad. Tres licores, bi-color y bien doce... dulce como el pecado." Lo bebes, el sabor explota en tu lengua: ron suave, fresas maduras y un toque de canela que te calienta la garganta. Pinche delicia, piensas, mientras Lupe te guiña el ojo y su mano roza tu muslo accidentalmente. O no tan accidental. Hablan de la vida, de cómo Marco y Lupe son pareja abierta, exploradores de placeres que no conocen límites. Tú cuentas tus aventuras, el corazón latiéndote fuerte cuando Lupe confiesa: "Nos late el trí bi doce, ¿sabes? Un trío bi, pero bien dulce, sin dramas."

La tensión crece con cada sorbo. El fuego crepita, lanzando chispas que iluminan sus rostros sudorosos. Sientes el pulso de Marco en tu pierna cuando él se acerca para contarte un chiste sucio, su aliento cálido en tu oreja. Lupe ríe, su risa como música, y su dedo traza un círculo en tu rodilla. ¿Esto va en serio? Mi cuerpo ya está respondiendo, el calor entre mis piernas es innegable. No hay presión, solo miradas cargadas de promesas. Bailan los tres, pegaditos, tus caderas rozando las de ellos al ritmo de la música que sale de un bocina cercana. El sudor se mezcla, salado en tu piel, y el olor a mar, arena y deseo te marea.

La noche avanza, y el resort se vacía. Marco sugiere ir a su suite, con vista al mar. "Sin compromisos, Carla. Si no late, nos vemos en la playa mañana." Asientes, el corazón tronándote en el pecho. Caminan tomados de la mano, los tres, riendo bajito. En el elevador, Lupe te besa primero: labios suaves, dulces como el trí b doce, lengua juguetona que sabe a fresas. Marco observa, su mano en tu cintura, y tú respondes, el beso profundizándose mientras sientes su erección presionando contra ti.

En la suite, las luces tenues bañan la cama king size con sábanas de hilo egipcio. El balcón abierto deja entrar el rumor de las olas y el aroma salino. Se despojan de la ropa despacio, como en un ritual. Tú te quedas en brasier y tanga, admirando el cuerpo atlético de Marco, su verga semi-dura palpitando, y los senos firmes de Lupe, pezones oscuros erectos. Esto es real, neta que sí, piensas, el aire fresco erizando tu piel.

Empieza Lupe, arrodillándose frente a ti, besando tu ombligo mientras Marco te besa el cuello, mordisqueando suave. Sus manos exploran: las de él grandes y callosas, masajeando tus tetas; las de ella delicadas, deslizándose bajo tu tanga. Gimes cuando sus dedos encuentran tu clítoris hinchado, resbaloso de jugos. "Estás chingón de mojada, Carla", murmura Lupe, lamiendo tus labios mayores con una lengua experta. El sabor de tu propia excitación en su boca cuando te besa después te enciende más. Marco se une, su verga dura rozando tu muslo, oliendo a hombre puro, almizclado.

No puedo creerlo, dos bocas en mí, dos cuerpos que me adoran. El calor sube, mis caderas se mueven solas.

La escalada es gradual, deliciosa. Te tumban en la cama, Lupe sobre ti en 69, su coño depilado rozando tu cara, oliendo a miel y deseo. Lo lames despacio, saboreando su dulzor salado mientras ella devora el tuyo, chupando tu clítoris con succiones que te arquean la espalda. Marco se posiciona detrás de Lupe, penetrándola con un empujón lento, sus gemidos vibrando en tu piel. Lo ves embestirla, el sonido húmedo de carne contra carne, el sudor goteando. "¡Ay, wey, qué rico!" grita ella, y tú sientes cada estocada a través de su cuerpo tembloroso.

Cambian posiciones, el aire cargado de jadeos y el slap-slap de pieles chocando. Tú montas a Marco, su verga gruesa llenándote hasta el fondo, estirándote delicioso. Cada rebote hace que tus tetas salten, y Lupe las chupa, mordiendo suave. El placer es eléctrico, subiendo por mi espina, mis paredes contrayéndose alrededor de él. Él te agarra las nalgas, guiándote, "Muévete así, reina, qué chingón se siente tu panocha". Lupe se sienta en su cara, él lamiéndola mientras tú cabalgas, los tres conectados en un ritmo perfecto.

La intensidad crece, sudores mezclados, olores intensos de sexo y mar. Tus uñas en la espalda de Marco, sus manos en tus caderas, la lengua de Lupe en tu ano, explorando juguetona. Gritas cuando el orgasmo te parte en dos: olas de placer desde el clítoris hasta el cerebro, tu coño chorreando jugos sobre la verga de él. Lupe llega después, temblando sobre la boca de Marco, "¡Me vengo, cabrones!". Él explota dentro de ti, chorros calientes llenándote, gruñendo como animal.

Caen exhaustos, enredados en la cama, el corazón latiéndoles fuerte contra pechos sudorosos. El afterglow es dulce: besos perezosos, caricias suaves. Lupe te pasa un trago de agua fría, Marco enciende un cigarro mentolado cuyo humo se mezcla con el aroma a sexo. Miran las estrellas desde el balcón, envueltos en una cobija. "El mejor trí b doce de mi vida", dices riendo, y ellos asienten, abrazándote fuerte.

Al amanecer, el sol pinta el mar de oro. No hay arrepentimientos, solo promesas de más noches. Te vistes, sintiendo el leve dolor placentero entre las piernas, el sabor de ellos aún en tu boca. Esto fue empowerment puro, placer compartido sin cadenas. Los despides con un beso en la playa, sabiendo que Puerto Vallarta guarda secretos dulces como el trí b doce.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.