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Mi Primer Trío Video

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Mi Primer Trío Video

Era una noche calurosa en mi depa de Polanco, con el aire cargado de ese olor a jazmín que sube desde el jardín de abajo. Yo, Ana, de veinticinco pirulos, estaba sentada en el sillón de piel sintética que cruje con cada movimiento, sintiendo cómo el sudor me perlaba la nuca. Marco, mi novio, el tipo más guapo que he conocido con esos ojos cafés que te derriten, andaba platicando con Luis, su carnal de toda la vida. Los dos traían chelas en la mano, riéndose de tonterías, pero yo sentía una electricidad en el aire que no era del ventilador.

¿Y si lo hacemos de una vez? pensé, mordiéndome el labio. Llevábamos semanas fantaseando con esto. Mi primer trío video. La idea me había estado dando vueltas desde que vi un pedacito de porno en el cel de Marco. No cualquier cosa, neta, algo chido, consensuado, entre adultos que se la pasan bomba. "Órale, cabrones", les dije de repente, levantándome con las tetas rebotando bajo mi blusa escotada. "Ya estuvo. Vamos a grabar mi primer trío video esta noche. ¿Se atreven o qué?".

Marco me miró con esa sonrisa pícara, esa que me hace mojarme al instante. "Neta, mi reina? ¿Estás segura?". Luis, alto y moreno, con brazos que parecen tallados en gimnasio, se rió nervioso pero sus ojos brillaban. "Pos si Ana lo dice, yo le entro. Pero hay que hacerlo chingón". El corazón me latía como tamborazo en quinceañera. Sentí el pulso en mis chichis, el calor subiendo por mis muslos. Olía a hombre, a colonia barata mezclada con sudor fresco.

Preparamos todo rapidito. Marco sacó su iPhone con trípode, lo puso en la mesita frente a la cama king size que teníamos. Luces tenues, velas de vainilla que llenaban el cuarto con un aroma dulce y pecaminoso. Me quité la blusa despacio, dejando que vieran mis pezones duros como piedras bajo el bra de encaje negro. "Empieza a grabar, amor", le susurré a Marco, mientras Luis se acercaba por detrás, sus manos grandes rozándome la cintura. El clic del rec empezó, y con eso, el mundo se volvió puro fuego.

Esto es mi primer trío video, y ya siento que voy a explotar de pura anticipación. ¿Qué se sentirá tener dos vergas duras solo para mí?

Acto uno: la provocación. Marco me besó primero, su lengua saboreando mis labios como si fuera tequila reposado, cálida y profunda. Olía a su loción de sándalo, me hacía giribiri. Luis no se quedó atrás; sus dedos trazaban mi espinazo, bajando hasta mi culo redondo que tanto le gustaba. "Qué culazo, Ana", murmuró en mi oído, su aliento caliente como brisa de Veracruz. Gemí bajito, sintiendo mi panocha humedecerse, el calzón pegajoso contra mi clítoris hinchado.

Me tumbaron en la cama, las sábanas frescas contra mi piel ardiente. Marco se hincó entre mis piernas, lamiéndome el cuello mientras Luis chupaba mis tetas. ¡Ay, cabrón! El sonido de sus lenguas, chasquidos húmedos, me volvía loca. Sentía sus vergas presionando contra mis muslos, duras como fierro, palpitando. "Quítame el calzón", les ordené, voz ronca. Marco obedeció, deslizándolo lento, oliendo mi excitación, ese aroma almizclado que inunda el cuarto.

El deseo crecía como ola en Acapulco. Internalmente batallaba: ¿Y si no me gusta? ¿Y si soy muy pinche? Pero no, neta me latía. Pequeños roces, besos robados, sus manos explorando cada curva. Marco metió un dedo en mi panocha, luego dos, moviéndolos con maestría. "Estás chorreando, mi amor", dijo, y Luis lo probó lamiendo sus dedos. "Deliciosa, como mango maduro". Gemí fuerte, arqueándome, el colchón hundiéndose bajo nosotros.

Escalada en el medio acto. Cambiamos posiciones como en un baile ranchero bien coreografiado. Yo me puse de rodillas, las rodillas raspando la sábana áspera. Marco delante, su verga gorda y venosa frente a mi cara. La olí primero, ese olor macho salado, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando el pre-semen perlado. "Chúpamela rico, Ana", gruñó. Detrás, Luis escupió en mi culo, masajeando mi ano con el pulgar mientras metía su verga en mi panocha de un empujón suave.

¡Doble penetración soñada! El estirón me quemaba delicioso, lleno, como si me partieran en dos placeres. Sonidos: slap-slap de carne contra carne, mis gemidos ahogados por la verga de Marco en mi boca. Sudor goteando, mezclándose con nuestros jugos. Olía a sexo puro, a panocha mojada y vergas calientes. Luis aceleraba, sus bolas golpeándome el clítoris. "¡Más fuerte, pendejo!", le grité juguetona, y él obedeció, follándome como toro.

Marco se movía en mi boca, follándome la garganta con cuidado, sus manos enredadas en mi pelo negro largo. Sentía sus pulsos acelerados, el calor de sus cuerpos envolviéndome. Tensión subiendo, mis ovarios a punto de reventar. Cambiamos: ahora yo encima de Marco, cabalgándolo como yegua salvaje, su verga hundiéndose hasta el fondo, rozando mi punto G. Luis se paró en la cama, ofreciéndome su verga para mamarla. La chupé con hambre, saliva chorreando por mi barbilla.

Emocionalmente, era un torbellino.

Estos dos me quieren, me desean sin medida. Esto es poder, es libertad chingona.
Pequeñas pausas para besos, risas nerviosas. "Estás preciosa en cámara", dijo Marco, y eso me prendió más. Intensidad psicológica: el saber que esto era mi primer trío video, eterno en digital, me hacía follar con furia contenida.

Luis se hincó detrás, untando lubricante fresco y resbaloso en mi culo. "Relájate, reina", murmuró. Entró despacio, centímetro a centímetro, el ardor convirtiéndose en éxtasis puro. ¡Llena hasta el tope! Dos vergas dentro, frotándose separadas por una delgada pared, pulsando al unísono. Grité, orgasmos en cadena: primero uno clitoriano por las bolas de Marco, luego anal por Luis, profundo y sucio.

El clímax del acto final. Sudor empapando todo, el cuarto un sauna de gemidos y jadeos. "Me vengo, Ana", rugió Marco, llenándome la panocha de leche caliente, espesa. Luis siguió, bombeando hasta vaciarse en mi culo, chorros que sentía resbalar adentro. Yo exploté última, un squirt que mojó las sábanas, cuerpo convulsionando, visión borrosa de placer. Sabores: semen salado en mi lengua, mezclado con mi propia esencia.

Afterglow. Nos desplomamos en un enredo de piernas y brazos, pechos subiendo y bajando. El teléfono aún grababa, capturando nuestros suspiros. Marco apagó la cámara, besándome la frente. "Fue épico, mi amor. Tu primer trío video, inolvidable". Luis me acunó, su mano en mi cadera. "Neta, la mejor noche".

Me sentía empoderada, saciada, el cuerpo hormigueando con réplicas. Olía a nosotros, a victoria carnal. Esto no fue solo sexo, fue conexión profunda, tres almas en llamas. Nos duchamos juntos después, agua tibia lavando fluidos, risas compartidas. En la cama limpia, abrazados, supe que esto era solo el principio. Mi primer trío video había abierto puertas que no quería cerrar nunca.

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