Mi Primer Trío Mhm
Era una noche calurosa en el depa de Carlos, en la Condesa, con el ventilador zumbando como loco y el olor a tacos de la esquina colándose por la ventana. Yo, Ana, estaba recargada en el sofá, con una chela fría en la mano, sintiendo cómo el sudor me perlaba la piel bajo el crop top ajustado. Carlos, mi carnal desde hace un año, me miró con esa sonrisa pícara que me ponía la piel chinita.
Neta, güey, ¿de veras quieres hacerlo? le pregunté, mordiéndome el labio. Habíamos platicado mil veces de fantasías, pero esta vez era en serio. Su compa Diego acababa de llegar, alto, moreno, con esos ojos que te desnudan de un jalón. Los tres nos conocíamos de la uni, y siempre hubo esa química rara, como electricidad estática.
Carlos se acercó, su mano grande rozándome el muslo. Claro que sí, mi amor. Tu primer trío, mhm, murmuró contra mi oreja, su aliento caliente oliendo a tequila. Sentí un cosquilleo directo al centro, mi panocha ya empezaba a humedecerse solo de imaginarlo. Diego se sentó al otro lado, su pierna tocando la mía, y el calor de sus cuerpos me envolvió como una manta pesada.
Empezamos con besos suaves, Carlos capturando mis labios mientras Diego me acariciaba el cuello con dedos ásperos, de tanto trabajar en el gym. El sabor salado de su piel se mezclaba con el de la cerveza en mi lengua.
¿Y si no me gusta? ¿Y si me da pena?pensé, pero mi cuerpo ya decía otra cosa, arqueándose hacia ellos.
La tensión crecía como tormenta en el DF, el aire cargado de jadeos y risitas nerviosas. Carlos me quitó el top, exponiendo mis chichis duras como piedras, y Diego soltó un mhm grave que me erizó los vellos. Sus bocas bajaron, chupando, lamiendo, el sonido húmedo de sus lenguas contra mi piel haciendo eco en la habitación. Olía a sudor fresco, a deseo puro, como tierra mojada después de la lluvia.
Estás riquísima, Ana, gruñó Diego, su voz ronca mientras metía la mano por mi short. Sus dedos encontraron mi clítoris hinchado, frotando despacio, y yo gemí alto, ¡ay, wey!. Carlos se reía bajito, desabrochándose el pantalón, su verga saltando libre, gruesa y venosa, palpitando. La tomé en la mano, sintiendo su calor latiendo contra mi palma, el olor almizclado subiéndome a la nariz.
Me puse de rodillas en la alfombra áspera, el piso fresco contra mis rodillas desnudas. Alterné sus vergas en mi boca, saboreando una y otra: Carlos salado y suave, Diego más grueso, con venitas que rozaban mi lengua. Slurp, slurp, los sonidos obscenos llenaban el aire, mezclados con sus mhm, sí así. Mis jugos corrían por mis muslos, el short empapado pegándose a mi piel.
Carlos me levantó como si no pesara nada, sus brazos fuertes envolviéndome. Me tendió en el sofá, abriéndome las piernas. Diego se posicionó detrás de él, pero no, los dos se coordinaban como si hubieran ensayado.
Mi primer trío mhm, esto es real, pensé mareada de placer. Carlos entró primero, lento, estirándome deliciosamente, su verga llenándome hasta el fondo. El roce era fuego puro, cada embestida mandando ondas de placer por mi espinazo.
Diego se arrodilló a mi lado, ofreciéndome su verga para chupar mientras Carlos me cogía. El ritmo se aceleró, piel contra piel plaf plaf, el sofá crujiendo bajo nosotros. Sudor goteaba de sus pechos al mío, salado en mi lengua cuando lamí el de Carlos. ¡Más duro, pendejos! les pedí, empoderada, mis caderas moviéndose solas.
Cambiaron posiciones, fluidos y chidos. Diego me penetró ahora, su verga más ancha abriéndome más, tocando spots que me hacían ver estrellas. Carlos me besaba, sus dedos en mi clítoris, frotando en círculos perfectos. El olor a sexo era intenso, almizcle y jugos mezclados, el aire espeso. Mis gemidos subían de tono, ¡ahí, cabrones, no paren!.
La intensidad crecía, mis paredes contrayéndose alrededor de Diego, el orgasmo acechando como volcán. Carlos se masturbaba viéndonos, su mano volando sobre su verga. Siento sus pulsos, su calor, todo, pensé, perdida en sensaciones. Diego gruñó primero, llenándome con chorros calientes, su semen espeso goteando. Eso me catapultó: exploté, mi panocha apretando, jugos salpicando, el placer cegador, olas y olas hasta que temblé entera.
Carlos no tardó, eyaculando en mi chichi, el semen tibio resbalando por mi piel. Nos quedamos jadeando, un enredo de cuerpos sudorosos, el ventilador secando el sudor lentamente. Diego me besó la frente, Carlos acurrucándome. Fue chingón, ¿verdad? susurró Carlos.
Sí, mi primer trío mhm, respondí riendo bajito, el cuerpo pesado de satisfacción. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero adentro, todo había cambiado. Me sentía viva, poderosa, deseada. Sus manos seguían rozándome, promesas de más noches así. Cerré los ojos, saboreando el afterglow, el sabor a ellos en mi boca, el aroma pegado a mi piel.
Al día siguiente, desperté entre ellos, el sol filtrándose por las cortinas. No hubo arrepentimientos, solo sonrisas cómplices y planes para la próxima.
Quién diría que mi curiosidad me llevaría aquí, pensé mientras Carlos me preparaba café. Diego ya mandaba memes en el grupo, wey, repitámoslo pronto. Y yo, con una sonrisa, sabía que sí.