Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo El Tri Placer ID Gel Despierta Secretos El Tri Placer ID Gel Despierta Secretos

El Tri Placer ID Gel Despierta Secretos

7269 palabras

El Tri Placer ID Gel Despierta Secretos

Era una noche calurosa en la Ciudad de México, de esas que te pegan el suéter al cuerpo con el sudor dulce de la anticipación. Yo, Ana, acababa de llegar a mi depa en Polanco, con una bolsa de la farmacia en la mano. Adentro, el frasquito del Tri Placer ID Gel, ese producto nuevo que vi en un anuncio en Insta, prometiendo revelar zonas secretas de placer con un cambio de color al contacto con la piel. Neta, me picó la curiosidad. ¿Y si es el chingón para avivar las cosas con Marco?, pensé mientras abría la puerta.

Marco ya estaba ahí, recargado en la barra de la cocina, con una chela en la mano y esa sonrisa pícara que me deshace las rodillas. Llevábamos tres años juntos, pero la rutina a veces aprieta como calcetines mojados. Él es alto, moreno, con tatuajes que serpentean por sus brazos como ríos de chocolate, y unos ojos que te clavan hasta el alma.

Órale, Ana, ¿qué traes ahí? ¿Algo pa' la boca o pa' otro lado?

Le guiñé el ojo, sintiendo ya el cosquilleo en el estómago. "Pa' los dos, wey. Mira esto: Tri Placer ID Gel. Dicen que se pone azul donde hay placer escondido. ¿Te animas a probar?"

Él soltó una carcajada ronca, de esas que vibran en el pecho y te llegan directo al entrepierna. "¿En serio, carnala? Suena a mamada, pero contigo, lo que sea." Me jaló por la cintura, su aliento a cerveza fría y menta rozándome el cuello. Olía a él, a jabón de sándalo y a ese sudor varonil que me enloquece. Mis pezones se endurecieron bajo la blusa de algodón ligera, anticipando el roce.

Acto primero: la cena ligera. Preparamos unos tacos de arrachera en la plancha, el chisguete del aceite caliente llenando el aire con aroma a carne jugosa y cebolla caramelizada. Nos sentamos en el sofá, comiendo con las manos, lamiendo los jugos que chorreaban. Cada mordida era un preámbulo, sus dedos rozando mis labios, mi lengua rozando su pulgar. La tensión crecía como la humedad entre mis muslos. Quiero que me toque ya, pero hay que alargar esto, que duela rico.

Terminamos y nos fuimos al cuarto. La luz tenue de las velas de vainilla parpadeaba sobre la cama king size, sábanas de algodón egipcio suaves como caricia. Saqué el gel, un tubo plateado con letras brillantes: Tri Placer ID Gel. Lo destapé, y un olor fresco invadió el cuarto: menta picante mezclada con jazmín y un toque cítrico, como limonada con chile. Fresco, pero prometedor de calor.

Marco se quitó la playera, revelando su torso esculpido por horas en el gym. Yo me desabroché el brasier, dejando que mis senos medianos, con pezones oscuros y tiesos, saltaran libres. "Tú primero, reina." Eché una gota en su pecho. El gel era frío al principio, como rocío de mañana, resbaloso entre mis dedos. Lo esparcí en círculos lentos, sintiendo los músculos tensarse bajo mi palma. De repente, viró a un azul intenso en tres puntos: justo debajo del ombligo, alrededor de un pezón y bajito, cerca de la ingle.

¡No mames! ¿Ves? Tres zonas de placer puro. El Tri Placer ID Gel no falla.

Él jadeó cuando presioné el primero, un gemido grave que retumbó en mis oídos como trueno lejano. El sonido de su respiración acelerada, áspera, me erizó la piel. Toqué más abajo, el gel calentándose con el roce, volviéndose cremoso, casi líquido. Su verga se endureció bajo los jeans, un bulto impresionante que palpitaba. Olía a su excitación ahora, almizcle salado mezclándose con el gel.

Ahora mi turno. Marco tomó el tubo con manos temblorosas. Me tendí desnuda, piernas abiertas en invitación. El aire fresco lamía mi concha ya húmeda, labios hinchados brillando. Echó el gel en mi vientre, fresco y viscoso, resbalando hacia mis senos. Mis pezones viraron azules al instante, y un triángulo más abajo: clítoris, entrada y un punto en el interior de los muslos. "Mírate, Ana, eres un mapa del tesoro." Sus dedos trazaron las líneas, tocando suave primero, luego presionando. El gel amplificaba todo: cada roce era eléctrico, como chispas en la piel.

Acto segundo: la escalada. Me besó el cuello, lengua caliente trazando venas que latían fuerte. Bajó a mis senos, chupando el pezón azulado, sabor mentolado dulce en su boca. Yo gemí alto, "¡Ay, cabrón, qué rico!", arqueando la espalda. El sonido de succión húmeda, chapoteo suave, llenaba la habitación. Sus manos bajaron, dedos untados de gel resbalando por mis labios vaginales, abriéndome como pétalos. El azul brillaba bajo la luz, guiándolo al clítoris hinchado. Lo rodeó lento, círculos tortuosos, mientras yo clavaba uñas en su espalda, oliendo su sudor fresco.

No puedo más, pero quiero que dure. Su dedo entra, curvándose en ese punto G que el gel marcó perfecto. Soy lava adentro.

Lo volteé, montándome a horcajadas. Le bajé los pantalones, su verga saltó libre, gruesa, venosa, cabeza roja reluciente de precum. Unté gel en ella, el azul marcando tres vetas pulsantes. La tomé en la mano, piel aterciopelada sobre acero, resbaladiza. Lamí la punta, sabor salado con menta, su gemido ronco "¡Órale, Ana, me vas a matar!" vibrando en mi garganta.

Me acomodé encima, guiándola adentro. Lento, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. El gel hacía que todo deslizara perfecto, sin fricción áspera, solo puro glide ardiente. Empecé a moverme, caderas ondulando como salsa bailada, senos rebotando. Él agarró mi culo, nalgadas suaves que resonaban plaf plaf, piel contra piel. Sudor perlando nuestros cuerpos, brillando como aceite. Olía a sexo crudo: concha mojada, verga lubricada, gel cítrico evaporándose en vapor caliente.

La intensidad subió. Cambiamos: él arriba, embistiendo profundo, el colchón crujiendo rítmico. Cada thrust tocaba el punto marcado, ondas de placer trepando mi espina. "Más fuerte, wey, rómpeme." Sudaba sobre mí, gotas cayendo en mi boca, saladas. Mis piernas alrededor de su cintura, talones clavándose. Gemidos se volvieron gritos: "¡Sí! ¡Ahí! ¡Chingado!" El azul del gel se desvanecía, pero el fuego quedaba.

Acto tercero: la liberación. Sentí el orgasmo venir como ola del Pacífico, contrayendo todo. "Me vengo, Marco, ¡no pares!" Él aceleró, gruñendo animal, "Yo también, reina, juntos." Explosión: mi concha apretándolo en espasmos, chorros de placer mojando sábanas. Él se derramó dentro, caliente, pulsos interminables. Colapsamos, jadeantes, corazones galopando al unísono.

Afterglow: yacimos enredados, gel seco pegajoso en piel. Besos suaves, lenguas perezosas. El cuarto olía a vainilla quemada, sexo saciado y paz.

El Tri Placer ID Gel no era puro marketing. Nos abrió puertas que ni sabíamos que teníamos. Mañana pedimos más.
Marco me apretó contra su pecho, su voz ronca: "Eres lo máximo, Ana. Neta, qué noche."

Me dormí con su calor envolviéndome, sabiendo que esto era solo el principio. El gel había identificado no solo placeres del cuerpo, sino del alma compartida.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.