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Trio Anime Candente

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Trio Anime Candente

La convención de anime en el centro de la CDMX estaba a reventar de carnales disfrazados y el aire cargado de ese olor a sudor mezclado con perfumes baratos y papas fritas de los puestos. Tú, con tu cosplay de un personaje de Attack on Titan, te sentías en tu elemento, el traje ajustado marcando cada músculo que habías labrado en el gym. Ahí estabas, platicando con tus compas de toda la vida: Ana, la morra con curvas de infarto vestida como una waifu de Neon Genesis Evangelion, su piel morena brillando bajo las luces neón, y Marco, el vato alto y atlético con el disfraz de un semidiós de One Piece, su sonrisa pícara siempre lista para armar desmadre.

Neta, carnal, este lugar está chido —dijiste, mientras tomabas un trago de tu refresco helado, el hielo crujiendo entre tus dientes—. Pero ya me harté de tanta gente amontonada. ¿No se van a mi depa? Tengo el maratón de hentai listo pa'l trio anime que siempre platicamos.

Ana te miró con esos ojos cafés que parecían prometer pecados, lamiéndose los labios pintados de rojo.

«¿Trio anime? Ay, wey, siempre con tus fantasías otaku cachondas»
, pensó ella, pero su cuerpo ya respondía con un cosquilleo entre las piernas. Marco soltó una carcajada ronca, palmeándote la espalda con fuerza juguetona.

Órale, pendejo, ¿vas en serio? —dijo él, su voz grave vibrando en tu pecho—. Ese trio anime que inventamos en la peda pasada... ¿lo hacemos realidad?

El corazón te latió como tambor en desfile, el calor subiendo por tu cuello. No era la primera vez que bromeaban con eso, inspirados en esos mangas prohibidos que veían a escondidas, pero esta noche, con el ambiente cargado de feromonas y el alcohol zumbando en sus venas, la tensión era palpable. Caminaron de vuelta a tu depa en Polanco, las calles iluminadas por faroles, el viento fresco rozando sus pieles expuestas, oliendo a tacos al pastor de la taquería cercana.

Al entrar, el aire acondicionado los recibió como un abrazo helado, contrastando con el bochorno de afuera. Tu depa era chulo: sofá de piel suave, pantalla grande con el anime pausado, velas aromáticas de vainilla encendidas que llenaban el cuarto con un olor dulce y pecaminoso. Se tiraron en el sofá, Ana en medio, sus muslos rozando los tuyos y los de Marco, el calor de sus cuerpos filtrándose a través de la tela delgada de los cosplays.

—Pongamos el trio anime —susurró Ana, su aliento cálido contra tu oreja, oliendo a chicle de fresa—. Pero esta vez... sin pausar.

El primer acto apenas empezaba. Tus manos temblaban un poco al servir los shots de tequila reposado, el líquido ámbar brillando en los vasos. Bebieron, el ardor bajando por gargantas secas, soltando risas nerviosas. Marco se acercó primero, su mano grande posándose en la rodilla de Ana, subiendo despacio, el roce de sus dedos callosos enviando chispas por su piel. Tú observabas, el pulso acelerado, neta que esto va a pasar, pensaste, mientras el bulto en tus pantalones crecía, presionando contra la tela ajustada.

Ana giró la cara hacia ti, sus labios carnosos entreabiertos, invitándote. La besaste primero, suave, probando el tequila en su lengua, dulce y picante. Ella gimió bajito, un sonido gutural que vibró en tu boca, mientras Marco besaba su cuello, lamiendo la sal de su piel sudada. El olor a su perfume mezclado con arousal natural llenaba el aire, espeso, embriagador.

Las manos exploraban ahora. Las tuyas se colaron bajo la falda de su cosplay, encontrando la humedad entre sus piernas, resbaladiza y caliente. Chingao, está empapada, pensaste, tus dedos deslizándose con facilidad, rozando su clítoris hinchado. Ana arqueó la espalda, sus uñas clavándose en tus hombros, dejando marcas rojas que ardían deliciosamente. Marco desabrochó tu traje, liberando tu verga tiesa, palpitante, el aire fresco chocando contra la piel sensible, haciendo que jadearas.

Métela, carnal —gruñó Marco, su propia polla dura presionando contra el muslo de Ana—. Hagamos ese trio anime de verdad.

La escalada era imparable. Ana se arrodilló entre ustedes, el suelo alfombrado suave bajo sus rodillas. Tomó tu verga en una mano, la de Marco en la otra, el contraste de sus pieles morenas contra las venas hinchadas. Lamio primero la tuya, la lengua plana y húmeda recorriendo la base hasta la punta, saboreando el precum salado. Tú cerraste los ojos, el placer como electricidad subiendo por tu columna, mientras escuchabas los jadeos de Marco, su mano enredada en el pelo de ella, guiándola sin fuerza, solo deseo puro.

«Esto es mejor que cualquier hentai, neta que sí»
, pensabas, el corazón tronando en tus oídos, el sudor perlando tu frente. Ana chupaba con hambre, alternando, sus labios hinchados estirándose alrededor de cada una, el sonido obsceno de succión llenando la habitación, mezclado con vuestros gemidos roncos. Marco te miró a los ojos, una conexión carnal, y te jaló para un beso torpe, lenguas chocando, probando el sabor de Ana en la boca del otro.

La llevaron al sofá, Ana de espaldas, las nalgas redondas alzadas como ofrenda. Tú entraste primero, lento, sintiendo cada centímetro de su coño apretado envolviéndote, caliente, resbaloso, como terciopelo vivo. Ella gritó placer, ¡Ay, cabrón!, empujando contra ti, el choque de pieles resonando como palmadas. Marco se posicionó frente a ella, su verga en su boca, follándole la garganta con ritmo sincronizado al tuyo.

El calor era infernal, sus cuerpos brillando de sudor, el olor almizclado de sexo impregnando todo. Cambiaron posiciones, Ana encima de ti ahora, cabalgándote con furia, sus tetas rebotando, pezones duros rozando tu pecho. Marco detrás, lubricando su culo con saliva y sus jugos, entrando despacio. Ella se tensó, un gemido largo, pero luego se relajó, ¡Sí, métanmela toda!, el dolor convirtiéndose en éxtasis puro. Sentías la delgadez de la pared interna, su polla rozando la tuya a través de su carne, una fricción loca que te volvía demente.

Los movimientos se aceleraron, jadeos convirtiéndose en gritos, el sofá crujiendo bajo el peso. Tus manos amasaban sus caderas, Marco pellizcaba sus pezones, ella clavaba uñas en tu pecho. El clímax se acercaba como tormenta, pulsos latiendo al unísono, oídos zumbando con sus voces: ¡Me vengo! ¡No pares, pendejos!. Primero Ana, convulsionando, su coño apretándote como vicio, chorros calientes empapando tus bolas. Tú seguiste, explotando dentro de ella, semen caliente llenándola, el placer cegador, visión borrosa. Marco último, gruñendo como animal, sacando para pintar su espalda de blanco espeso.

Colapsaron en un enredo sudoroso, pechos agitados, el aire pesado con el olor a semen, sudor y vainilla. Ana entre ustedes, besos suaves ahora, lenguas perezosas. Tus dedos trazaban patrones en su piel pegajosa, el corazón calmándose poco a poco.

El mejor trio anime ever —murmuró Marco, riendo bajito, su brazo sobre ambos.

Tú sonreíste, besando la sien de Ana, oliendo su pelo revuelto.

«Esto no fue fantasía, carnales. Esto fue real, y lo repetimos cuando gusten»
. La noche se cerraba en afterglow, cuerpos entrelazados, el anime olvidado en la pantalla, pero el recuerdo grabado en piel y alma. Mañana sería otro día, pero esta conexión, forjada en deseo mutuo, perduraría como el mejor capítulo de su historia compartida.

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