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Mi Aventura con el Trio Meme

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Mi Aventura con el Trio Meme

Estábamos en el depa de Lupe en la Condesa, con el sol de la tarde colándose por las cortinas blancas, pintando todo de un naranja chido. Yo, Ana, sentada en el sillón con las piernas cruzadas, checando el TikTok mientras Lupe preparaba unos micheladas en la cocina. Marco, su carnal, andaba recargado en la puerta, con esa sonrisa pícara que siempre me ponía nerviosa. Neta, los tres éramos cuates desde la uni, pero últimamente las pláticas se ponían más calientes, como si el aire se cargara de electricidad.

De repente, Lupe grita desde la cocina: "¡Wey, miren esto!" Sale con los vasos en la mano, el hielo tintineando, y se avienta al sillón conmigo. En su cel está un video viral, el pinche trio meme que estaba en todos lados. Era un clip de tres morros en una playa, bailando con leyendas como "Cuando el trio meme se hace real" y risas grabadas. La tipa en medio besaba al vato y luego a su amiga, todo en cámara lenta, con música de reggaetón pegajosa. El olor a limón y sal de las chelas se mezclaba con el perfume de Lupe, dulce como vainilla.

Nos reímos a carcajadas. "¡Imagínense nosotros haciendo eso!" dice Marco, sentándose entre nosotras, su muslo rozando el mío. Su piel tibia contra mi falda corta me erizó la piel. Lupe lo empuja juguetona: "Pendejo, tú nomás quieres". Pero sus ojos brillaban, y yo sentía un cosquilleo en el estómago.

¿Y si de veras? Neta, siempre he fantaseado con algo así, con ellos dos. Lupe tan curvilínea, Marco tan fuerte...

La tarde avanzó con más memes, más chelas. El sol se fue, dejando la sala en penumbras suaves, iluminada por las luces de neón de la calle. Hablábamos de todo: del trabajo chafa, de las fiestas locas, pero el trio meme seguía flotando. Marco ponía videos en la tele grande, uno tras otro, y cada vez las miradas se cruzaban más intensas. Lupe se recargó en mi hombro, su cabello negro rozándome el cuello, oliendo a shampoo de coco. "Ana, ¿tú harías un trio meme de verdad?" me pregunta bajito, su aliento cálido en mi oreja.

Mi corazón latió fuerte. "¿Por qué no? Si es con gente chida como ustedes..." Marco se acercó, su mano grande en mi rodilla. El toque fue eléctrico, como un chispazo. No nos movimos, solo nos miramos. El aire se sentía pesado, cargado de deseo. Lupe sonrió, maliciosa, y me besó en la mejilla, bajando despacio hacia mi boca. Sus labios suaves, sabor a sal y lima, me derritieron. Marco observaba, su respiración agitada.

Ahí empezó el verdadero juego. Lupe me jaló hacia ella, nuestras lenguas danzando lentas, explorando. Marco se unió, besando mi cuello, sus labios ásperos por la barba incipiente. Olía a colonia fresca, a hombre. Mis manos temblaban mientras desabrochaba su camisa, sintiendo los músculos duros debajo. "Esto es mejor que cualquier meme", murmuró Lupe, quitándome la blusa. Mi piel expuesta al aire fresco, pezones endureciéndose al instante.

Nos fuimos al cuarto, tropezando risueños, dejando un rastro de ropa. La cama king size de Lupe era un paraíso mullido, sábanas de algodón egipcio frías contra nuestra piel caliente. Marco nos veía desnudas, yo con mis curvas suaves, Lupe con su culazo perfecto. "Carajo, son increíbles", dijo, quitándose el pantalón. Su verga ya dura, gruesa, saltando libre. El olor a excitación llenaba el cuarto: almizcle, sudor ligero, esencia femenina.

Esto es real, no un pinche video. Siento sus ojos devorándome, y me encanta.

Lupe me empujó suave sobre la cama, besando mi vientre, bajando hasta mi panocha húmeda. Su lengua experta lamió mi clítoris, círculos lentos que me hicieron arquear la espalda. Gemí fuerte, el sonido rebotando en las paredes. Marco se arrodilló a mi lado, chupando mis tetas, mordisqueando suave. Sus manos everywhere: en mis muslos, en el pelo de Lupe. Yo agarré su verga, dura como acero, piel suave deslizándose bajo mi palma. La saboreé, salada, pulsante, mientras Lupe me llevaba al borde.

Cambié posiciones, queriendo darles placer. Me puse entre ellos, besando a Marco profundo mientras mi mano jugaba con la humedad de Lupe. Ella jadeaba: "¡Sí, así, mamacita!" Sus jugos dulces en mis dedos, resbalosos. Marco me penetró despacio desde atrás, llenándome por completo. El estiramiento delicioso, cada embestida rozando mi punto G. Lupe se sentó en mi cara, su concha abierta, olor intenso a deseo. La lamí ansiosa, lengua hundida, saboreando su esencia mientras Marco me chingaba más fuerte.

El ritmo subió. Sudor perlando nuestras pieles, cuerpos chocando con palmadas húmedas. Gemidos mezclados: mis ahogos, los "¡Ay, cabrón!" de Lupe, los gruñidos de Marco. El cuarto olía a sexo puro, a pieles calientes, a clímax acercándose. Lupe se corrió primero, temblando sobre mi boca, chorros calientes en mi lengua. "¡Me vengo, wey!" Yo la seguí, contrayéndome alrededor de Marco, olas de placer rompiéndome. Él se retiró, eyaculando en mi espalda, chorros calientes resbalando.

Nos derrumbamos, enredados, respiraciones jadeantes calmándose. Lupe me besó suave: "El mejor trio meme ever". Marco nos abrazó, su pecho ancho protector. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero adentro, todo era paz tibia.

Después, bajo la ducha caliente, jabón perfumado lavando el sudor, nos tocamos suaves, risueños. Agua cayendo como lluvia tropical, vapor empañando espejos. "¿Repetimos?" pregunté, juguetona. "Cuando quieras, carnala", dijo Marco. Lupe guiñó: "El trio meme es adictivo".

Neta, cambió todo. Ahora somos más que cuates. Y no me arrepiento ni madres.

Salimos envueltos en toallas, pidiendo tacos por app. La noche caía estrellada sobre la Condesa, y nosotros, saciados, planeando la próxima aventura. El trio meme no era solo un chiste viral; era nuestro secreto ardiente, grabado en piel y memorias.

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