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Películas Trio que Encienden la Piel

6710 palabras

Películas Trio que Encienden la Piel

La noche caía sobre el departamento en Polanco como un manto caliente y pegajoso, con ese aroma a jazmín del jardín de abajo mezclándose con el humo ligero de las velas que prendí para ambientar. Tú, sentada en el sofá de cuero negro, sientes el fresco del aire acondicionado rozando tus piernas desnudas bajo la falda corta de algodón. Marco, tu carnal desde hace dos años, está a tu lado, su mano grande y callosa descansando en tu muslo, subiendo y bajando despacio como si midiera el pulso de tu piel. Del otro lado, Luisa, esa morra que conociste en el gym, con su pelo negro suelto y esa blusa escotada que deja ver el valle perfecto entre sus chichis firmes, te mira con ojos que brillan como luces de neón en Reforma.

Neta, ¿por qué acepté esto? piensas, mientras das un trago a tu chela helada, el líquido burbujeante bajando por tu garganta con un cosquilleo fresco que contrasta con el calor que ya empieza a subirte por el pecho. Todo empezó inocente: una carnita asada improvisada, risas sobre el pinche tráfico y anécdotas del trabajo. Pero Marco, ese pendejo travieso con su sonrisa de diablo, sacó el tema de las películas trio. "Wey, las vi en un sitio y son la neta, ¿las checamos?" dijo, y Luisa soltó una carcajada ronca que te erizó la nuca.

Ahora, la pantalla del tele grande ilumina la sala con tonos rojos y azules parpadeantes. La primera película arranca: una pareja como ustedes, con una tercera que entra despacio, sus cuerpos moviéndose en una danza lenta, piel contra piel, gemidos suaves que llenan el aire como un susurro prohibido. Sientes el olor a sudor limpio de Marco, mezclado con su colonia de madera y cítricos, y el perfume dulce de Luisa, como vainilla quemada, invadiendo tus fosas nasales. Tu corazón late fuerte, un tambor en el pecho, y bajas la mirada a tus pezones que se marcan duros contra la tela fina de tu top.

¿Y si esto pasa de verdad? ¿Quiero que pase? Joder, sí, la mera verga.

La película avanza. En la pantalla, la morra del medio lame el cuello del vato mientras el otro le chupa las nalgas, y el sonido húmedo de lenguas y pieles chocando te hace apretar los muslos. Marco se mueve inquieto, su verga ya semi-dura presionando contra tus caderas. "Está chida, ¿no?" murmura Luisa, su voz grave y juguetona, rozando tu brazo con los dedos. Su tacto es eléctrico, suave como seda caliente, y tú asientes, la boca seca, el sabor amargo de la chela aún en la lengua.

El segundo acto de la noche comienza sin que nadie lo diga. Marco pausa la peli, el cuarto queda en penumbras salvo por la luz de la luna filtrándose por las cortinas. "Vamos a ver si podemos mejorar esto", dice él, y te besa el cuello, su barba raspando delicioso contra tu piel sensible. Luisa se acerca, su aliento cálido en tu oreja: "Déjame probarte, preciosa". Sus labios rozan los tuyos primero, suaves, tentativos, con sabor a menta y deseo. Tú respondes, la lengua explorando su boca húmeda, mientras las manos de Marco suben por tu falda, encontrando tus calzones empapados.

Qué rico, piensas, el cuerpo ardiendo como si hubieras prendido fuego en tus venas. Luisa gime bajito cuando le quitas la blusa, sus chichis perfectas saltando libres, pezones oscuros y duros como chocolate pet. Los chupas, el sabor salado de su piel explotando en tu boca, mientras Marco te baja la falda y mete los dedos en ti, curvándolos justo donde duele de placer. "Estás chorreando, mi amor", gruñe él, y el sonido de tus jugos al moverse sus dedos te hace jadear.

Se van al piso, sobre la alfombra gruesa que huele a limpio y a sexo inminente. Luisa se pone de rodillas, su culo redondo alzado como ofrenda, y Marco se la come con hambre, la lengua hundiéndose en ella mientras tú ves, tocándote el clítoris hinchado. El cuarto se llena de sonidos: lamidas chuposas, gemidos ahogados, el slap slap de carne contra carne cuando Marco se endereza y la penetra despacio. "¡Ay, cabrón, qué grande!", grita ella, y tú sientes celos dulces mezclados con excitación pura.

Te unes, montándote en la cara de Luisa. Su lengua es un torbellino, lamiendo tu raja abierta, chupando tu clítoris con succiones que te hacen ver estrellas. El olor a coños calientes y vergas sudadas impregna todo, un perfume embriagador que te marea de lujuria. Marco te agarra las nalgas, abriéndote más, y de pronto sientes su lengua uniéndose a la de ella, lamiéndote el culo mientras Luisa te devora. Esto es mejor que cualquier película, piensas, las caderas moviéndose solas, el sudor goteando por tu espalda.

La tensión sube como una ola imparable. Cambian posiciones: tú de perrito, Marco embistiéndote profundo, su pija gruesa estirándote hasta el fondo, cada estocada un golpe sordo que reverbera en tus entrañas. Luisa debajo, lamiendo donde se unen, su lengua rozando tu clítoris y las bolas de él. "¡Más, wey, rómpeme!", le ruegas, y él obedece, clavándote como un animal, el sonido de pieles chocando como aplausos obscenos. Luisa se masturba viéndolos, sus dedos brillando de humedad, y luego te besa, compartiendo el sabor de tu propia excitación.

El clímax se acerca. Sientes el orgasmo construyéndose en tu vientre, un nudo apretado que explota en oleadas. "¡Me vengo, pinche madre!", gritas, el cuerpo convulsionando, jugos chorreando por tus muslos mientras Marco sigue bombeando. Él se sale, y Luisa lo recibe en su boca, mamándolo con avidez, las mejillas hundidas, hasta que él ruge y se corre, chorros blancos salpicando su lengua y tus tetas. Ella traga lo que puede, el resto goteando por su barbilla, y tú la limpias con besos salados.

Caen los tres en un enredo de miembros sudorosos, el aire pesado con el olor a semen, sudor y piel satisfecha. Tus pulsos laten desbocados, el pecho subiendo y bajando, mientras acaricias el pelo húmedo de Luisa y sientes la mano de Marco en tu cintura. La pantalla sigue congelada en esa película trio, pero nadie la mira ya. "Neta, eso fue la mera verga", murmura Marco, riendo bajito, y Luisa asiente, su cabeza en tu hombro.

¿Volveremos a ver esas películas? Claro que sí. Pero nada supera la realidad.

La noche se estira en afterglow, con besos perezosos y caricias que no piden más. Afuera, la ciudad ronronea indiferente, pero adentro, en este nido de sábanas revueltas y cuerpos enlazados, has descubierto un fuego nuevo. Uno que quema dulce, que une en lugar de dividir. Y mientras el sueño te arrastra, con el sabor de ellos aún en tus labios, sabes que esto apenas empieza.

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