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Tríos Swingueros Videos que Prenden el Fuego

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Tríos Swingueros Videos que Prenden el Fuego

Estábamos en el depa de Polanco, con el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a café recién hecho flotando en el aire. Mi carnal, Javier, y yo llevábamos un rato casados, pero la rutina nos estaba comiendo vivos. Esa noche, después de unas chelas frías, él sacó la laptop y dijo: "Órale, mi amor, mira esto que encontré". Eran trios swinger videos, de esos que te hacen sudar nomás de verlos. La pantalla mostraba a una pareja como nosotros, con una morra extra, todos enredados en una cama king size, gemidos suaves al principio, como susurros que te erizan la piel.

Me senté en sus piernas, sintiendo su verga ya dura contra mi culo a través del short.

¿Y si lo intentamos de verdad? Neta, el corazón me latía como tamborazo en fiesta
, pensé mientras el video avanzaba. Javier me besó el cuello, su aliento caliente oliendo a tequila reposado. "¿Te late, reina? ¿Quieres que busquemos a alguien para un trío swinguer", murmuró, y sus manos ya me amasaban las tetas por encima de la blusa. El sonido de piel contra piel en el video, chapoteos húmedos, me mojó entre las piernas. Olía a su perfume mezclado con mi arousal, ese musc dulce que sale cuando estás prendida.

Al día siguiente, en el gym de la colonia, platicamos con Ana, una chava que conocíamos de las fiestas swinger light que organizaban en Reforma. Era guapísima, con curvas que te hacen envidiar, pelo negro largo y una sonrisa pícara. "¿Qué onda, wey? ¿Se animan a ver unos trios swinger videos y de paso... practicar?", le soltó Javier por WhatsApp. Ella contestó rápido: "Pinche sí, carnales. Esta noche en su depa". Mi pulso se aceleró todo el día, imaginando sus labios en mi clítoris, el sabor salado de su piel, el calor de tres cuerpos entrelazados.

Llegó Ana con un vestido rojo ceñido que marcaba todo, tacones que resonaban en el piso de madera. Trajo una botella de mezcal y unos playlists de cumbia sensual. Nos sentamos en el sofá, luces bajas, velas de vainilla quemándose y esparciendo su aroma dulce. Pusimos un trío swinger video en la tele grande, para romper el hielo. En la pantalla, la morra gemía "más, cabrón" mientras el vato la penetraba y la otra chava le chupaba las tetas. Javier me jaló a su regazo, su mano metiéndose por mi falda, dedos rozando mi tanga empapada. Ana se acercó, su perfume floral invadiendo el espacio, y me besó suave, labios carnosos probando mi gloss de cereza.

Esto es real, no un pinche video. Siento su lengua danzando con la mía, suave como terciopelo, y Javier viéndonos con ojos de lobo hambriento
. El beso se profundizó, su lengua explorando mi boca, saboreando el mezcal que nos habíamos echado. Javier nos abrazó por detrás, besando mi hombro, luego el de ella. Sus manos grandes bajaron mis tirantes, exponiendo mis pezones duros como piedras. Ana los lamió, un ronroneo saliendo de su garganta, vibrando contra mi piel. "Qué ricas tetas, mi amor", dijo con voz ronca, y yo arqueé la espalda, el placer subiendo como corriente eléctrica.

Nos movimos a la recámara, el colchón king crujiendo bajo nuestro peso. El aire estaba cargado de olor a sexo incipiente, sudor fresco y lubricante que Ana sacó de su bolso. Javier se quitó la playera, mostrando su pecho tatuado, músculos tensos. Yo me arrodillé, jalándole el pantalón, su verga saltando libre, gruesa y venosa, oliendo a hombre puro. La chupé despacio, lengua rodeando la cabeza, salado y caliente en mi boca, mientras Ana me comía el coño desde atrás. Su lengua era mágica, lamiendo mis labios hinchados, succionando el clítoris con labios suaves. "¡Ay, wey, qué chido!", grité, el sonido ahogado por la polla de Javier empujando más adentro.

El ritmo subió. Javier me puso en cuatro, embistiéndome fuerte, sus bolas golpeando mi culo con plaf plaf rítmicos. Ana se acostó debajo de mí, tetas rozando las mías, besándonos mientras yo le metía dos dedos en su panocha chorreante. Olía a su jugo dulce, como miel caliente, y ella se retorcía, uñas clavándose en mis caderas.

Esto es puro fuego, carnal. Siento su coño apretándome los dedos, palpitando, y Javier clavándome hasta el fondo, estirándome delicioso
. Gemíamos en coro, sudor perlando nuestras pieles, resbaloso y salado al lamerlo.

Cambiaron posiciones como en esos trios swinger videos que nos inspiraron. Ana montó a Javier, su culo rebotando arriba y abajo, "¡Sí, pendejo, así!", gritaba ella, mientras yo me sentaba en su cara. Su lengua entraba y salía de mi ano, luego bajaba al clítoris, sorbiendo mis jugos. Javier la pellizcaba las nalgas, rojo marcado quedando en su piel morena. Yo me incliné para besar a Javier, probando el sabor de Ana en su boca, mientras mis tetas se mecían al ritmo de sus embestidas.

La tensión crecía, como ola subiendo. Javier gruñó primero, "Me vengo, putas", y Ana aceleró, su coño tragándoselo todo. Ella explotó después, cuerpo temblando, chorro caliente salpicando las sábanas. Yo fui la última, el orgasmo partiéndome en dos, visión borrosa, grito gutural saliendo de lo profundo. "¡No mames, qué rico!". Nos derrumbamos en un enredo de piernas y brazos, pechos agitados, respiraciones entrecortadas.

Después, en la calma, Javier nos trajo agua fría, gotas condensándose en los vasos. Ana se acurrucó contra mí, su piel aún tibia, oliendo a sexo satisfecho. "Neta, eso fue épico. Como los mejores trios swinger videos, pero mejor", dijo riendo bajito. Yo asentí, acariciando su pelo, sintiendo el pulso de Javier contra mi espalda.

Esto nos cambió, wey. Ya no hay rutina, solo deseo infinito
.

Nos despedimos al amanecer, con promesas de más noches así. Javier y yo nos miramos en la cocina, café humeando, sonrisas cómplices. El sol entraba por las cortinas, dorando todo, y supe que habíamos encendido un fuego que no se apaga fácil.

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