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Videos Gay Trios que Prenden Fuego

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Videos Gay Trios que Prenden Fuego

Era una noche calurosa en el depa de Marco, aquí en la Condesa, con el aire cargado de ese olor a jazmín que sube de la calle y se mete por las ventanas abiertas. Yo, Alejandro, había llegado con unas chelas frías en la mano, listo pa'l desmadre. Marco, mi carnal de toda la vida, güey alto y moreno con esa sonrisa pícara que te hace sudar, me abrió la puerta en bóxers, sudado y con el pecho marcado brillando bajo la luz tenue del foco.

Chingado, qué rico se ve este pendejo, pensé mientras le daba un abrazo que duró un segundo de más, sintiendo su piel caliente contra la mía. Ahí estaba también Luis, el tercero del trío, sentado en el sofá con las piernas abiertas, jugando con su teléfono. Luis es el flaco atlético, con tatuajes en los brazos y una mirada que te desnuda sin decir ni madres.

—Órale, carnales, ¿qué pedo? —dijo Luis con esa voz ronca que me eriza la piel—. Traje algo chido: videos gay trios que encontré en la red. Pa' que nos pongamos calientes.

Me senté entre ellos, el sofá hundiéndose bajo nuestro peso, y el calor de sus cuerpos ya me tenía la verga semi dura. Marco prendió la tele grande, conectó el laptop, y empezaron a rodar los videos. Tres vatos guapos en pantalla, tocándose, lamiéndose, con gemidos que retumbaban en el cuarto. El sonido de piel contra piel, el slap slap de las nalgas, el chupeteo húmedo... olía a sudor fresco y a esa excitación que se te mete en la nariz como humo.

Yo no podía quitar los ojos.

«Puta madre, mira cómo se la mete el de en medio»
, murmuró Marco, su mano rozando mi muslo accidentalmente. O no tan accidental. Sentí su calor subiendo por mi pierna, y mi pulso se aceleró como tambor en fiesta de pueblo.

Los videos gay trios nos tenían hipnotizados. En uno, un moreno como Marco chupaba dos vergas a la vez, saliva goteando, ojos cerrados en puro gozo. Luis se acomodó más cerca, su brazo alrededor de mis hombros, y juro que olía a su colonia mezclada con ese aroma masculino que sale cuando te pones cachondo.

—¿Y si lo hacemos en vivo, cabrones? —propuso Luis, su aliento caliente en mi oreja.

El corazón me latía en la garganta. Esto es lo que siempre quise, pero nunca lo dije. Asentí, y Marco pausó el video, la pantalla congelada en un trío sudado y extasiado.

La cosa escaló rápido pero con ese ritmo que te hace saborear cada segundo. Marco se paró primero, quitándose los bóxers con un movimiento lento, su verga saltando libre, gruesa y venosa, apuntando al techo. Chingao, qué pedazo de pito, pensé, la boca haciéndose agua. Luis y yo lo seguimos, quedamos en pelotas los tres, el aire fresco del ventilador lamiendo nuestra piel erizada.

Nos acercamos en el sofá, piernas entrelazadas. Manos explorando: la mía en el pecho de Luis, sintiendo sus pezones duros como piedras bajo mis dedos; la de Marco bajando por mi espalda hasta mi culo, apretando con fuerza juguetona. —Qué nalgas tan ricas, Ale —gruñó él, y me dio una nalgada que sonó como trueno chiquito, el ardor extendiéndose como fuego lento.

Nos besamos primero Marco y yo, lenguas chocando húmedas, sabor a chela y a hombre. Luis nos miraba, pajeadándose despacio, su verga brillando con precum que olía salado y dulce. Luego él se unió, un beso de tres bocas torpes al principio, pero pronto fluido, lenguas danzando, saliva compartida goteando por barbillas.

El cuarto se llenó de jadeos, de ese olor espeso a sexo que te pega en la cara. Bajamos al piso, alfombra suave bajo rodillas. Yo en medio, como en los videos gay trios que acabábamos de ver. Marco delante, su verga en mi boca, dura y pulsante, saboreándola entera: salada en la punta, suave la piel, venas latiendo contra mi lengua. La chupaba profundo, garganta relajada, mientras Luis detrás lamía mi culo, su lengua caliente y húmeda abriendo mi hoyo, metiéndose adentro con vueltas que me hacían gemir alrededor de la verga de Marco.

«Así, carnal, trágatela toda»
, animaba Marco, sus caderas empujando suave. Luis metió un dedo, luego dos, lubricados con saliva, estirándome con maestría. El placer subía en oleadas, mi verga goteando sin tocarla, bolas apretadas.

Cambiando posiciones como en esos videos, ahora Luis se recostó, yo cabalgándolo. Su verga entró en mí despacio, gruesa abriéndome, el estirón ardiente pero chingón, llenándome hasta el fondo. Marco se paró frente a mí, y yo le mamé mientras subía y bajaba, el ritmo marcando slap slap de mi culo contra las caderas de Luis. Sudor chorreando, pieles resbalosas pegándose y despegándose, gemidos mezclados en un coro sucio.

—¡Ponte más rápido, güey! —gritaba Luis, sus manos en mis caderas guiándome. Olía a nosotros tres, a precum, sudor, y ese musk profundo de culos abiertos. Mi próstata explotaba con cada embestida, placer eléctrico subiendo por la columna.

El clímax llegó como tormenta en el desierto. Cambiamos: Marco me puso en cuatro, su verga enorme entrando de un tirón consentido, follándome duro mientras yo chupaba a Luis con furia. No aguanto más, me voy a correr, pensé, el mundo reduciéndose a sensaciones: el thrust profundo de Marco golpeando mi punto, la verga de Luis palpitando en mi boca, mis bolas listas pa' explotar.

—¡Me vengo, cabrones! —rugió Marco primero, su semen caliente llenándome el culo, chorros calientes que se sentían como lava dulce. Eso me empujó: mi verga escupió sin manos, semen salpicando la alfombra en arcos blancos, placer cegador sacudiéndome entero. Luis último, eyaculando en mi boca, sabor espeso y salado que tragué ansioso, lamiendo cada gota.

Colapsamos en un montón jadeante, cuerpos entrelazados, pieles pegajosas de sudor y fluidos. El cuarto olía a sexo puro, a satisfacción. Marco me besó la frente, Luis acarició mi pelo. Esto fue mejor que cualquier video gay trios, reflexioné, el corazón calmándose, un glow cálido extendiéndose.

Nos quedamos así un rato, riendo bajito, chelas tibias en mano. —La próxima, grabamos el nuestro —bromeó Luis. Asentí, sabiendo que esto unía más que cualquier porno. La noche terminó con abrazos, promesas de más, y ese sabor lingering en la boca que te hace querer repetir.

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