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El Trio Inolvidable con Mi Pareja

6297 palabras

El Trio Inolvidable con Mi Pareja

Era una noche calurosa en la Condesa, de esas que te pegan el vestido al cuerpo con el sudor y te hacen soñar con una cerveza helada. Mi pareja, Alex, y yo llevábamos meses coqueteando con la idea de un trío con mi pareja, pero siempre se quedaba en fantasías susurradas en la cama, mientras sus manos recorrían mi piel. Él, con esa sonrisa pícara que me derrite, moreno, musculoso de tanto gym, y yo, Karla, curvas que él adora y un fuego interno que no se apaga. Esa noche, en el bar La Noche, todo cambió.

Estábamos sentados en la terraza, el aire cargado de humo de cigarros y risas ajenas, cuando la vi. Se llamaba Sofía, una morra alta, con pelo negro largo hasta la cintura y ojos que prometían pecados. Bailaba sola cerca de la barra, su falda ajustada marcando caderas que hipnotizaban. Alex me apretó la mano bajo la mesa, su pulgar rozando mi palma en círculos lentos.

¿Y si esta noche lo hacemos realidad? ¿Un trío con mi pareja y ella? Neta, mi corazón late como tambor.

Le guiñé el ojo y me levanté, caminando hacia ella con el corazón en la garganta. "Órale, qué chida bailas, ¿no te animas con nosotros?", le dije, señalando a Alex que nos observaba con esa mirada lobuna. Sofía sonrió, sus labios rojos brillando bajo las luces neón. "¡Claro, carnales! ¿Qué traen en mente?".

La plática fluyó como tequila reposado: risas, roces casuales, miradas que decían más que palabras. Olía a su perfume dulce, vainilla mezclada con algo salvaje. Alex se acercó, su aliento cálido en mi oreja: "Esto va a estar de huevos, mi amor". Terminamos en mi depa en Polanco, el skyline de la ciudad titilando por la ventana como testigo mudo.

Entramos riendo, el piso de madera crujiendo bajo nuestros pies. Puse música, un reggaetón suave que hacía vibrar el aire. Sofía se quitó los zapatos, sus pies descalzos pisando la alfombra persa. Alex me jaló hacia él, besándome con hambre, su lengua saboreando la sal de mi boca, mezclado con el limón de la chela. Sentí su erección presionando contra mi vientre, dura como piedra.

"Desnúdate para mí, Karla", murmuró, y obedecí, dejando caer el vestido. Mis tetas quedaron al aire, pezones endurecidos por el fresco del aire acondicionado. Sofía jadeó, acercándose. Sus manos, suaves como seda, tocaron mis hombros, bajando hasta mis pechos. "Qué ricas estás, pinche mamacita", dijo con voz ronca, su acento chilango puro.

El calor entre nosotras creció. La besé primero, probando sus labios carnosos, su lengua danzando con la mía, dulce como miel. Alex nos miraba, desabrochándose la camisa, su pecho tatuado reluciendo de sudor. "Esto es lo que soñábamos, un trío con mi pareja", pensé, mientras Sofía lamía mi cuello, su aliento caliente enviando escalofríos por mi espina.

Nos movimos al sillón, piel contra piel. Alex se unió, sus manos grandes amasando mis nalgas, mientras Sofía chupaba mi pezón derecho, tirando suavemente con los dientes. Gemí, el sonido ahogado en la boca de Alex. Olía a sexo ya, ese aroma almizclado que inunda el cuarto, mezclado con el jabón de su piel. Bajé la mano a su pantalón, liberando su verga gruesa, venosa, palpitante. La apreté, sintiendo el pulso acelerado bajo mis dedos.

Sofía se arrodilló, su boca uniéndose a la mía en su polla. Lamimos juntas, lenguas entrelazadas alrededor del glande, saboreando el precum salado. Alex gruñó, "Chingao, qué rico", sus caderas moviéndose. La miré a ella, nuestros ojos conectados en complicidad, y sentí un rush de poder, de deseo puro.

Esto es empoderador, neta. Mi pareja y yo compartiendo esto, sin celos, solo placer.

La llevé a la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra mi espalda ardiente. Alex se posicionó detrás de mí, su verga rozando mi entrada húmeda. "Estás chorreando, mi reina", dijo, empujando despacio. Entró centímetro a centímetro, llenándome, estirándome deliciosamente. Grité, el placer punzante como un rayo.

Sofía se montó en mi cara, su coño depilado rozando mis labios. Olía a excitación, jugos dulces que lamí con avidez. Su clítoris hinchado bajo mi lengua, palpitando. Ella se mecía, gimiendo "¡Sí, así, pinche diosa!", sus jugos empapándome la barbilla. Alex embestía más fuerte, sus bolas golpeando mi culo, el sonido carnoso resonando.

Cambié posiciones, el sudor pegándonos como pegamento. Ahora Sofía debajo de Alex, él follándola con fuerza, sus tetas rebotando. Yo la besaba, mordiendo su labio inferior, mientras metía dos dedos en su ano apretado. Ella se convulsionó, "¡Me vengo, cabrones!", su cuerpo temblando, chorro caliente salpicando las sábanas.

Mi turno. Me puse a cuatro patas, Alex entrando por detrás, profundo, tocando mi punto G. Sofía debajo, lamiendo mi clítoris y sus bolas. El placer era abrumador: su lengua rápida, su verga gruesa, mis paredes contrayéndose. "No aguanto", jadeé, el orgasmo building como ola gigante.

El clímax llegó en cadena. Alex se corrió primero, llenándome de semen caliente, gruñendo mi nombre. Eso me empujó al borde: exploté, visión borrosa, cuerpo convulsionando, grito gutural escapando. Sofía se unió, frotándose contra mi muslo, su segundo orgasmo dejando mi piel brillante.

Colapsamos en un enredo de miembros, respiraciones agitadas, pieles pegajosas. El cuarto olía a sexo crudo, semen, sudor, perfume. Alex me besó la frente, "Te amo, mi vida. Esto fue épico". Sofía sonrió, acurrucándose. "Gracias por el mejor trío con mi pareja que he tenido", le dije en voz baja, riendo bajito.

Nos duchamos juntos después, agua caliente lavando el sudor, manos explorando perezosamente. Sofía se fue al amanecer, besos de despedida y promesas vagas. Alex y yo nos quedamos en la cama, el sol filtrándose por las cortinas, cuerpos entrelazados.

Esto nos unió más. Un trío con mi pareja no rompió nada; lo fortaleció. Quiero más noches así.

Ahora, cada vez que miro esa terraza en La Condesa, recuerdo el pulso acelerado, los gemidos, el sabor de Sofía en mi lengua. Fue inolvidable, puro fuego mexicano.

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