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El Try Sensual En Tercera Persona En Ingles

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El Try Sensual En Tercera Persona En Ingles

Ana se recargó en la silla de su escritorio, el ventilador zumbando perezosamente sobre su cabeza mientras el sol de la tarde se colaba por las cortinas del depa en la Condesa. El aroma del café recién molido flotaba en el aire, mezclado con el dulzor de las gardenias que Luis le había traído esa mañana del tianguis. Era bloguera de historias eróticas, de esas que ponían a la gente a sudar frente a la pantalla, pero últimamente sentía que necesitaba algo fresco. Neta, wey, pensó, hay que expandir el público gringo. Abrió su laptop y tecleó: "Voy a try en tercera persona en ingles para esta nueva historia. Algo que suene natural, pero con ese toque mexicano que me sale tan chido".

Luis entró por la puerta, fresco de la regadera, con una toalla alrededor de la cintura que dejaba ver los músculos de su pecho moreno, curtido por las canchas de fut en el parque. Traía el pelo húmedo, goteando, y un olor a jabón de sándalo que hizo que Ana sintiera un cosquilleo entre las piernas. "¿Qué onda, mi amor? ¿Otra vez escribiendo tus cuentos calientes?", dijo él con esa sonrisa pícara, acercándose por detrás y besándole el cuello. Su aliento cálido le erizó la piel, y ella giró la cabeza, rozando sus labios con los de él en un beso rápido, juguetón.

"Sí, carnal, pero esta vez es diferente. Quiero try en tercera persona en ingles, pa' ver si los güeros se enganchan. Algo sobre una pareja que se come viva en un depa como el nuestro". Luis soltó una carcajada ronca, sus manos grandes bajando por los hombros de ella, masajeando con firmeza. "Órale, pues inspírame, pendejo. Siéntate aquí y hagamos que valga la pena". El corazón de Ana latió más fuerte; esa tensión inicial, ese deseo que siempre bullía entre ellos como el pozole en olla a presión, empezaba a encenderse.

Él la miró con ojos hambrientos, sus dedos trazando la curva de su clavícula. "Ana felt the heat rising", murmuró Luis en un inglés chafa, imitando su idea.

Ella rio, pero el sonido se convirtió en un gemido cuando él le mordisqueó la oreja. Se levantó, empujándolo hacia el sofá de piel color crema, donde el sol pintaba rayas doradas. Sus cuerpos chocaron con un plaf suave, piel contra piel. Ana llevaba solo una playera holgada y panties de encaje negro, y él ya había perdido la toalla. La verga de Luis se erguía dura, palpitante, rozando el muslo de ella. Olía a hombre, a sudor limpio y excitación, ese olor almizclado que la volvía loca.

En el medio del relajo, Ana decidió probar su teoría. "Ana tried to narrate in third person, pero neta, se siente raro", susurró contra su boca mientras sus lenguas se enredaban en un beso profundo, saboreando el mentol de su pasta dental. Luis gruñó, sus manos expertas subiendo por sus muslos, abriéndole las piernas con gentileza. "Pues ni pedos, mi reina, hagámoslo real. Tú guías". Ella sintió el pulso acelerado en su cuello, el roce áspero de su barba incipiente contra su pecho cuando él levantó la playera, exponiendo sus pechos llenos, los pezones ya duros como piedras de obsidiana.

La habitación se llenaba de sonidos: el zumbido del tráfico lejano en Avenida Ámsterdam, el jadeo entrecortado de ellos, el chup chup cuando Luis lamió un pezón, succionándolo con hambre. Ana arqueó la espalda, sus uñas clavándose en sus hombros anchos. Qué chido se siente esto, pensó, el calor de su boca, el tirón que me llega hasta la panocha. Él bajó más, besando su vientre suave, inhalando el aroma salado de su piel. "Estás mojada ya, ¿verdad?", murmuró, sus dedos deslizándose bajo los panties, encontrando su clítoris hinchado, resbaloso de jugos.

"Sí, wey, try en tercera persona en ingles no me distrae de ti", jadeó ella, empujando sus caderas contra su mano. Luis sonrió malicioso, quitándole los panties de un tirón juguetón. El aire fresco rozó su sexo expuesto, haciendo que se estremeciera. Él se arrodilló entre sus piernas, abriéndolas más, y hundió la cara allí. Su lengua caliente, plana, lamió desde la entrada hasta el botón, saboreando su dulzor ácido, como tamarindo maduro. Ana gritó un "¡Ay, cabrón!" placentero, sus manos enredándose en su pelo, guiándolo. El sonido era obsceno: lamidas húmedas, succiones, sus gemidos ahogados contra su carne.

Pero la tensión subía, no bastaba. Ana lo jaló arriba, volteándose para quedar a cuatro patas en el sofá, el cuero pegándose a sus rodillas. "Cógeme ya, Luis. Hazme tuya". Él no se hizo rogar; se posicionó detrás, la punta de su verga gruesa frotando su entrada húmeda, untándose de ella. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. Ana sintió cada vena, cada pulso, el calor abrasador llenándola. "¡Qué grande estás, pendejo!", exclamó, empujando hacia atrás para tomarlo todo. Él agarró sus caderas, embistiendo con ritmo creciente, piel contra piel en plaf plaf plaf rítmico.

Luis thought: "This is better than any story. Her pussy grips me like a vice, hot and wet."

El sudor les corría por la espalda, goteando, mezclándose con el olor a sexo puro, ese almizcle animal que impregnaba el aire. Ana giró la cabeza, viéndolo en el espejo del pasillo: su cara de placer, músculos tensos, ella con el pelo revuelto, pechos balanceándose. Cambiaron posición; ella encima, cabalgándolo como reina, sus nalgas rebotando contra sus muslos. Sus manos en los pechos de él, pellizcando pezones, mientras él lamía sus dedos salados. La intensidad psicológica crecía: Esto es nuestro, solo nuestro, sin palabras gringas que lo arruinen, pensó ella, acelerando, sintiendo el orgasmo acercarse como ola en Acapulco.

"Me vengo, Luis... ¡me vengo fuerte!", gritó Ana, su cuerpo convulsionando, paredes internas apretándolo en espasmos. El placer la cegó, estrellas detrás de los párpados, un grito ronco saliendo de su garganta. Él la siguió segundos después, gruñendo como toro, llenándola con chorros calientes, su verga latiendo dentro. Colapsaron juntos, jadeantes, pieles pegajosas, corazones tronando al unísono. El silencio post-sexo era bendito, roto solo por sus risas suaves y el beso tierno en la frente.

Más tarde, recostados en la cama con sábanas revueltas, Ana tomó la laptop de nuevo. El aroma a sexo persistía, recordándoles. "Bueno, mi amor, el try en tercera persona en ingles no funcionó pa' la historia. Pero neta, contigo es mejor en primera persona, sintiendo todo". Luis la abrazó, su mano acariciando su nalga. "Siempre, mi vida. Tú y yo, sin traducciones". El sol se ponía, tiñendo la habitación de naranja, y ellos se durmieron entrelazados, satisfechos, con la promesa de más noches así, puras y mexicanas hasta el hueso.

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