Nhentai Try Caliente con Mi Morra
Estaba solo en mi depa en la Condesa, con el pinche calor de la noche mexicana pegándome en la cara como un beso ardiente. La tele apagada, la chela fría en la mano, y yo scrolleando en nhentai como pendejo adicto. Encontré un doujin que me dejó con la verga parada al instante: una morra con curvas de infarto, tetas rebotando, y un tipo recreando una escena loca de tentáculos pero en plan real, con manos y lengua. Nhentai try, pensé, ¿y si lo intento con Sofia? Mi chava, esa culona regia que me tiene loco desde que la conocí en una peda en Polanco. Es bien abierta, le encanta lo juguetón, y siempre dice "órale, güey, lo que sea por el desmadre".
Le mandé un whatsapp: "Ven pa'cá, tengo un nhentai try que te va a volar la cabeza". Respondió con un emoji de diablita y "Ya voy, carnal, prepárate". Sentí el pulso acelerado, el corazón latiéndome como tamborazo en una fiesta de pueblo. El aire olía a mi colonia barata mezclada con el humo de la ciudad entrando por la ventana. Me puse una playera suelta y shorts, la verga ya medio tiesa imaginándola.
Media hora después, toqué la puerta y ahí estaba ella, con un vestido negro pegado al cuerpo como segunda piel, el escote dejando ver el valle de sus chichis perfectas. Olía a vainilla y a algo más, a deseo fresco. "¡Ey, cabrón!", me abrazó fuerte, sus tetas aplastándose contra mi pecho, su aliento caliente en mi cuello. La jalé adentro, cerré la puerta y la besé como si no hubiera mañana, lengua adentro, saboreando su gloss de fresa.
Pinche Sofia, siempre tan rica, pensó. Esta noche va a ser épica con ese nhentai try que mencionó.
La llevé a la recámara, luces bajas, velas que compré en el tianguis de Coyoacán encendidas, parpadeando como estrellas coquetas. Le conté del doujin mientras le quitaba el vestido despacio, mis dedos rozando su piel suave, morena como chocolate derretido. "Es una escena donde la morra se deja llevar por toques everywhere, como tentáculos invisibles. Vamos a hacer nuestro nhentai try, ¿sale?". Ella rió, ojos brillando. "Chido, amor, hazme lo que quieras, pero con ganas". Se quedó en brasier y tanga, su culo redondo pidiéndome a gritos que lo toque.
Empecé suave, como en el doujin. La acosté en la cama, sábanas frescas oliendo a suavizante de lavanda. Mis manos por su cuerpo, del cuello bajando por los brazos, rozando los costados de sus tetas, hasta las piernas. Ella gemía bajito, "mmm, sí, así", su piel erizándose bajo mis palmas. El sonido de su respiración agitada llenaba la habitación, mezclada con el zumbido lejano de los coches en Insurgentes. Le quité el brasier, chupé sus pezones duros como caramelos, saboreando el salado de su sudor fresco. Ella arqueó la espalda, clavándome las uñas en los hombros.
La tensión crecía, carnal. Mi verga palpitaba dentro del short, rozando su muslo. Bajé la boca por su panza, lamiendo el ombligo, inhalando su aroma almizclado de excitación. Le arranqué la tanga, y ahí estaba su panocha depilada, ya mojada, labios hinchados brillando. Qué chingonería, pensé, mientras metía un dedo despacio, sintiendo su calor apretado. Ella jadeó, "¡Ay, wey, más!". Aceleré, dos dedos ahora, curvándolos como en el nhentai, tocando ese punto que la hace temblar. El sonido chido de su juguito, chapoteando, me volvía loco.
Pero no quería soltarla tan rápido. Incorporé el nhentai try full: saqué un aceite de masaje que tenía guardado, de coco con un toque picante, oliendo a playa en Cancún. Se lo eché por todo el cuerpo, resbaloso, mis manos deslizándose por sus tetas, pellizcando pezones, bajando al culo, metiendo un dedo juguetón en su ano mientras chupaba su clítoris. Ella gritaba, "¡Pendejo, me vas a matar de gusto!", caderas moviéndose como en un perreo intenso. Yo sudaba, el calor de nuestros cuerpos mezclándose, piel contra piel pegajosa y deliciosa.
Esto es mejor que cualquier nhentai, cabrón. Su sabor en mi lengua, salado y dulce, me tiene poseído.
La volteé boca abajo, le abrí las nalgas, lamí desde la panocha hasta el ano, lengua danzando como tentáculo vivo. Ella se retorcía, sábanas arrugadas bajo sus puños. "Ya, métemela, no aguanto". Me quité la ropa, mi verga dura como fierro saltando libre, venosa y lista. La puse de rodillas, perrito estilo nhentai, y la penetré despacio al principio, sintiendo su calor envolviéndome centímetro a centímetro. Pinche paraíso, su coño apretado succionándome, jugos chorreando por mis huevos.
Empecé a bombear, lento luego rápido, el slap-slap de carne contra carne resonando como aplausos en un palenque. Sus gemidos subían de tono, "¡Más duro, güey, rómpeme!". Le jalé el pelo suave, no fuerte, consensuado, ella lo pedía con la mirada. Mis manos por su espalda, pellizcando caderas, bajando a frotar su clítoris mientras la taladraba. Olía a sexo puro, a sudor, a aceite de coco quemándose en la fricción. Sentía su pulso en las paredes de su panocha, apretándome, ordeñándome.
La volteamos, misionero con twist nhentai: piernas en mis hombros, profundo hasta el fondo. Sus tetas rebotando hipnóticas, yo chupándolas mientras embestía. Ella clavó sus ojos en los míos, "Te amo, cabrón, hazme venir". Aceleré, el clímax acercándose como tormenta en el desierto. Su cuerpo tembló primero, un grito ahogado, "¡Me vengo, ay!", su coño convulsionando, lecheándome la verga. No aguanté, saqué y eyaculé en su panza, chorros calientes pintándola blanca, el placer explotando en mi cabeza como fuegos artificiales en el Zócalo.
Caímos exhaustos, respiraciones jadeantes sincronizadas. La abracé, su piel pegajosa contra la mía, besos suaves ahora, saboreando el after. El cuarto olía a nosotros, a victoria. "El mejor nhentai try ever", murmuró ella, riendo bajito. Yo asentí, acariciando su pelo húmedo. Esto no es hentai, es real, y es nuestro.
Nos quedamos así un rato, charlando pendejadas sobre más ideas locas de nhentai. Ella se acurrucó en mi pecho, su calor calmándome el alma. La noche mexicana seguía afuera, pero adentro éramos reyes de nuestro desmadre consensual. Mañana quién sabe, pero esta nhentai try nos unió más, piel con piel, deseo con deseo.