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La Inyección Ardiente de Tri B12

6278 palabras

La Inyección Ardiente de Tri B12

Yo siempre he sido de las que se la rifan en el trabajo, pero últimamente andaba como zombie, con el cuerpo pesado y sin pila pa'l desmadre. Órale, carnala, me dije una mañana mientras me veía en el espejo del baño, con ojeras que parecían moretones de una noche de fiesta loca. Decidí que ya era hora de checarme en una clínica chida aquí en la Roma, no esas de gobierno cutres, sino una privada con aire acondicionado y todo el pedo.

Llegué al consultorio de la doctora Valeria, una morra que me recomendó mi compa del gym. La esperé en la sala, oliendo a ese desinfectante fresco que te hace sentir limpio de inmediato. Cuando entró, ¡pinche madre! Era una diosa: curvas que mataban, cabello negro largo hasta la cintura, labios carnosos pintados de rojo fuego y un bata blanco que apenas contenía sus chichis perfectos. Me sonrió con dientes blancos y perfectos, y sentí un cosquilleo en la panza que no era de hambre.

"¿Qué onda, Ana? Siéntate, cuéntame qué te trae por acá."
Su voz era ronca, como si acabara de despertar de un polvo intenso. Le expliqué lo cansada que andaba, sin energía pa' nada, ni pa' cogerme al vato que traía en la mira. Ella me revisó, palpándome el cuello, los brazos, con toques suaves que me erizaban la piel. Olía a vainilla y algo más, como feromonas puras.

Me recetó vitaminas orales, pero dijo que lo chido era una inyección. "El Tri B12 inyectable, güey. Te va a dar un subidón de energía que ni te imaginas. Te lo pongo en la nalga, ¿sale?" Asentí, el corazón latiéndome como tamborazo en una fiesta. Me pidió que me bajara los pantalones y me pusiera de lado en la camilla. Sentí el aire fresco en mis nalgas desnudas, expuestas, y un calor subiendo por mis muslos.

Valeria se puso guantes, el chasquido de látex resonando en la habitación. Limpió mi piel con alcohol, el frío líquido goteando un poco, haciendo que mis vellos se pararan. Esto se siente rarísimo, pero chingón, pensé, mordiéndome el labio. La aguja entró suave, un pinchazo rápido seguido de un ardor placentero que se expandió como fuego lento. Ella inyectó el Tri B12 inyectable despacio, su aliento cálido cerca de mi oreja.

"Relájate, mija, ya casi. Vas a sentirte como nueva."
Cuando sacó la jeringa, presionó con un algodón, su mano firme en mi carne suave. El toque duró más de lo necesario, masajeando un poquito, y juro que gemí bajito.

Salí de ahí flotando, pero no solo por la vitamina. El Tri B12 inyectable empezó a hacer su magia esa misma tarde: energía pura, como si me hubieran enchufado a la luz. Llamé a Valeria esa noche, pretextando una duda sobre cuidados post-inyección. "¿Todo bien con el piquete?" preguntó, riendo suave. Charlando, charlando, la cosa se puso coqueta.

"Oye, doctora, ¿y si te invito un café pa' agradecerte el subidón?"
Aceptó, y al día siguiente nos vimos en un cafecito hipster de la Condesa, con olor a granos tostados y ella luciendo un vestido negro ceñido que marcaba todo.

La plática fluyó como tequila suave: de trabajos estresantes a fantasías locas. Admití que la inyección me había puesto caliente, que su toque me había despertado algo salvaje. Ella se mordió el labio, ojos brillando. Esta morra es fuego puro, pensé, sintiendo mi clítoris palpitar bajo la mesa. Caminamos a su depa cerca, el sol de la tarde calentando nuestras pieles, manos rozándose accidentalmente, enviando chispas.

En su recámara, minimalista con sábanas blancas crujientes y velas de vainilla encendidas, nos besamos por primera vez. Sus labios sabían a menta y deseo, lengua explorando mi boca con hambre. La desvestí despacio, revelando senos firmes con pezones oscuros endurecidos. Olía a su piel morena, salada y dulce.

"Quítate todo, Ana. Quiero verte como en la camilla, expuesta pa' mí."
Me quedé en tanga, ella de rodillas lamiendo mi ombligo, bajando lento.

La tensión crecía como tormenta: mis pezones rozando su cabello, su aliento caliente en mi monte de Venus. Me tumbó en la cama, el colchón hundiéndose suave. Sus dedos juguetearon con mi tanga, oliendo mi excitación húmeda. Pinche doctora, sabe cómo calentar a una, monologué internamente, arqueando la espalda. Me quitó la prenda de un jalón, exponiendo mi panocha depilada, ya chorreando.

Valeria se desnudó completa, cuerpo atlético con curvas mexicanas perfectas: caderas anchas, culo redondo que pedía mordidas. Se subió encima, tribadismo puro, nuestras panochas frotándose lentas al principio. Sentí su calor mojado contra el mío, clítoris chocando como chispas. ¡Ay, cabrona! gemí, el sonido de pieles húmedas slap-slap llenando la habitación. Sudor perlando nuestras pieles, mezclándose con olor a sexo crudo, almizclado.

Escaló la intensidad: ella acelerando el roce, yo clavándole las uñas en la espalda.

"¡Cógeme así, doctora! ¡Más fuerte!"
Sus pechos rebotando contra los míos, pezones frotándose duros. Introdujo dos dedos en mí, curvándolos justo en el punto G, mientras su pulgar masajeaba mi clítoris hinchado. El jugo corría por mis muslos, el colchón empapándose. Yo le devolví el favor, metiendo mi mano entre sus nalgas, dedo en su ano apretado, sintiendo contracciones.

El clímax se acercaba como volcán: pulsos acelerados, respiraciones jadeantes, gemidos en español chulo. Me voy a venir como nunca, gracias a ese pinche Tri B12 inyectable que me dio pila pa' esto, pensé borrosa. Gritamos juntas, cuerpos temblando, olas de placer rompiendo. Ella se derrumbó sobre mí, pieles pegajosas, corazones tronando al unísono. Saboreé su cuello salado, lamiendo sudor.

Después, en el afterglow, nos quedamos enredadas, ventiladores zumbando suave, olor a sexo lingering en el aire. Valeria me acarició el cabello, susurrando

"Vuelve por otra inyección cuando quieras, mi amor. El Tri B12 inyectable es solo el principio."
Reí, sintiéndome empoderada, viva, conectada. Esa noche soñé con agujas de placer y cuerpos entrelazados, sabiendo que esto era el inicio de algo chingón.

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