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X Videos Gay Trio en Caliente

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X Videos Gay Trio en Caliente

Estaba en la playa de Puerto Vallarta, con el sol del atardecer tiñendo el cielo de naranja y rosa, el olor a sal marina mezclándose con el humo de las parrilladas cercanas. Yo, Alex, un wey de veintiocho años que acababa de llegar de la Ciudad de México buscando un poco de diversión, me recostaba en una chamaca con una chela fría en la mano. El sonido de las olas rompiendo suave y el reggaetón lejano de una fiesta me tenían relajado, pero con esa comezón en el cuerpo que solo un viaje así te da. Neta, había pasado la tarde scrolleando en mi cel, topándome con un x videos gay trio que me dejó la verga tiesa como poste. Tres morros guapísimos, sudados y enredados, gimiendo como locos. Pensé: ¿Y si me pasa algo así aquí?

Ahí fue cuando los vi. Marco y Diego, dos chavos que gritaban macho mexicano por todos lados. Marco, alto y moreno, con tatuajes en los brazos que brillaban con el sudor, y una sonrisa pícara que te desnuda con la mirada. Diego, más compacto, con el pelo revuelto y un torso definido que asomaba bajo su camiseta ajustada, oliendo a loción barata y hombre. Estaban jugando voleibol en la arena, sus cuerpos chocando, risas roncas cortando el aire. Me quedé mirando, el corazón latiéndome fuerte, imaginando sus manos en mí como en ese video.

Wey, no seas pendejo, acércate, me dije a mí mismo, sintiendo el calor subir por mi cuello.
Tomé valor, me levanté y caminé hacia ellos con mi chela en la mano. "Órale, carnales, ¿me echan un jalón?", les grité. Marco volteó, sus ojos cafés clavándose en los míos, y soltó una carcajada. "¡Claro, ven pa'cá, guapo! Pero no seas naco, pásanos una chela". Diego me guiñó el ojo, y en ese momento supe que la noche iba a ser épica. Jugamos un rato, cuerpos rozándose "accidentalmente", el sudor pegando la arena a nuestra piel, el sol poniéndose y dejando todo en penumbras. Cada choque me mandaba chispas al cuerpo, el olor de sus axilas masculinas mezclándose con el mar, y yo pensando en ese x videos gay trio que había visto, deseando que fuéramos nosotros tres.

La fiesta en la playa se armó de golpe. Fogata crepitando, mariachis lejanos tocando La Bikina, y chelas fluyendo como agua. Nos sentamos en la arena, yo en medio, con Marco a un lado frotando su muslo contra el mío y Diego del otro, su mano "sin querer" en mi rodilla. Hablamos pendejadas: de futbol, de la vida en Vallarta, de cómo Marco era DJ en un antro y Diego surfista profesional. "Oye, Alex, ¿vienes mucho por acá?", me preguntó Diego, su aliento cálido con sabor a cerveza rozando mi oreja. "Primera vez, pero ya me encanta. Vi un x videos gay trio anoche que me dio envidia de esto", solté sin pensar, riendo nervioso. Marco se acercó más, su pecho duro contra mi hombro. "¿En serio, wey? Cuéntanos, ¿qué tan caliente era?". El corazón me retumbaba, el pulso acelerado, mientras describía las escenas, sus ojos devorándome, el fuego de la fogata reflejándose en sus caras.

La tensión crecía como la marea. Marco me tomó la mano bajo la luz tenue, sus dedos callosos entrelazándose con los míos, un roce eléctrico que me erizó la piel. Diego se inclinó, sus labios rozando mi cuello, oliendo a sal y deseo. "Vamos a mi cabaña, carnal. Ahí no hay interrupciones", murmuró Marco, su voz grave vibrando en mi pecho. Asentí, el cuerpo ardiendo, el sonido de las olas como un latido compartido. Caminamos por la playa oscura, arena fresca bajo los pies descalzos, la luna iluminando sus siluetas. En la cabaña, una choza rústica con hamacas y olor a madera húmeda, cerraron la puerta y todo explotó.

Marco me besó primero, sus labios gruesos y urgentes, lengua invadiendo mi boca con sabor a chela y menta. Diego se pegó por detrás, manos bajando por mi espalda, desabrochando mi short con maestría. Esto es mejor que cualquier x videos gay trio, pensé, gimiendo contra la boca de Marco. Sus cuerpos me aprisionaban, calor humano envolviéndome, el sudor empezando a perlar sus pieles morenas. Me quitaron la ropa despacio, besos en el cuello, pezones, abdomen. "Qué rico culito tienes, Alex", gruñó Diego, sus dedos explorando mis nalgas, un toque que me hizo arquear la espalda. Marco se arrodilló, su boca caliente envolviendo mi verga, chupando con hambre, el sonido húmedo llenando la habitación, saliva goteando por mis bolas.

Me tumbé en la cama king size, sábanas frescas contra mi piel ardiente. Diego se desnudó, su verga gruesa saltando libre, venosa y palpitante, oliendo a hombre puro. Marco se unió, la suya más larga, curvada, goteando precum que lamí con gusto salado. Los tres enredados, manos por todos lados: yo masturbando a Diego mientras Marco me penetraba con los dedos, lubricante fresco y resbaloso. Gemidos roncos, "¡Ay, wey, qué chingón!", piel chocando suave al principio, el olor a sexo invadiendo el aire, mezclado con el jazmín del jardín afuera. Internalmente luchaba:

No quiero que acabe nunca, pero ya quiero que me rompan.
Escalamos: Diego me montó primero, su culo apretado bajando sobre mi polla, caliente y suave como terciopelo, cabalgándome con ritmo de cadera experta, pechos sudados rozando los míos.

Marco observaba, pajeándose lento, ojos negros de lujuria. "Mi turno, cabrones", dijo, untando más lubricante. Me voltearon boca abajo, almohada bajo mis caderas. Diego besaba mi espalda mientras Marco entraba, centímetro a centímetro, estirándome delicioso, dolor placentero que se volvía éxtasis. "¡Más profundo, pendejo!", le rogué, el slap-slap de sus bolas contra mí resonando, sudor goteando en mi espinazo. Diego se metió en mi boca, verga salada follándome la garganta, tres cuerpos sincronizados como en ese video soñado. El clímax se acercaba: pulsos acelerados latiendo juntos, gemidos ahogados, el cuarto temblando con nuestra intensidad. Marco aceleró, gruñendo "¡Me vengo, wey!", llenándome caliente y espeso. Diego explotó en mi boca, leche cremosa que tragué ansioso, salada y espesa. Yo eyaculé entre las sábanas, oleadas de placer sacudiéndome, visión borrosa de estrellas.

Nos derrumbamos, jadeando, cuerpos enredados pegajosos de sudor y fluidos. El ventilador zumbaba arriba, aire fresco secando nuestra piel, olor a semen y mar flotando. Marco me besó la frente, Diego acarició mi pelo. "Neta, el mejor x videos gay trio en vivo", bromeó Diego, riendo bajito. Yo sonreí, exhausto pero pleno, el corazón calmándose. Afuera, las olas seguían su ritmo eterno, como nuestro pulso compartido. Nos quedamos así, hablando pendejadas hasta el amanecer, sabiendo que esto era solo el principio de algo chingón. En Vallarta, las noches no terminan; se transforman en recuerdos que te calientan para siempre.

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