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Trío Time Warp de Placeres Eternos

7473 palabras

Trío Time Warp de Placeres Eternos

Éramos el trío time warp, Ana, Carla y yo, tres carnales inseparables en la bulliciosa Ciudad de México. Vivíamos en un depa chido en Polanco, rodeados de luces neón y el olor a tacos al pastor flotando desde la calle. Todo empezó una noche de copas, cuando encontramos ese pinche amuleto azteca en un tianguis de la Lagunilla. Ana, con su melena negra cayendo como cascada sobre sus hombros bronceados, lo levantó brillando bajo la luz de la luna. Órale, qué chingón, dijo, y de repente, el aire se torció como gelatina, un zumbido grave nos envolvió y el mundo se jodió.

Despertamos en una playa de arena blanca en lo que parecía la Riviera Maya de hace siglos, pero con un twist rarísimo: el tiempo se doblaba a nuestro antojo. El sol besaba nuestra piel, el salitre impregnaba el aire y las olas lamían la orilla con un ritmo hipnótico. Carla, la güera de ojos verdes y curvas que volvían loco a cualquiera, se estiró gimiendo suave.

¿Dónde chingados estamos, carnales?
Su voz era ronca, cargada de esa curiosidad que siempre precedía a sus locuras.

Yo, Luis, sentía el corazón latiéndome como tambor maya. Miré a Ana quitándose la blusa empapada de sudor, sus tetas firmes rebotando libres, pezones oscuros endureciéndose con la brisa marina. Neta, esto es el paraíso, pensé, mientras mi verga se ponía dura como piedra bajo los shorts. No era solo el lugar; era el trío time warp activado, un lazo que nos unía más allá del tiempo, despertando deseos que siempre habíamos reprimido por miedo a joder la amistad.

Al principio, la tensión era palpable pero juguetona. Nos metimos al mar, el agua tibia rozando nuestras piernas como caricias prohibidas. Carla salpicó a Ana, riendo, y de pronto sus cuerpos chocaron, piel contra piel resbalosa. Yo las vi abrazadas, besos salados empezando tímidos, lenguas explorando bocas con sabor a tequila y sal. Mi pulso se aceleró, el olor a sus cuerpos mezclándose con el yodo del océano. ¿Por qué no antes?, me pregunté, mientras me acercaba, mis manos temblando de anticipación.

Ana giró hacia mí, sus ojos cafés ardiendo. Ven, pendejo, murmuró con esa voz que me derretía, jalándome por la nuca. Nuestros labios se fundieron, su lengua danzando con la mía, saboreando su dulzor mezclado con el mar. Carla se pegó por detrás, sus tetas aplastándose contra mi espalda, manos bajando a masajear mi paquete endurecido. El sonido de las olas rompía como aplausos a nuestro ritmo creciente, el sol calentando nuestra piel hasta que sudamos, ese aroma almizclado de excitación flotando pesado.

El tiempo warp nos regaló horas eternas allí. Regresamos al depa pero el amuleto nos mandó de nuevo, esta vez a un jardín prehispánico bajo estrellas infinitas. Flores de cempasúchil perfumaban el aire, pétalos suaves bajo nuestros cuerpos desnudos. Ana se recostó sobre una esterilla de palma, piernas abiertas invitándome. Siente esto, Luis, susurró, mientras yo lamía su panocha jugosa, sabor salado y dulce invadiendo mi boca. Sus gemidos eran música, ¡ay, cabrón, qué rico!, arqueando la espalda, uñas clavándose en mi cuero cabelludo.

Carla no se quedó atrás. Se sentó en la cara de Ana, restregando su coñito depilado, mientras yo metía mi verga en Ana de un solo empujón. El calor de su interior me envolvió como terciopelo húmedo, contrayéndose alrededor de mí.

¡Más fuerte, neta, fóllame como en el tiempo warp!
gritó Carla, cabalgando la lengua de Ana. Nuestros cuerpos chocaban con palmadas húmedas, sudor goteando, pulsos latiendo al unísono. Yo sentía cada contracción, cada roce de clítoris hinchado contra mi pubis, el olor a sexo crudo mezclándose con jazmines nocturnos.

La intensidad subía como fiebre. Cambiamos posiciones en un frenesí: yo de rodillas, Carla chupándome la verga con labios carnosos, saliva chorreando por mis huevos mientras Ana le metía dedos en el culo, preparándola. Eres una puta deliciosa, le dije a Carla, y ella respondió con un ¡sí, papi, dame todo!, ojos lagrimeando de placer. El warp del tiempo estiraba los minutos, permitiéndonos saborear cada lamida, cada penetración profunda que nos hacía jadear. Mis manos exploraban curvas suaves, nalgas redondas apretándose bajo mis palmas, piel erizada de goosebumps.

En el clímax del medio acto, una duda me invadió.

¿Y si esto rompe todo? Somos amigos desde la uni, ¿no mames?
Pero Ana me miró, penetrándome con la mirada. Esto nos une más, carnal. El trío time warp es nuestro destino. Sus palabras disiparon el miedo, reemplazándolo por un fuego que nos consumía. Carla se subió encima de mí, su culazo rebotando mientras me montaba, tetas meneándose hipnóticas. Ana se unió, restregando su clítoris contra el nuestro, un trío de fricciones perfectas. Los sonidos eran obscenos: chapoteos, gemidos ahogados, ¡órale, me vengo! de Carla explotando primero, jugos calientes empapándome.

El warp nos llevó a un jacuzzi moderno en un hotel de lujo en Cancún, burbujas masajeando nuestras pieles sensibles post-orgasmo parcial. Pero la tensión no bajaba; al contrario, renacía. Agua caliente lamiendo nuestros cuerpos exhaustos pero hambrientos. Yo tomé a Ana por las caderas, embistiéndola desde atrás mientras ella besaba a Carla con furia. El vapor subía espeso, olor a cloro y feromonas, sus paredes internas ordeñándome la verga con cada thrust. Siento tu pulso aquí adentro, le dije al oído, mordisqueando su lóbulo, y ella se vino temblando, gritando mi nombre mezclado con ¡chinga, qué chido!.

Carla exigía su turno, volteándose para que la penetrara analmente, lubricada por nuestros fluidos previos. Despacio al principio, amor, pidió, y yo obedecí, sintiendo su esfínter apretado cediendo centímetro a centímetro, calor abrasador envolviéndome. Ana lamía sus tetas, pellizcando pezones, mientras yo aceleraba, bolas golpeando su panocha. El agua salpicaba, ondas chocando como nuestros cuerpos, el zumbido del jacuzzi vibrando en sintonía con nuestros gemidos crecientes.

La liberación final llegó como tormenta. En un warp colectivo, nuestros cuerpos se alinearon en la cama king size del hotel etéreo: yo en el centro, Ana cabalgándome la verga, Carla sentándose en mi cara para que la devorara. Lengua hundida en su coño chorreante, sabor almendrado explotando, mientras Ana rebotaba salvaje, sus paredes convulsionando.

¡Me vengo juntas, cabrones!
chillaron al unísono, sus orgasmos desencadenando el mío. Chorros calientes llenando a Ana, mi lengua ahogada en Carla, pulsos erráticos, sudor frío bajando por espaldas arqueadas.

El tiempo warp nos devolvió al depa al amanecer, exhaustos, pieles marcadas por besos y uñas, olor a sexo persistiendo en las sábanas revueltas. Nos acurrucamos, risas suaves rompiendo el silencio. El trío time warp cambió todo para bien, pensé, besando sus frentes. Ana murmuró te amo, carnales, y Carla añadió neta, esto es eterno. En el afterglow, con el sol filtrándose por las cortinas, sentimos la conexión profunda, un lazo forjado en placeres infinitos, listos para más warps, más éxtasis. El amuleto brillaba en la mesa, prometiendo aventuras sin fin.

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