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Alesana Prueba Esto Con Los Ojos Cerrados

6515 palabras

Alesana Prueba Esto Con Los Ojos Cerrados

La noche en el penthouse de Polanco olía a jazmín del balcón y a tequila reposado recién servido. Tú estabas recargada en el sofá de piel suave, con las piernas cruzadas, sintiendo el fresco del aire acondicionado erizando tu piel morena. Alex, tu carnal de toda la vida convertido en amante hace unos meses, trajinaba con el Bluetooth del estéreo. Qué chido este lugar, pensabas, mientras veías las luces de la Reforma parpadeando como estrellas caídas.

De repente, la música post-hardcore de Alesana llenó el aire, con esas guitarras rabiosas y la voz gritona que siempre te ponía la piel chinita. Alex se acercó con dos shots en la mano, su sonrisa pícara iluminada por las velas de vainilla. "Órale, nena, escúchale a este pinche Alesana. Try this with your eyes closed", dijo imitando la letra con acento gringo chistoso, mientras te pasaba el vaso. El líquido ámbar quemó tu garganta al bajar, despertando un calor que se extendía por tu pecho hasta el ombligo.

¿Qué carajos se trae este wey?

Tú reíste, lamiendo el borde salado del shot. "¿Y qué pedo, Alex? ¿Vas a ponerme una venda o qué?" Él no contestó con palabras; en cambio, sacó una bufanda de seda negra de su bolsillo trasero, esa que compraste en el tianguis de Coyoacán. Sus ojos cafés brillaban con esa mezcla de ternura y deseo que te volvía loca. Te la puso despacio sobre los ojos, anudándola atrás con dedos firmes pero gentiles. El mundo se volvió oscuridad absoluta, y de golpe, todos tus sentidos se agudizaron. El aroma de su colonia cítrica invadió tus fosas nasales, mezclado con el sudor leve de su piel después del gym.

"Confía en mí, mi reina", murmuró cerca de tu oreja, su aliento cálido rozando el lóbulo. Sentiste sus manos grandes deslizándose por tus hombros desnudos, bajando los tirantes de tu blusita de encaje. Un escalofrío te recorrió la espina, y tu corazón latió como tambor en desfile de muerte. La música seguía: Alesana try this with your eyes closed, gritaba la letra, y tú pensaste que era perfecto, como si la canción hubiera sido escrita para este momento.

Acto primero, la tensión inicial ardía baja pero constante. Alex te guió al centro de la sala, donde el piso de madera pulida crujía bajo tus pies descalzos. "Quédate quietecita", ordenó juguetón, y obedeciste, sintiendo el aire moverse cuando él se alejó un segundo. Regresó con algo frío: hielo de la hielera. Lo pasó por tu clavícula, goteando agua helada que se escurrió entre tus chichis, endureciendo tus pezones al instante. No mames, qué rico, gemiste internamente, mientras tu cuerpo se arqueaba hacia él sin poderlo ver.

Sus labios capturaron el agua que bajaba, chupando tu piel con lengua caliente. El contraste te hizo jadear. Olías su cabello húmedo, saboreabas la sal de su cuello cuando lo jalaste hacia ti por instinto. "Eres una diosa, Karla", susurró, llamándote por tu nombre como si fuera una plegaria. Tus manos exploraban su torso musculoso, sintiendo los abdominales contraídos bajo la playera. Lo desvestiste a tientas, arrancando botones con urgencia, mientras la canción cambiaba a un ritmo más lento, sensual.

En el medio acto, la cosa escaló como volcán en erupción. Alex te llevó a la cama king size, con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda fresca. Te recostó boca arriba, y sentiste el colchón hundirse cuando se subió. Sus dedos trazaron caminos invisibles por tus muslos, subiendo despacio hasta el borde de tus calzones de encaje. "Dime si quieres parar, ¿eh?", checó, siempre el caballero que te hacía sentir empoderada. "Ni madres, sigue, cabrón", respondiste con voz ronca, abriendo las piernas para invitarlo.

Esto es lo que necesitaba, puro fuego sin ver nada más que sensaciones

El roce de su barba incipiente en tu vientre te erizó, seguido del calor de su boca devorando tu panocha a través de la tela. Gemiste fuerte, el sonido rebotando en las paredes insonorizadas. Él jaló los calzones con dientes, liberándote, y su lengua se hundió en ti, lamiendo con hambre. Saboreabas tus propios jugos en su beso cuando subió a reclamarte la boca. Tus uñas se clavaron en su espalda, oliendo el almizcle de su excitación, ese olor macho que te volvía loca.

Lo volteaste encima tuyo, montándolo como amazona. Sentiste su verga dura presionando tu entrada, gruesa y palpitante. "Entra ya, Alex, no me hagas rogar". Empujó lento, centímetro a centímetro, llenándote hasta el fondo. El estiramiento te arrancó un grito ahogado, placer puro mezclado con ese dolorcito delicioso. Cabalgaste el ritmo, sudando, con el slap-slap de piel contra piel sincronizado a la batería de Alesana de fondo. Tus caderas giraban, apretándolo dentro, mientras sus manos amasaban tus nalgas.

La intensidad creció: él te volteó a cuatro patas, embistiéndote profundo, su vientre chocando contra tu culo. Olías el sexo en el aire, ese aroma almizclado y dulce, escuchabas sus gruñidos guturales "Qué rica estás, mi amor". Tus paredes lo ordeñaban, acercándote al borde. Voy a explotar, pensabas, mientras el clímax se acumulaba como tormenta en el desierto sonorense.

En el final, la liberación fue como fuegos artificiales en el Zócalo. Alex aceleró, su verga hinchándose dentro de ti. "Ven conmigo, Karla", jadeó, y tú explotaste primero, ondas de placer sacudiéndote entera, gritando su nombre mientras tu cuerpo convulsionaba. Él se derramó segundos después, caliente y abundante, colapsando sobre tu espalda con besos en la nuca.

Te quitó la venda despacio, y la luz tenue reveló sus ojos vidriosos, el cabello revuelto pegado a la frente. Se miraron, riendo entre jadeos, cuerpos enredados en sudor pegajoso. "¿Qué tal el experimento de Alesana?", bromeó, trazando círculos en tu ombligo. "Pinche chingón, lo repetimos mañana", contestaste, besándolo lento, saboreando el afterglow.

La música se apagó sola, dejando solo el rumor del tráfico lejano y vuestros corazones calmándose. En ese penthouse lujoso, con vistas a una ciudad que nunca duerme, habíais descubierto un nuevo nivel de conexión. Cuerpos saciados, almas en paz, listos para lo que viniera después.

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