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Bully Tri Lilac Tentación Prohibida

6052 palabras

Bully Tri Lilac Tentación Prohibida

Tú entras al club Bully Tri Lilac en el corazón de Polanco, donde las luces violetas y lilas parpadean como un latido acelerado. El aire está cargado de un aroma embriagador a lilac fresco mezclado con el sudor salado de cuerpos en movimiento, y la música reggaetón retumba en tus huesos, haciendo que tus caderas se muevan solas. Llevas ese vestido negro ajustado que resalta tus curvas, y sientes las miradas posándose en ti como caricias calientes. Has venido con tus amigas, pero ya se han perdido en la pista, dejándote sola con esa hambre que te quema por dentro.

Te acercas a la barra, el mármol frío bajo tus dedos, y pides un trago. El barman, con una sonrisa pícara, te desliza un cóctel especial: bully tri lilac, dice, un licor triple de lilac infusionado con ron mexicano y un toque de chile que pica en la lengua. Lo pruebas, y el sabor explota: dulce como miel, picante como un beso robado, fresco como lilac en primavera. Te recorre un escalofrío, y justo entonces lo ves.

Él está al fondo de la barra, alto, musculoso, con tatuajes asomando por la camisa blanca entreabierta. Su perfume te llega antes que su mirada: bully tri lilac, el mismo aroma del cóctel, intenso y masculino, con notas de lilac salvaje que te hacen mojar al instante. Se llama Alex, pero todos lo llaman el Bully, por esa forma dominante en que toma lo que quiere, sin pedir permiso pero siempre con un guiño que hace que las mujeres se rindan voluntarias. Tú lo sabes porque tus amigas te han contado historias: noches de placer puro en este club.

¿Y si esta noche soy yo la que lo toma a él? piensas, mientras tu pulso se acelera y sientes el calor subiendo por tus muslos.

Él te nota, sus ojos oscuros te recorren como si ya te estuviera desnudando. Se acerca, su presencia imponente, el calor de su cuerpo invadiendo tu espacio personal. –Qué chula estás, morra, dice con esa voz grave, ronca como el reggaetón que suena. –¿Primera vez en Bully Tri Lilac?

Tú sonríes, juguetona, sintiendo el roce accidental de su brazo contra el tuyo, piel contra piel, eléctrica. –No tan primera, pero sí la primera contigo, bully, respondes, usando el apodo con picardía mexicana. Él ríe, un sonido profundo que vibra en tu pecho, y te invita a bailar. Tus cuerpos se pegan en la pista, sus manos fuertes en tu cintura, guiándote con firmeza pero dejando que tú marques el ritmo. Sientes su verga endureciéndose contra tu culo, dura y prometedora, y el aroma de su bully tri lilac te envuelve como una niebla sensual.

La tensión crece con cada roce: sus dedos trazan tu espina dorsal, bajando hasta el borde de tu vestido, y tú arqueas la espalda, presionándote más contra él. El sudor perla en su cuello, salado al gusto cuando lo besas ahí, y sus labios encuentran los tuyos en un beso hambriento, lenguas enredándose con sabor a bully tri lilac. Chingón, piensas, mientras tus pezones se endurecen rozando su pecho.

Acto de escalada: él te lleva a una zona VIP del club, un rincón privado con sofás de terciopelo lilac y luces tenues. Cierran la cortina, y el mundo exterior se apaga. Sus manos exploran ahora sin prisa: suben por tus muslos, rozando la tanga húmeda, y tú gimes bajito, –Sí, cabrón, no pares. Le desabrochas la camisa, lamiendo sus pectorales firmos, salados y calientes, mientras él te quita el vestido, exponiendo tus tetas perfectas al aire fresco.

Esto es lo que necesitaba, alguien que me haga sentir viva, deseada, poderosa, reflexionas, mientras sus dedos encuentran tu clítoris hinchado, frotándolo en círculos que te hacen temblar.

Te sientas a horcajadas sobre él, sintiendo su verga gruesa palpitando bajo el pantalón. La liberas con manos ansiosas: venosa, larga, con una gota de precum que lames despacio, saboreando su esencia salada y amarga. –Qué rica panocha tienes, murmura él, mientras te come entera, su lengua experta lamiendo tu humedad, chupando con succiones que te arquean. El sonido húmedo de su boca en ti se mezcla con tus gemidos, ay, Dios, qué rico, y el aroma de lilac se intensifica con el olor almizclado de tu excitación.

La intensidad sube: lo montas despacio al principio, sintiendo cada centímetro estirándote, llenándote, sus manos apretando tu culazo mientras subes y bajas. El ritmo acelera, piel chocando contra piel con palmadas resonantes, sudor goteando entre vuestros cuerpos. Él te voltea, te pone en cuatro, y embiste profundo, su verga golpeando ese punto que te hace ver estrellas. –Dame más, pendejo guapo, le exiges, empoderada en tu placer, arañando su espalda.

Sus bolas chocan contra ti, el slap-slap rítmico, y sientes el orgasmo construyéndose como una ola: pulsos en tu concha, calor expandiéndose, hasta que explotas gritando, contrayéndote alrededor de él. Él gruñe, –Me vengo, morra, y se corre dentro, chorros calientes llenándote, mientras ambos colapsan temblando.

En el afterglow, yacen enredados, su cabeza en tu pecho, el aroma de bully tri lilac ahora mezclado con sexo y sudor. Él acaricia tu cabello, –Eres increíble, nunca había sentido algo tan chingón. Tú sonríes, sintiendo la plenitud, el poder de haberlo conquistado.

Esta noche en Bully Tri Lilac no fue solo sexo, fue liberación, conexión profunda, piensas, mientras el latido de su corazón se sincroniza con el tuyo.

Se visten despacio, besos suaves, promesas de más noches. Sales del club con piernas flojas pero alma satisfecha, el sabor de lilac en los labios, sabiendo que volverás por más de ese bully tri lilac que te hace arder.

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