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PHP Try Except la Pasión Desnuda

7054 palabras

PHP Try Except la Pasión Desnuda

La pantalla del monitor parpadeaba con líneas de código en la penumbra del departamento en Polanco. El zumbido suave del aire acondicionado se mezclaba con el tráfico lejano de la Ciudad de México, esa sinfonía nocturna que nunca calla. Yo, Alex, tecleaba furiosamente en mi laptop, sudando un poco bajo la luz azulada. A mi lado, Sofía, mi colega y crush secreto desde el proyecto empezó, se inclinaba sobre el teclado, su cabello negro cayendo como una cascada sobre sus hombros bronceados. Olía a vainilla y a algo más, un aroma femenino que me ponía la piel de gallina.

Órale, esta morra está cañona, pensé mientras la veía morderse el labio inferior, concentrada en el bug que nos traía de cabeza. Llevábamos horas debuggeando ese script PHP que fallaba en producción. "Mira, Alex, necesitamos un php try except aquí para capturar la excepción", dijo ella con esa voz ronca que me erizaba los vellos de la nuca. Sus dedos rozaron los míos al apuntar la línea, y sentí un chispazo eléctrico, como si el código cobrar vida.

Era viernes noche, pero el deadline nos tenía atrapados. Pedimos unos tacos de suadero por app, y mientras comíamos en la mesa del comedor, con salsa verde chorreando, la plática fluyó. "Eres un pendejo天才 para esto, pero yo soy la que salva el día con el try-catch", bromeó ella, limpiándose la boca con el dorso de la mano. Reí, y por primera vez, nuestras rodillas se tocaron bajo la mesa. No me aparté. Ella tampoco. El aire se cargó de algo pesado, como la humedad antes de la lluvia.

No mames, ¿está coqueteando o nomás es mi calentura imaginando cosas?

Volvimos al código. Sofía se sentó en mi regazo para ver mejor la pantalla, pretextando que su silla estaba dura. Su culo firme presionaba contra mí, y sentí cómo mi verga empezaba a despertar, endureciéndose bajo los jeans. "Ponle el php try except", murmuró cerca de mi oreja, su aliento cálido rozándome el lóbulo. Tecleé try { ... } catch (Exception $e) { ... }, pero mis manos temblaban. Ella giró la cabeza, y nuestros labios se rozaron por accidente. O no fue accidente.

El beso fue como un commit exitoso: explosivo y adictivo. Sus labios suaves y carnosos sabían a salsa y a menta de su chicle. La abracé por la cintura, sintiendo la curva de sus caderas bajo la blusa ajustada. "Alex...", susurró contra mi boca, y eso fue todo. La levanté en brazos, sus piernas envolviéndome como enredaderas, y la llevé al sillón de cuero negro. El olor de su piel, mezcla de sudor ligero y perfume, me invadió las fosas nasales mientras le quitaba la blusa. Sus tetas perfectas, redondas y firmes, saltaron libres, los pezones oscuros ya duros como piedritas.

La besé el cuello, lamiendo la sal de su piel, bajando hasta esos pechos que olían a ella pura. Chupé un pezón, succionando suave al principio, luego más fuerte, oyendo sus gemidos bajos, como ronroneos de gata en celo. "Qué chido, pendejo, no pares", jadeó, arqueando la espalda. Sus uñas se clavaron en mi espalda, arañando a través de la camisa. Le desabroché los jeans, metiendo la mano dentro. Su panocha estaba empapada, caliente, los labios hinchados y resbalosos. Metí un dedo, luego dos, sintiendo cómo se contraía alrededor, chorreando jugos que olían a deseo puro, almizclado y dulce.

Sofía me empujó al sillón y se arrodilló entre mis piernas. "Mi turno", dijo con ojos brillantes. Me bajó el zipper, liberando mi verga tiesa, palpitante, con una gota de pre-semen en la punta. La miró como si fuera un premio. "Mira qué mamalona", murmuró, antes de lamerla desde la base hasta la cabeza, saboreando cada vena. Su lengua era fuego líquido, girando alrededor del glande, chupando con vacuum que me hizo gruñir. El sonido de su boca succionando, húmedo y obsceno, llenaba la habitación, mezclado con mis jadeos y el pulso acelerado en mis oídos.

Esto es mejor que cualquier deploy exitoso. Su boca... carajo, me va a hacer venir ya.

La detuve antes del crash. La puse de pie, le quité los jeans y las tangas de encaje negro. Estaba desnuda, gloriosa, con curvas mexicanas que volvían loco a cualquiera: nalgas redondas, muslos fuertes, esa panocha depilada con un triángulo negro invitador. La recosté en el sillón, abriéndole las piernas. Olía a sexo inminente. Lamí su clítoris, hinchado y sensible, saboreando sus jugos salados y dulces como miel de maguey. Ella se retorcía, gimiendo "¡Ay, cabrón, qué rico! Chingame con la lengua". Metí la lengua profundo, follando su entrada mientras frotaba el botón con el pulgar. Sus caderas buckeaban contra mi cara, empapándome la barba.

No aguanté más. Me quité la ropa rápido, mi verga erguida como bandera. Ella se abrió más, invitándome. "Ven, Alex, métemela ya". Empujé lento, sintiendo cómo su calor me envolvía centímetro a centímetro, apretada y resbalosa. Era como un php try except perfecto, pensé: probamos la penetración, y si hay fricción, la exceptuamos con más lubricante natural. Empecé a bombear, suave primero, oyendo el slap-slap de piel contra piel, oliendo nuestro sudor mezclado. Ella clavó las uñas en mis nalgas, urgiéndome más profundo. "Más fuerte, pendejo, rómpeme". Aceleré, mis bolas golpeando su culo, sus tetas rebotando con cada embestida.

Cambié de posición: la puse a cuatro patas en el suelo, alfombra persa suave bajo sus rodillas. Desde atrás, su culo era poesía, redondo y abierto. La embestí duro, agarrando sus caderas, viendo cómo su panocha tragaba mi verga entera. Ella gritaba placer, "¡Sí, así, chingame como se debe!". Sudábamos ríos, el aire cargado de olor a sexo crudo, gemidos y resuellos. Sentí sus paredes contraerse, ordeñándome. "Me vengo, Alex, no pares". Su orgasmo la sacudió como terremoto, chorros calientes empapando mis muslos. Eso me llevó al límite. "Yo también, Sofi...", rugí, saliendo para eyacular en su espalda, chorros blancos calientes pintando su piel morena.

Colapsamos juntos, jadeando, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. La abracé, besando su nuca salada. El corazón me latía como tamborazo en la cabeza. "Eso fue... épico", murmuró ella, girando para besarme lento, saboreando nuestros sabores mezclados. Limpiamos con toallas húmedas, riendo de lo desordenado que estaba todo: laptops abiertas con el código salvado, tacos fríos en la mesa.

Nos metimos a la cama king size, sábanas frescas de algodón egipcio. Ella se acurrucó en mi pecho, su mano trazando círculos en mi piel. "Sabes, ese php try except no solo salvó el proyecto... nos salvó la noche". Reí bajito. Tenía razón. En el caos del código y la vida, a veces solo necesitas probar, capturar la excepción y seguir adelante. Con ella, todo valía la pena.

La ciudad seguía rugiendo afuera, pero adentro, solo estábamos nosotros, en afterglow perfecto, planeando el próximo commit... y la próxima follada.

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