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Partidos Tri de Fuego Carnal

6678 palabras

Partidos Tri de Fuego Carnal

Era una noche de esas que en México te prenden el ánimo como chile en nogada. El Tri jugaba contra Brasil en las eliminatorias y yo, carnal, había invitado a Ana y a Carla a mi depa para ver los partidos tri en la tele grande. Las dos eran compas de la uni, bien pinches mamacitas, con curvas que te hacen babear. Ana, morena chaparrita con tetas firmes que se marcaban bajo su blusa escotada, y Carla, güera alta con un culo redondo que pedía guerra. Vestidas con shorts cortitos y jerseys del Tri, olían a perfume mezclado con sudor fresco del calor de la ciudad.

Nos echamos en el sofá con chelas frías, el aire acondicionado al máximo pero igual sudando un poco por la emoción. Órale, qué chido estar así, pensé mientras las veía brincar con el himno. El volumen de la tele retumbaba con los gritos del estadio, el locutor gritando ¡Vamos México! Mi verga ya se medio paraba solo de verlas mover las nalgas al ritmo de los cánticos. Ana se recargó en mi hombro, su piel tibia rozando la mía, y Carla se estiró echando las piernas sobre mis muslos. Neta, Juan, estos partidos tri son lo máximo contigo, dijo Carla guiñándome el ojo, su aliento con sabor a limón de la chela.

El partido arrancó con todo. Golpeaban la pelota, el público rugía como león. Cada vez que México atacaba, las chavas se pegaban más a mí, sus pechos apretándose contra mis brazos. Sentía el calor de sus cuerpos, el olor a jabón y algo más, como feromonas que me nublaban la cabeza.

¿Qué pedo? ¿Esto va pa'l lado caliente o qué?
me dije, pero no me quejaba. Ana me pasó una chela y su mano se quedó un segundo de más en mi muslo, rozando cerca de la entrepierna. Mi corazón latía como tambor de mariachi.

Al minuto 20, el Tri metió un golazo. ¡Síiiii! gritamos los tres, brincando del sofá. Nos abrazamos fuerte, cuerpos sudados chocando. Ana me plantó un beso en la mejilla, pero su boca se deslizó un poquito hacia los labios. Carla nos jaló para un abrazo grupal, su mano bajando por mi espalda hasta apretarme la nalga. ¡Qué emoción, pinche Juan! Sientes cómo tiemblo, murmuró Ana al oído, su voz ronca como miel caliente. El olor a su cabello, shampoo de coco, me invadió las fosas nasales. Mi pito ya estaba tieso como poste, presionando contra los jeans.

Volvimos al sofá, pero ahora más revueltos. Carla se sentó en mi regazo, pretextando que no cabía, su culo firme frotándose sutil contra mi erección. Puta madre, esto es un sueño, pensé, oliendo su cuello salado. Ana se pegó al otro lado, su mano en mi pecho, dedos jugando con los botones de mi camisa. El partido seguía, pero ya nadie lo veía tanto. Besos en el cuello, lamidas juguetones. ¿Les late seguir el juego así? pregunté con voz temblorosa. Simón, carnal, pero de nuestro juego, contestó Carla, girando para besarme en la boca. Sus labios suaves, lengua dulce invadiendo, sabor a chela y deseo.

La cosa escaló rápido. Ana se quitó el jersey, quedando en bra negro que apenas contenía sus chichis. Mírenme, ¿qué tal? dijo orgullosa, arqueando la espalda. Olía a sudor excitado, ese aroma almizclado que te pone loco. Yo le quité el bra, mamando un pezón rosado, duro como piedra. Ella gimió bajito, ¡Ay, wey, qué rico!, mientras Carla me desabrochaba el cinturón. Mi verga saltó libre, venosa y palpitante. Carla la agarró, masturbándola lento, su palma tibia y húmeda de sudor.

No mames, dos mamacitas pa' mí solo en pleno partido del Tri
. El sonido de la tele, el narrador gritando un contragolpe, se mezclaba con nuestros jadeos.

Ana se arrodilló, lamiendo mi pito desde la base hasta la punta, su lengua caliente y babosa. Sabía a sal y pre-semen. Carla se desnudó, shorts volando, revelando una panocha depilada, labios hinchados brillando de jugos. Se sentó en mi cara, restregando su clítoris contra mi lengua. ¡Chúpame, Juan, neta que sí! Su sabor ácido-dulce, como tamarindo mojado, me volvía loco. La chupaba fuerte, metiendo dedos en su chochito apretado, sintiendo contracciones. Ana chupaba mi verga profunda, garganta apretando, saliva goteando por mis huevos.

Cambiaron posiciones como en un baile sincronizado. Carla montó mi cara otra vez mientras Ana se emparejaba, metiéndose mi pingo hasta el fondo. ¡Qué grueso, pendejo, me estira chingón! gritó Ana, cabalgando lento al principio, sus nalgas chocando contra mis muslos con palmadas húmedas. El sofá crujía, sudor nos pegaba como chicle. Olía a sexo puro, panochas mojadas, verga sudada. Carla gemía en mi boca, ¡Me vengo, cabrón!, su coño convulsionando, chorro caliente en mi cara.

La tensión subía con el partido. Otro gol del Tri, gritamos entre folladas. Yo volteé a Ana, poniéndola en cuatro, embistiéndola duro. Su culo rebotaba, piel morena brillando. Carla se metió debajo, lamiéndole el clítoris mientras yo la taladraba. ¡Juntas, chicas! les dije, y neta explotaron. Ana chilló, ¡Me corro, ay wey!, paredes vaginales ordeñándome. Saqué la verga y eyaculamos los tres: yo en chorros blancos sobre sus tetas, ellas temblando en orgasmo múltiple.

Pero no paró ahí. El medio tiempo llegó, pero nosotros seguíamos. Carla se abrió de piernas en el sofá, yo la penetré misionero, lento y profundo, besándola mientras Ana nos lamía los huevos y chochito. Sus cuerpos perfectos, piel suave como seda, olores mezclados en éxtasis. Sentía cada pulso, cada contracción. Ella se vino apretándome, ¡Lléname, amor!, pero saqué a tiempo, pintando su panza. Ana jaló mi verga, mamándola hasta sacarme las últimas gotas, tragando con sonrisa pícara.

El segundo tiempo del partido rugía, pero nosotros jadeábamos exhaustos. Nos recargamos los tres, desnudos y pegajosos, chelas tibias en mano. Sus cabezas en mi pecho, dedos trazando círculos en mi piel. Estos partidos tri van a ser tradición, ¿eh? dijo Carla, besándome el cuello. Ana rio, Simón, pero la próxima traemos juguetes, pendejo. El Tri ganó 2-1, pero nuestra victoria fue más grande. Sudor secándose, aromas de sexo flotando, el corazón latiendo en paz.

Pinche vida chida, con amigas así, los partidos del Tri son puro fuego carnal
.

Nos vestimos lento, besos perezosos, promesas de más noches. Salieron con guiños, caderas meneando. Yo me quedé oliendo sus esencias en el sofá, sonriendo como idiota. Mañana, otro partido tri, pero ahora con doble significado.

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