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Sexo en Trío HMH Pasión Desbordada

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Sexo en Trío HMH Pasión Desbordada

La noche en la azotea de ese departamento en la Roma estaba que ardía. El aire cálido de la Ciudad de México se mezclaba con el humo de los cigarros electrónicos y el olor dulce de los tequilas reposados que corrían como agua. Yo, Laura, con mi vestido negro ajustado que me hacía sentir como una diosa, bailaba pegadita a Marco, ese wey alto moreno con ojos que prometían travesuras. Habíamos estado coqueteando toda la semana por WhatsApp, pero esta fiesta era el detonante perfecto. Órale, qué chido se siente su mano en mi cintura, pensé mientras su aliento caliente rozaba mi cuello.

Marco era mi crush de la uni, el tipo que siempre organizaba las mejores pedas. Su risa ronca me erizaba la piel cada vez que se reía de mis chistes tontos. De repente, se acercó su carnal Hugo, su mejor amigo desde la prepa. Hugo era más delgado, con tatuajes en los brazos que asomaban por su camisa desabotonada, y una sonrisa pícara que gritaba peligro delicioso. "Ey, Lau, ¿ya probaste el mezcal de la casa? Te va a volar la cabeza", me dijo Hugo, pasándome un vasito mientras sus dedos rozaban los míos. Ese toque fue como electricidad. Sentí un cosquilleo bajarme hasta las piernas.

¿Qué pedo? ¿Estoy coqueteando con los dos? Neta, esto se pone interesante. Sexo en trío HMH... ¿será?

La música reggaetón retumbaba, los cuerpos se movían al ritmo de Bad Bunny, y el sudor empezaba a perlar mi escote. Marco me jaló más cerca, su verga ya semi-dura presionando contra mi muslo. "Ven, vamos a un lado", murmuró en mi oído, su voz grave vibrando en mi pecho. Hugo nos siguió con la mirada, y en lugar de irse, se acercó sonriendo. "No me dejen fuera, carnales". El corazón me latía a mil. Sí, esto es lo que quiero. Dos hombres que me deseen, que me hagan suya.

Nos escabullimos a una recámara en el fondo del depa, con vista a las luces neón de la ciudad. La puerta se cerró con un clic suave, y el mundo exterior se desvaneció. Marco me besó primero, sus labios carnosos saboreando a tequila y menta, su lengua explorando mi boca con hambre. Hugo observaba, pero no por mucho. Se pegó por detrás, sus manos subiendo por mis muslos, levantando el vestido hasta que sentí el aire fresco en mis nalgas. "Estás rica, Lau", susurró Hugo, mordisqueándome el lóbulo de la oreja. Olía a colonia masculina y deseo puro.

Me giré para besar a Hugo, su boca más juguetona, chupando mi lengua mientras Marco desabrochaba mi sostén. Mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras. Marco los lamió despacio, el calor de su lengua haciendo que gemiera bajito. ¡Ay, cabrón, qué rico! Las manos de Hugo bajaron mi tanga, sus dedos encontrando mi concha ya empapada. "Mira cómo estás de mojada, princesa", dijo con esa voz ronca que me derretía. Metió un dedo, luego dos, moviéndolos en círculos que me hacían arquear la espalda.

Caímos en la cama king size, sábanas de algodón egipcio suaves contra mi piel ardiente. Marco se quitó la camisa, revelando su pecho marcado por horas en el gym. Hugo lo imitó, sus músculos definidos brillando bajo la luz tenue. Yo me arrodillé entre ellos, sintiendo sus vergas palpitantes a través de los pantalones. Las desabroché con urgencia, liberándolas. La de Marco era gruesa, venosa, con un glande rosado que pedía atención. La de Hugo más larga, curva perfecta para golpear ese punto que me volvía loca.

Esto es un sueño. Dos vergas para mí, listas para complacerme. No hay vuelta atrás.

Empecé chupando a Marco, mi lengua rodeando su punta, saboreando el precum salado. Él gruñó, enredando sus dedos en mi pelo. Hugo no se quedó atrás; se masturbaba viéndome, hasta que lo jalé hacia mí. Alternaba, mamando una mientras pajeaba la otra. El sonido de sus jadeos llenaba la habitación, mezclado con el slap slap de mi boca húmeda. "Eres una diosa, Lau", jadeó Marco. Hugo me levantó la cara y me besó, probando su propio sabor en mis labios.

La tensión crecía como una tormenta. Me recostaron, Marco entre mis piernas, lamiendo mi clítoris con maestría. Su barba raspaba delicioso contra mis labios mayores, mientras su lengua danzaba rápido, succionando. Hugo se arrodilló sobre mi pecho, metiendo su verga en mi boca. Lo chupé profundo, ahogándome un poco, lágrimas de placer en los ojos. Olía a sexo, a sudor fresco, a feromonas que nublaban mi mente. Cada lamida de Marco me acercaba al borde; mis caderas se movían solas, presionando contra su cara.

"Quiero follarte ya", murmuró Marco, poniéndose un condón. Me penetró despacio, su grosor estirándome delicioso. ¡Qué llena me siento! Tan chingón. Empezó a bombear, lento al principio, luego más fuerte. Hugo se movía en mi boca, sincronizados como si hubieran practicado. El slap de piel contra piel, mis gemidos ahogados, sus respiraciones agitadas... todo era sinfonía erótica. Cambiaron posiciones: ahora Hugo me cogía por atrás, doggy style, su curva golpeando mi G-spot sin piedad. Marco debajo, chupando mis tetas mientras yo lo montaba a medias.

El calor subía, mis muslos temblaban. "Más rápido, weyes, no paren", supliqué, voz ronca de placer. Sudor goteaba de sus frentes al mío, salado en mi lengua cuando los besaba. Hugo aceleró, sus bolas chocando contra mi clítoris. Marco se masturbaba viéndonos, luego se unió, frotando su verga contra mi entrada mientras Hugo seguía adentro. Doble fricción, doble locura. Sexo en trío HMH en su máxima expresión.

¡Voy a explotar! Esto es demasiado bueno para ser real.

El orgasmo me golpeó como un tren. Grité, mi concha contrayéndose alrededor de Hugo, jugos chorreando por mis piernas. Él gruñó y se vino dentro del condón, temblando. Marco me volteó, me montó y embistió salvaje, sus ojos fijos en los míos. "Córrete conmigo, Lau". Lo hice, olas y olas de placer sacudiéndome. Él se derramó con un rugido gutural, colapsando sobre mí.

Jadeábamos los tres, enredados en un montón de miembros sudorosos. El aire olía a semen, a concha satisfecha, a pieles calientes. Marco me besó la frente, Hugo acarició mi espalda. "Neta, eso fue épico", dijo Hugo riendo bajito. Marco asintió: "La mejor noche, carnala". Me sentía empoderada, deseada, completa. No hubo celos, solo conexión pura.

Nos duchamos juntos después, jabón deslizándose por curvas y músculos, risas y besos suaves bajo el agua caliente. Salimos de la fiesta al amanecer, con promesas de más noches así. Caminando por las calles empedradas de la Roma, el sol tibio besando mi piel aún sensible, supe que había descubierto algo nuevo en mí. El sexo en trío HMH no era solo físico; era libertad, era compartir placer sin límites. Y qué chido saber que apenas empezaba.

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