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Trío Vs Celos

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Trío Vs Celos

Estábamos en mi depa en la Condesa, con las luces tenues de las velas parpadeando sobre la mesa del comedor. El aroma del mole poblano que preparé con tanto cariño flotaba en el aire, mezclado con el toque ahumado del tequila reposado que Marco acababa de servir. Hacía dos años que andábamos juntos, él y yo, Luisa, una chava de veintiocho que trabajaba en marketing y que por fin había encontrado a su media naranja. Marco, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que me derretía cada vez que me veía con el vestido ceñido que me pondría esa noche.

Pero esa noche no era solo para nosotros. Había invitado a Sofía, mi mejor amiga desde la uni, porque neta, las cosas en la cama se habían vuelto rutina. ¿Y si probamos algo nuevo? le dije a Marco esa mañana, y él, con esa mirada de chingón, dijo: "Simón, wey, hagámoslo chido". Sofía llegó puntual, con su melena negra suelta, leggings que marcaban sus curvas perfectas y una blusa escotada que dejaba ver justo lo suficiente para hacer agua la boca. Órale, qué mamacita.

La cena fluyó con risas y anécdotas. El tequila nos soltó la lengua. Sofía contaba cómo su último date había sido un pendejo total, y Marco la miraba con ese brillo en los ojos que yo conocía bien. Sentí un pinchazo en el pecho, un tri vs interno: el trío que imaginaba en mi cabeza chocando contra mis celos posesivos.

¿Y si él la prefiere a ella? ¿Y si soy yo la que sobra?
Pero el calor entre mis piernas me traicionaba. Quería verlos, quería sentirlos.

"¿Bailamos?" propuso Sofía, poniéndose de pie y jalándome la mano. Marco conectó la bocina con salsa suave, ese ritmo que te hace mover las caderas sin querer. Sus cuerpos rozaron el mío mientras bailábamos en círculo, el sudor empezando a perlar nuestras pieles. El olor de su perfume, vainilla y algo más salvaje, se mezclaba con mi loción de jazmín. Marco me tomó por la cintura, su erección presionando contra mi culo, y Sofía se pegó a su frente, sus tetas rozando su pecho.

El beso empezó inocente, entre Marco y yo, pero Sofía se unió, sus labios suaves rozando mi cuello. Sabían a tequila y a deseo puro. Mi corazón latía como tambor, pum-pum, contra mis costillas. "¿Estás segura, mi amor?" murmuró Marco en mi oído, su aliento caliente haciendo que se me erizaran los vellos. Asentí, la voz ronca: "Neta, sí. Pero soy yo la que manda aquí".

Nos movimos al sillón, las manos explorando. Sofía desabrochó mi vestido, dejando que cayera al piso con un susurro de tela. Mis pezones se endurecieron al aire fresco, y ella los lamió despacio, su lengua cálida y juguetona. Qué rico, como terciopelo mojado. Marco observaba, su verga ya dura bajo los pantalones, el bulto tentador. Le quité la camisa, besando su pecho salado, inhalando su olor a hombre, a colonia y sudor limpio.

El tri vs rugía en mi mente: mis celos contra esta ola de placer que me ahogaba.

Si la toca demasiado, lo paro. Pero Dios, cómo me excita verla gemir bajo sus dedos.
Sofía se arrodilló, bajándole el cierre a Marco. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando. Ella la tomó en la boca, chupando con hambre, los labios estirados, saliva brillando en la luz ámbar. Yo me masturbaba viéndolos, mis dedos hundiéndose en mi panocha húmeda, el sonido chap-chap llenando la habitación.

Marco me jaló hacia él, besándome con furia mientras Sofía seguía mamándosela. "Eres la más rica, Luisa", jadeó, y eso calmó un poco el torbellino en mi cabeza. La llevé al cuarto, la cama king size esperándonos con sábanas de satén negro. El aire olía a sexo inminente, a feromonas y velas de vainilla. Nos quitamos todo, cuerpos desnudos entrelazándose. Sofía entre mis piernas, lamiendo mi clítoris con maestría, su lengua danzando círculos que me hacían arquear la espalda. El sabor de mi propia excitación en su boca cuando nos besamos después... ácido dulce, adictivo.

Marco se posicionó detrás de ella, frotando su verga contra su culo redondo. "¿Quieres que te coja, Sofi?" preguntó, y ella gimió un "Sí, pendejo, ya" que nos hizo reír entre jadeos. Entró en ella despacio, el slap-slap de piel contra piel uniéndose a nuestros moans. Yo la besaba, pellizcando sus pezones duros como piedras, mientras Marco la embestía. El colchón rebotaba, el sudor nos pegaba, el olor almizclado de su coño mojado impregnando todo.

Cambié de posición, montando la cara de Sofía mientras Marco me penetraba a mí desde atrás. Su verga me llenaba, estirándome deliciosamente, cada thrust golpeando mi punto G. El roce de su pubis contra mi clítoris, el peso de Sofía bajo mi cuca, su lengua lamiendo donde nos uníamos... Era overload sensorial: el calor de sus cuerpos, el slap de carne, los gemidos roncos, el sabor salado de su piel cuando lamí el cuello de Marco. Mis uñas se clavaban en sus hombros, dejando marcas rojas.

El clímax se acercaba como tormenta. "Me vengo, cabrones", grité, mi cuerpo convulsionando, chorros de placer escapando mientras apretaba la verga de Marco. Sofía se corrió después, temblando bajo mi peso, su grito ahogado en mi muslo. Marco nos siguió, sacando su verga y eyaculando sobre nuestras tetas, chorros calientes y pegajosos que lamimos mutuamente, el sabor amargo y salado en la lengua.

Nos quedamos tendidos, jadeantes, el silencio roto solo por respiraciones pesadas. El aire fresco de la ventana abierta secaba nuestro sudor, enviando escalofríos placenteros. Marco me abrazó por detrás, Sofía acurrucada al frente, su mano en mi teta. El tri vs había terminado: los celos perdieron, el placer ganó.

Neta, esto nos unió más. ¿Repetimos pronto?

Al día siguiente, con café en mano y el sol filtrándose por las cortinas, hablamos. "Fue chido, ¿verdad?" dijo Sofía, guiñando. Marco asintió, besándome la sien. Yo sonreí, el cuerpo aún zumbando de recuerdos. Ese tri vs celos se convirtió en nuestra nueva normalidad, un secreto caliente que nos hacía más fuertes. Porque al final, el amor verdadero no teme compartir el placer.

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