Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Mi Esposa Quiere Hacer un Trío Mi Esposa Quiere Hacer un Trío

Mi Esposa Quiere Hacer un Trío

8065 palabras

Mi Esposa Quiere Hacer un Trío

La noche caía sobre la Ciudad de México como un manto caliente y pegajoso, con ese olor a elotes asados y smog que se mete hasta los huesos. Valeria y yo estábamos en nuestro depa en Polanco, tirados en el sofá con un par de chelas frías en la mano. Ella, mi vieja de cinco años, con su piel morena brillando bajo la luz tenue de las velas que prendí pa' ambientar, me miró con esos ojos cafés que siempre me ponían la verga dura de un jalón.

¿Qué pasa, carnal? le dije, pasando la mano por su muslo suave, sintiendo el calor que subía de su piel a la mía. Ella se mordió el labio, ese gesto que me volvía loco, y soltó un suspiro largo, como si estuviera guardando un secreto choncho.

"Órale, Alejandro, neta que te lo voy a decir. Mi esposo quiere hacer un trío... espera, no, mi esposo no, ¡yo quiero hacer un trío contigo! ¿Qué te parece?"

Me quedé pasmado, la chela a medio camino de la boca. ¿Un trío? Valeria, la reina del sexo vainilla, la que me chupaba la verga como diosa en las mañanas de resaca, ahora quería meter a un tercero. Sentí un cosquilleo en el estómago, mezcla de celos punzantes y una excitación que me hizo apretar los huevos. El aire se cargó de repente con su perfume a vainilla y jazmín, y el sonido de su respiración acelerada llenó la sala.

La besé fuerte, probando el sabor salado de sus labios y el dulzor de la chela en su lengua. Si es lo que quieres, mi reina, lo hacemos, le respondí, mientras mi mente daba vueltas. ¿Con quién? ¿Un desconocido? ¿Algún wey del gym? La idea me ponía nervioso, pero ver su cara iluminada de deseo me hacía sentir como el cabrón más chingón del mundo.

Al día siguiente, en el trabajo, no podía concentrarme. Cada rato me llegaba un mensajito de ella: "Piensa en las dos vergas que te van a complacer" o "Quiero verte cogiendo mientras me chupan". Mi verga se paraba sola bajo el escritorio, y el olor a café de la oficina se mezclaba con mi sudor nervioso. Neta, mi esposa quiere hacer un trío y yo estaba a punto de explotar de anticipación.

Escogimos un antro en la Zona Rosa, de esos con luces neón y reggaetón retumbando en los pechos. Llegamos vestidos pa' matar: yo con camisa negra ajustada, ella en un vestido rojo que le marcaba las chichis perfectas y el culo redondo que tanto me gustaba azotar. El lugar olía a sudor, perfume caro y tequila, y el bass de la música nos vibraba en el cuerpo como un latido extra.

Ahí lo vimos: Marco, un morro alto, atlético, con barba de tres días y sonrisa pícara. Valeria me apretó la mano, sus uñas clavándose en mi piel. Ése, mi amor, susurró al oído, su aliento caliente rozándome el lóbulo. Nos acercamos, chelas en mano, y la plática fluyó chida. Él era de Guadalajara, en la ciudad por curro, soltero y abierto a aventuras. Sentí sus ojos recorriéndonos, deteniéndose en las curvas de Valeria, y un pinchazo de celos me subió por la espina, pero lo ahogué con un trago y la promesa de lo que vendría.

Salimos del antro con el pulso acelerado, el aire fresco de la noche golpeándonos las caras sonrojadas. En el Uber rumbo al depa, Valeria se sentó en medio, su mano en mi paquete apretando suave, mientras la de Marco subía por su muslo. Escuchaba sus risitas nerviosas, el roce de la tela del vestido, y olía su excitación mezclada con el cuero de los asientos. Mi corazón latía como tamborazo, mi esposa quiere hacer un trío y ya estaba pasando.

Entramos al depa y el ambiente cambió de golpe. Valeria prendió luces bajas, música suave de Maná de fondo, y nos sirvió tequilas en shots con sal y limón. El sabor picante del tequila me quemó la garganta, y cuando ella lamió la sal de mi cuello, su lengua húmeda y caliente me erizó la piel entera. Marco la miró con hambre, y yo asentí, dando el visto bueno.

Se besaron primero ella y él, de pie en medio de la sala. Yo me senté en el sofá, verga tiesa como fierro, viendo cómo las manos de Marco exploraban su espalda, bajando el zipper del vestido con lentitud tortuosa. El vestido cayó al piso con un susurro suave, revelando sus chichis firmes con pezones duros como piedras. Olía a su piel sudada, a deseo puro, y el sonido de sus besos chuposos me ponía al borde.

¿Estoy celoso? Sí, pero ver a mi vieja así de cachonda me hace sentir poderoso, como si yo dirigiera esta pinche película porno.

Valeria se giró hacia mí, ojos brillando. Vente, mi rey, dijo, y me jaló al beso. Sus labios sabían a tequila y a Marco, esa mezcla salada y masculina que me sorprendió al excitarme más. Las tres bocas se unieron en un enredo de lenguas, manos por todos lados: la de ella en mi verga, la mía en su concha ya mojada, la de él apretando sus nalgas.

Caminamos a la recámara, tropezando un poco, riendo como pendejos. La cama king size nos esperaba, sábanas frescas oliendo a lavanda. Valeria se tiró de espaldas, abriendo las piernas con descaro. Mi esposo quiere hacer un trío, repetí en mi mente, pero era ella la que mandaba. Marco y yo nos desvestimos rápido, vergas al aire, las suyas gruesa y venosa, la mía palpitando de envidia sana.

Empecé chupándole las chichis, saboreando el sudor salado de su piel, mientras Marco le lamía el ombligo bajando despacio. Ella gemía bajito, ¡Ay, cabrones, qué rico!, sus caderas moviéndose al ritmo de nuestras lenguas. El cuarto se llenó de sonidos húmedos, de su coño chorreando, del slap de mi boca en su carne. Toqué la verga de Marco por curiosidad, dura y caliente, y él me miró con complicidad, sin mariconadas, puro vicio compartido.

Valeria se puso de rodillas, mamándonos a los dos. Su boca mágica pasaba de una a otra, succionando fuerte, saliva goteando por nuestras bolas. Sentía el calor de su garganta, el roce de sus dientes suaves, y veía cómo Marco cerraba los ojos de placer. Es mía, pero esta noche es de todos, pensé, mientras le metía los dedos en el pelo.

La tensión crecía como tormenta. La puse a cuatro patas, yo atrás cogiéndola despacio al principio, sintiendo su concha apretada envolviéndome, jugos calientes resbalando por mis huevos. Marco enfrente, ella mamándosela con ganas, el sonido de gorgoteos y mis embestidas llenando el aire. Olía a sexo puro, a panocha abierta y vergas sudadas. Cambiamos posiciones: él la cogía mientras yo le chupaba las chichis, sus pezones duros entre mis labios.

La escalada fue brutal. Valeria gritaba ¡Más duro, pendejos! ¡Córanme!, su voz ronca y mexicana hasta el fondo. Sudor nos pegaba la piel, pulsos latiendo al unísono. La volteamos, yo debajo, ella encima rebotando en mi verga, Marco metiéndosela por atrás en el culo que tanto había preparado con lubricante fresco y olor a cereza. Doble penetración, sus paredes apretándonos, gemidos triples resonando como eco en las paredes.

El clímax llegó como avalancha. Sentí sus contracciones primero, su concha ordeñándome, luego Marco gruñendo al correrse dentro, y yo explotando con chorros calientes que me vaciaron el alma. Valeria temblaba entre nosotros, ¡Sí, sí, mis amores!, su orgasmo mojándonos a todos.

Nos derrumbamos en un enredo de cuerpos exhaustos, pieles pegajosas brillando bajo la luz. El cuarto olía a semen, sudor y satisfacción, el silencio roto solo por respiraciones pesadas. Marco se vistió pronto, nos dio un abrazo fraterno y se piró con una sonrisa, prometiendo discreción.

Valeria y yo nos quedamos abrazados, su cabeza en mi pecho, mi mano acariciando su culo adolorido pero feliz. ¿Fue chido, mi rey? murmuró, besándome el cuello. Más que chido, fue inolvidable, le dije, sintiendo una conexión más profunda. Mi esposa quiso hacer un trío y nos unió más, rompiendo barreras con placer puro. Ahora, cada mirada suya me recuerda esa noche, y ya planeamos la próxima aventura.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.