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Donna Summer Try Me

6520 palabras

Donna Summer Try Me

El calor del verano en la Ciudad de México te envuelve como un abrazo pegajoso mientras entras al antro en la Roma. Las luces estroboscópicas parpadean al ritmo de la música disco que retumba en tus huesos, y el aire huele a perfume barato mezclado con sudor fresco. Qué chido lugar, piensas, mientras el DJ suelta un clásico: Donna Summer Try Me. La voz sensual de la reina del disco llena el espacio, "Try me, I know we can make it", y sientes un cosquilleo en la nuca, como si la letra te estuviera llamando directamente.

Tú, con tu camisa ajustada pegada a la piel por la humedad, te abres paso entre la multitud. Tus ojos recorren el salón hasta que la ves: ella, bailando sola en la pista, con un vestido rojo ceñido que resalta sus curvas generosas. Su cabello negro cae en ondas salvajes, y su piel morena brilla bajo las luces. Mueve las caderas con una confianza que te hace tragar saliva. Neta, está cañona, te dices, mientras tu pulso se acelera. Ella gira y sus ojos se clavan en los tuyos. Sonrisa pícara. Te hace una seña con el dedo, como diciendo ven aquí, wey.

Te acercas, el bajo de la canción vibrando en tu pecho. "¡Hola! ¿Bailas o qué?", grita ella por encima de la música, su voz ronca y juguetona con ese acento chilango puro. "¡Claro que sí, preciosa! ¿Cómo te llamas?", respondes, oliendo ya su perfume dulce, vainilla y algo más primitivo. "Donna", dice riendo, "como la de la rola que está sonando. Donna Summer Try Me, ¿la conoces?". Tú asientes, sintiendo el calor de su cuerpo cerca. "¡Y cómo no! Try me, I know we can make it", le contestas guiñando un ojo, y ella se ríe, pegándose a ti al ritmo.

Acto uno de esta noche loca: bailan pegados, sus caderas rozando las tuyas en cada giro. Sientes la suavidad de su vestido contra tus jeans, el roce de sus pechos firmes contra tu torso. El sudor perla en su cuello, y no puedes evitar inclinarte para olerlo: salado, mezclado con su esencia femenina que te pone duro al instante. "Me traes loco, Donna", murmuras en su oído, y ella gira la cabeza, sus labios a centímetros. "Pruébame entonces, wey. Try me", susurra, y su aliento cálido te eriza la piel.

La tensión crece con cada canción. Sus manos recorren tu espalda, bajando hasta tu culo, apretando juguetona. Tú respondes, acariciando su cintura, subiendo despacio por sus costados hasta rozar la curva de sus senos. El antro palpita a su alrededor: risas, vasos chocando, el olor a tequila y cigarro en el aire. Pero solo existe ella.

¿Qué carajos estoy haciendo? Esto va en serio, carnal. Su piel quema como el verano eterno de esta pinche ciudad.
Piensas, mientras la música pasa a otro hit de Donna Summer, la voz invitando al pecado.

De repente, ella te toma de la mano. "Vamos a algún lado más privado", dice, sus ojos brillando con deseo puro. Salen del antro, el aire nocturno fresco contrastando con el calor de sus cuerpos. Caminan unas cuadras hasta su depa en un edificio chido de la colonia, risas nerviosas entre ellos. "Entra, no muerdo... mucho", bromea abriendo la puerta. El lugar huele a incienso y café fresco, luces tenues, posters de música disco en las paredes.

Adentro, la escalada comienza de verdad. Se besan contra la puerta, hambrientos. Sus labios suaves y carnosos saben a chicle de fresa y ron, su lengua danzando con la tuya en un duelo húmedo. Tus manos exploran: desabrochas su vestido, que cae al suelo revelando lencería negra que abraza sus tetas perfectas, pezones duros asomando. "Qué rica estás, Donna", gimes, y ella te quita la camisa, arañando tu pecho con uñas pintadas de rojo. Sientes sus pechos contra ti, cálidos y pesados, el latido de su corazón acelerado como tambores.

La llevas al sofá, tumbándola suave. Besas su cuello, lamiendo el sudor salado, bajando por su clavícula hasta sus senos. Chupas un pezón, duro como piedra, y ella arquea la espalda gimiendo "¡Ay, wey, sí! No pares". Su piel sabe a miel y deseo, olor a excitación subiendo desde entre sus piernas. Tus dedos bajan, rozando su tanga empapada. "Estás chorreando, preciosa", dices, y ella ríe jadeante: "Es por ti, pendejo. Quítamelo ya". La desnudas, admirando su coño depilado, labios hinchados brillando de jugos.

Te arrodillas, inhalas su aroma almizclado, embriagador. Lamés despacio, saboreando su dulzor ácido, lengua en su clítoris hinchado. Ella agarra tu pelo, caderas moviéndose "¡Qué rico, cabrón! Más fuerte". Gemidos llenan la habitación, mezclados con el eco lejano de la ciudad. Tu verga palpita en los jeans, dura como acero, pre-semen mojando la tela.

No aguanto más, neta. Quiero estar adentro, sentirla apretarme.

Escalada máxima: ella te jala arriba, desabrocha tus pantalones. Tu pija salta libre, venosa y tiesa. "Mmm, qué verga tan chula", dice masturbándote lento, pulgar en el glande sensible. Te montas, frotas la punta en su entrada húmeda, lubricándola. "Cógeme ya, amor", suplica, y entras despacio. ¡Joder! Su calor vaginal te envuelve como terciopelo mojado, apretando cada centímetro. Empujas profundo, ella gime alto, uñas en tu espalda.

Follan ritmado, sudando a chorros. El sofá cruje, piel contra piel chapoteando. Cambian: ella encima, cabalgando salvaje, tetas rebotando, cabello azotando. Tú aprietas su culo redondo, azotando suave "¡Así, Donna, qué nalgas!". Ella acelera, coño contrayéndose "¡Me vengo, wey! ¡Sí!". Su orgasmo la sacude, jugos chorreando por tus bolas, grito gutural. Tú aguantas, voltean, perrito: entras duro, viendo su culo perfecto, mano en su clítoris. "¡Córrete adentro!", pide, y explotas, semen caliente llenándola, pulsos interminables.

Colapsan jadeantes, cuerpos entrelazados, piel pegajosa de sudor y fluidos. El olor a sexo impregna el aire, mezclado con su perfume. Besos suaves ahora, caricias tiernas. "Qué chingón estuvo eso", murmura ella, acurrucándose en tu pecho. Tú acaricias su cabello, sintiendo paz. Donna Summer Try Me, piensas sonriendo, la canción que lo empezó todo. Afuera, la ciudad duerme bajo las estrellas veraniegas, pero aquí, el afterglow dura eterno.

Se quedan así horas, hablando pendejadas, riendo de la noche loca. Ella te invita café, y sabes que esto no termina aquí. Un beso final, promesa de más. Sales al amanecer, el cuerpo satisfecho, el alma ligera. Neta, try me whenever, Donna.

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