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El Trío Creador de Placeres

6961 palabras

El Trío Creador de Placeres

Era una noche calurosa en la Condesa, de esas que te hacen sudar la gota gorda aunque estés en un depa con aire acondicionado. Yo, Ana, acababa de llegar al estudio de Marco y Luis, dos creadores de contenido que la armaban en redes con sus videos de lifestyle y fitness. Me habían invitado a un collab especial, algo que llamaban trío creador, un rollo sensual para probar límites y enganchar followers. El corazón me latía como tamborazo en quinceañera mientras subía en el elevador, oliendo a mi perfume de vainilla mezclado con el nerviosismo que me hacía apretar las piernas.

La puerta se abrió y ahí estaban ellos, sonrientes, con camisetas ajustadas que marcaban sus pechos duros y brazos tatuados. Marco, el moreno de ojos verdes, me dio un abrazo que duró un segundo de más, su mano rozando mi cintura. ¡Qué onda, nena! Al fin llegaste para nuestro trío creador, dijo con esa voz ronca que me erizaba la piel. Luis, el güero alto con barba de tres días, me plantó un beso en la mejilla, su aliento fresco a menta invadiendo mis sentidos. Esto va a estar chingón, Ana. Prepárate para crear magia.

El estudio era un paraíso: luces suaves, una cama king size con sábanas de satén negro, cámaras listas en trípodes. Nos sentamos en el borde de la cama, charlando de todo y nada, pero el aire ya estaba cargado de electricidad. Yo llevaba un vestido rojo ceñido que dejaba ver mis curvas, y sentía sus miradas devorándome. ¿Y si de verdad pasa algo? ¿Estoy lista para esto?, pensé, mientras un cosquilleo subía por mi entrepierna.

Empezamos a grabar. La idea era un video de masajes eróticos, inocente al principio. Marco se puso detrás de mí, sus manos grandes y cálidas en mis hombros, amasando con aceite que olía a coco y jazmín. Relájate, güeyita, murmuró al oído, su aliento caliente haciendo que se me pusieran los vellos de punta. Luis se arrodilló frente a mí, masajeando mis pies, subiendo despacio por las pantorrillas. El sonido de sus respiraciones profundas llenaba el cuarto, mezclado con el zumbido bajo de las cámaras.

Esto no es solo un video. Sus toques queman como chile habanero, y mi cuerpo responde sin permiso. ¿Cómo carajos me metí en esto?

La tensión creció como olla exprés. Mis pezones se endurecieron bajo el vestido, traicionándome. Luis notó y sonrió pícaro. ¿Te gusta, Ana? Dinos qué quieres. Asentí, la voz ronca: Sigan... no paren. Marco deslizó las manos por mi espalda, bajando el cierre del vestido con lentitud agonizante. La tela cayó, dejando mis tetas al aire, piel expuesta al fresco del aire que contrastaba con el calor de sus palmas. Luis besó mi muslo interno, su barba raspando deliciosamente, lengua trazando líneas húmedas que me hicieron gemir bajito.

Ya no era grabación. Era real, puro instinto. Me recosté en la cama, ellos dos a mis lados como guardianes del placer. Marco chupó mi cuello, mordisqueando suave, saboreando mi sudor salado. Eres una diosa, pinche rica, gruñó. Luis lamió mis pezones, succionando con hambre, el sonido chupeteo húmedo resonando en mis oídos. Mis manos exploraban: una en el pecho velludo de Marco, la otra bajando al bulto duro de Luis en los pantalones. Lo desabroché, liberando su verga gruesa, venosa, que palpitaba caliente en mi palma. Olía a hombre, a deseo crudo.

No puedo creerlo. Dos vergas para mí, listas para crear el mejor trío creador de mi vida. Mi panocha late, empapada, rogando.

Me quitaron las bragas con reverencia, exponiendo mi coñito depilado y brillante de jugos. Luis se hundió entre mis piernas primero, lengua plana lamiendo mi clítoris hinchado, sorbiendo mis fluidos con deleite. Sabrosa como tamal en fiesta, dijo entre lamidas. Marco me besó profundo, su lengua invadiendo mi boca, saboreando a menta y a mí misma. Gemí en su boca, caderas arqueándose contra la cara de Luis, el roce de su nariz en mi monte de Venus enviando chispas por mi espina.

Cambiaron posiciones. Ahora Marco lamía mi entrada, metiendo lengua profunda, follándome con ella mientras sus dedos frotaban mi ano con aceite resbaloso. Luis se puso de rodillas, ofreciendo su verga a mi boca. La tomé, labios estirándose alrededor de la cabeza morada, saboreando el precum salado y almizclado. Chupé con ganas, garganta relajada, oyendo sus jadeos roncos: ¡Así, mamacita! Trágatela toda. El cuarto apestaba a sexo: sudor, jugos, aceite, un perfume embriagador que me volvía loca.

La intensidad subió. Me monté en Marco, su verga gruesa abriéndome centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. El estiramiento ardía rico, paredes vaginales apretándolo como guante. ¡Qué apretadita, carajo!, rugió él, manos en mis caderas guiándome. Luis detrás, untando más aceite, dedo entrando en mi culo despacio, preparándome. ¿Quieres el trío creador completo, nena?. Asentí frenética, Sí, métemela, pendejos. Fóllenme ya.

Luis empujó, su punta rompiendo resistencia, deslizándose en mi recto apretado. El doble llenado me partió en dos de placer, un grito ahogado saliendo de mi garganta. Se movieron en ritmo perfecto, uno entra, otro sale, fricción infernal contra la delgada pared que los separaba. Sentía cada vena, cada pulso, piel contra piel chapoteando húmedo. Mis tetas rebotaban, sudor goteando por mi espalda, olor a sexo intensificándose.

Estoy en el cielo. Sus vergas me follan como en sueños prohibidos, creando un orgasmo que se arma desde las tripas. No aguanto más.

El clímax llegó como tsunami. Primero Luis, gruñendo ¡Me vengo, puta madre!, caliente semen inundando mi culo. Eso disparó a Marco, quien embistió brutal, eyaculando profundo en mi coño, chorros calientes golpeando mi cervix. Yo exploté entre ellos, paredes convulsionando, squirt salpicando sábanas, grito rasgando el aire. ¡Síii, cabrones! ¡Me vengooo!. Olas de éxtasis me barrieron, visión borrosa, cuerpo temblando, piel hipersensible a cada roce.

Colapsamos en un enredo sudoroso, respiraciones entrecortadas, risas cansadas. Marco me besó la frente, Ese trío creador fue épico, Ana. Luis acarició mi pelo, La mejor collab de nuestra vida. Me quedé ahí, entre sus brazos fuertes, sintiendo el semen goteando lento de mis agujeros, el afterglow envolviéndome como manta tibia. El cuarto aún olía a nosotros, a placer compartido.

Apagamos cámaras, pero el video quedaría como recuerdo eterno. Salimos a la terraza, cervezas frías en mano, platicando del futuro. Esto no fue solo sexo. Creamos algo real, un lazo que vibra en la piel. La noche mexicana nos arrulló con luces de la ciudad, y supe que el trío creador apenas empezaba.

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