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El Ardiente Trio de Genios Pokemon

6489 palabras

El Ardiente Trio de Genios Pokemon

Sofía caminaba por los pasillos iluminados del gran centro Pokémon en Cancún, el aire cargado con el olor a mar salado y el zumbido emocionado de la multitud. Era el torneo anual, y ella, con su medalla reluciente del último gimnasio, se sentía invencible. Su piel bronceada brillaba bajo el sol filtrado por las ventanas, y su short ajustado marcaba sus curvas mientras cargaba su Pokéball favorita. De repente, los vio: el Trio de Genios Pokémon, los tres entrenadores más cabrones y listos del circuito. Luis, el alto y moreno con ojos penetrantes; Carlos, el musculoso con sonrisa pícara; y Marco, el delgado pero atlético, con ese aire de intelectual cachondo.

¡Órale, mira nomás quién anda por aquí! —gritó Luis, acercándose con su voz grave que le erizaba la piel—. Sofía, la reina de las batallas rápidas. ¿Vienes a vernos destrozar a todos?

Ella sonrió, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Neta, estos weyes eran legendarios no solo por sus estrategias de genios, sino porque corrían rumores de que en privado formaban un trío que volvía locas a las entrenadoras. Su corazón latió más fuerte al oler su colonia mezclada con sudor fresco de la arena de batalla.

¿Y si me animo? Piensa, Sofía, tres vergas expertas como las suyas... neta me mojo con solo imaginarlo.

El día pasó en un torbellino de batallas. Sofía los vio en acción: Pikachu de Luis descargando rayos precisos, Charizard de Carlos rugiendo llamas controladas, y el Alakazam de Marco teletransportándose como un dios. Cada grito de victoria hacía vibrar el aire, y ella apretaba los muslos, imaginando esas voces gimiendo su nombre. Al final, ganaron el torneo, y la invitaron a su suite en el hotel frente al mar.

—Ven a platicar estrategias, carnala —dijo Marco, guiñándole el ojo—. O lo que surja.

La suite era chingona: balcón con vista al Caribe, luces tenues y una cama king size que gritaba pecado. Entró, el aire fresco oliendo a coco y ron. Se sentaron en el sofá de cuero suave, sus piernas rozándose accidentalmente. Luis le sirvió un trago, sus dedos gruesos rozando los suyos, enviando chispas por su espina.

—Cuéntanos, Sofía, ¿cómo le haces para que tus Pokémon se pongan tan... intensos? —preguntó Carlos, su mano posándose en su rodilla, subiendo despacio.

Ella tragó saliva, el calor subiendo por su pecho. Estos pendejos saben jugar. —Es pura química, wey. Como lo que siento ahorita.

La tensión creció como una tormenta. Marco se acercó por el otro lado, su aliento cálido en su cuello. —Somos el Trio de Genios Pokémon, pero contigo queremos ser algo más... carnal.

Sofía giró la cabeza, besando a Marco primero. Sus labios eran suaves pero urgentes, saboreando a tequila y deseo. Luis no se quedó atrás; le quitó la blusa, exponiendo sus chichis firmes al aire acondicionado, pezones endureciéndose al instante. Carlos besó su abdomen, lengua trazando círculos húmedos que la hicieron arquear la espalda.

¡Madre santa, tres bocas a la vez! Mi panocha palpita como si tuviera vida propia.

Se pusieron de pie, quitándose la ropa en un frenesí. La verga de Luis saltó libre, gruesa y venosa, oliendo a hombre puro. Carlos tenía la suya más larga, curvada perfecta para golpear hondo. Marco, aunque más delgado, la tenía tiesa como acero, goteando precum que brillaba. Sofía se arrodilló, el piso alfombrado suave bajo sus rodillas, y los tomó en las manos, sintiendo el pulso acelerado en cada una.

Chúpala, reina —gruñó Luis, y ella obedeció, metiéndose la de Carlos primero. El sabor salado la invadió, su lengua girando alrededor del glande mientras Marco le masajeaba las tetas, pellizcando los pezones hasta hacerla gemir alrededor de la carne. Luis se masturbaba viéndola, su respiración jadeante llenando la habitación.

La llevaron a la cama, el colchón hundiéndose bajo sus cuerpos. Sofía se recostó, piernas abiertas, su coño depilado reluciendo de jugos. Carlos se hundió primero, su verga abriéndola centímetro a centímetro, el estiramiento delicioso quemándola de placer. —¡Está bien chingona tu panocha, tan apretada! —jadeó él, embistiéndola lento al principio, el sonido de piel chocando húmeda resonando.

Luis se posicionó sobre su pecho, metiéndosela en la boca mientras Marco lamía su clítoris, lengua experta como en una batalla Pokémon. Cada chupada era un rayo, su cuerpo convulsionando. Olía a sexo puro: sudor, fluidos, el mar lejano. Sus gemidos se mezclaban con los suyos, roncos y animales.

Cambiaron posiciones, la tensión escalando. Sofía cabalgó a Marco, su verga golpeando su punto G con cada bajada, tetas rebotando. Luis la penetró por atrás, doble penetración que la llenó hasta el límite. —¡Sí, cabrones, fóllanme así! —gritó, uñas clavándose en la espalda de Marco. Carlos se masturbaba frente a ella, eyaculando chorros calientes en sus chichis, el semen tibio resbalando por su piel.

No puedo más, voy a explotar. Estos genios me van a romper de gusto.

El ritmo se volvió frenético. Luis salía y entraba sincronizado con Marco, sus bolas chocando contra su culo. Ella sentía cada vena, cada pulso, el calor acumulándose en su vientre. Marco gruñó primero, corriéndose dentro de ella, semen caliente inundándola. Eso la empujó al borde; su orgasmo la sacudió como un Terremoto, paredes contrayéndose, jugos chorreando por sus muslos.

Luis la siguió, llenándole el culo con su leche espesa, gimiendo su nombre. Se derrumbaron en un enredo de cuerpos sudorosos, respiraciones entrecortadas, el aire pesado con olor a corrida y piel satisfecha. Carlos la besó tierno, limpiándole el semen con la lengua.

Después, en la afterglow, yacían en la cama con vista al mar nocturno, olas rompiendo suaves. Sofía acurrucada entre ellos, mano en la verga floja de Luis, sintiendo su calor residual.

—Neta, el mejor equipo que he formado —susurró ella, riendo bajito.

—Y apenas empezamos, mi amor —dijo Marco, besándole el hombro—. El Trio de Genios Pokémon siempre gana en equipo.

El deseo no se apagó del todo; quedó un hormigueo prometedor, sabiendo que al amanecer batallarían de nuevo... en la arena y en la cama. Sofía cerró los ojos, el corazón pleno, el cuerpo marcado por su pasión compartida.

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