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Imma Try It Out En Tu Culo Virgen

6326 palabras

Imma Try It Out En Tu Culo Virgen

La noche en nuestra casa de playa en Puerto Vallarta olía a mar salado mezclado con el aroma dulce de las velas de coco que acababa a de encender. Yo, Karla, de veintiocho años, con mi piel morena brillando bajo la luz tenue, me miré en el espejo del baño. Mi culo redondo y firme, ese que Marco tanto baboseaba, estaba listo para algo nuevo. Habíamos platicado de esto por semanas, neta, en esas charlas calientes después de chingar como locos. "Imma try it out", le dije una vez en spanglish, riéndome nerviosa, y él se prendió como diablo.

Marco entró al cuarto, su cuerpo atlético sudado del gym de la tarde, con esa sonrisa pícara que me hacía mojarme al instante. Llevaba solo unos bóxers ajustados que marcaban su verga gruesa, ya medio parada. "Wey, ¿estás segura, mi reina?", me preguntó con esa voz ronca que me erizaba la piel. Lo jalé de la mano hacia la cama king size, con sábanas de algodón egipcio suaves como caricia. El ventilador zumbaba perezoso, moviendo el aire cálido que traía olor a jazmín del jardín.

¡Ay, Dios, mi culito virgen va a sentir esa tranca por primera vez! Me da un chingo de nervios, pero me late cañón. Quiero sentirme llena, empoderada, como la puta diosa que soy para él.

Nos besamos lento, sus labios carnosos saboreando mis jugos de la boca, lengua danzando con la mía en un ritmo que aceleraba mi pulso. Sus manos grandes recorrían mi espalda, bajando hasta apretar mis nalgas, separándolas un poquito. Gemí bajito, sintiendo el calor subir por mi entrepierna. "Despacio, amor", susurré, mientras le quitaba los bóxers. Su verga saltó libre, venosa y dura, con ese olor masculino que me volvía loca, como tierra mojada después de lluvia.

Me puse de rodillas en la cama, el colchón hundiéndose suave bajo mi peso. Lamí la punta de su pija, salada y pre-cumosa, chupando despacio mientras lo veía a los ojos. Él gruñó, "¡Chíngame, Karla, qué rica boca!". Le di un sloppy bien chido, saliva chorreando, mis tetas rebotando con cada movimiento. Pero en mi mente, el deseo crecía: quería más, quería probarlo todo.

Acto uno cerrado, pasamos al foreplay heavy. Marco me tumbó boca abajo, besando mi nuca, lamiendo la curva de mi espinazo hasta llegar a mis pompis. El roce de su barba incipiente me picaba delicioso, enviando chispas a mi clítoris. Sacó el lubricante de sabores, frambuesa, que olía dulce y pegajoso. Untó sus dedos, fríos al principio, y empezó a masajear mi ano con círculos suaves.

"Relájate, mi vida", murmuró, mientras yo mordía la almohada, el corazón latiéndome en los oídos como tambor de cumbia.

El dedo índice entró poquito a poco, resbaloso y tibio ahora por mi calor interno. Sentí una presión rara, no duele, pero llena, como si mi cuerpo despertara un nuevo nervio. Jadeé, empujando hacia atrás instintivamente. "¡Así, wey, más!", le pedí, la voz ahogada en placer. Él metió un segundo dedo, abriéndome despacio, mientras su otra mano frotaba mi panocha empapada. Mis jugos chorreaban por mis muslos, olor a excitación femenina invadiendo la habitación, mezclado con su sudor fresco.

¡Puta madre, esto es otro nivel! Cada roce manda ondas hasta mi útero. Imma try it out de verdad, no hay vuelta atrás. Me siento sucia y poderosa, como en esas novelas eróticas que leo a escondidas.

La tensión subía como olla exprés. Me volteó, me puso a gatas, mi culo en pompa hacia él. El espejo del clóset reflejaba la escena: yo arqueada, tetas colgando pesadas, él arrodillado detrás con la verga lubricada brillando. "Dime si quieres parar", dijo serio, pero sus ojos ardían de deseo mutuo. "¡No, chingame ya!", grité, empoderada, guiando su punta a mi entrada trasera.

La cabeza entró primero, estirándome como nunca. Un ardor agudo me hizo tensarme, pero respiré hondo, oliendo su piel tostada por el sol. Él paró, besando mi espalda, susurrando "Te amo, relájate". Poco a poco, centímetro a centímetro, su tranca me invadió. Sentí cada vena pulsando contra mis paredes internas, un fullness abrumador que me hacía temblar. Cuando estuvo todo adentro, pelotas contra mi panocha, gimió fuerte: "¡Qué culito apretado, Karla!".

Empezó a moverse lento, saliendo casi todo y entrando profundo. El slap-slap de piel contra piel resonaba, mezclado con mis alaridos y sus gruñidos guturales. Sudor nos cubría, gotas cayendo en mi espalda como lluvia caliente. Mi clítoris latía solo, rozando la sábana con cada embestida. Alcé la mano para frotarlo, círculos rápidos, mientras él aceleraba, sus manos clavándose en mis caderas.

El medio acto explotaba en intensidad. Cambiamos a misionero anal, yo con piernas abiertas, viéndolo penetrarme en el espejo. Sus músculos flexionándose, mi cara de puro éxtasis. "¡Más duro, pendejo!", lo reté juguetona, y él obedeció, chingándome como animal. El olor a sexo crudo, lubricante y fluidos, nos envolvía como niebla. Mi ano se acostumbraba, ahora puro placer, ondas de orgasmo building up desde lo profundo.

Neta, nunca imaginé que mi culito virgen me daría este rush. Cada empujón es fuego líquido, mi alma se deshace. ¡Imma try it out fue la mejor decisión, wey!

El clímax llegó como tsunami. Sentí mi panocha contraerse primero, chorros calientes salpicando su abdomen. Grité su nombre, el mundo blanco por segundos, pulsos en cada célula. Él se hinchó dentro de mí, rugiendo, llenándome con su leche caliente que chorreaba fuera. Colapsamos, su peso sobre mí reconfortante, corazones galopando al unísono.

En el afterglow, nos quedamos abrazados, el ventilador secando nuestro sudor pegajoso. Besos suaves, risas cansadas. "Fue épico, mi reina", murmuró, acariciando mi pelo revuelto que olía a su colonia. Yo sonreí, sintiendo mi ano sensible pero satisfecho, un cosquilleo lindo.

Esto nos unió más, nos abrió puertas nuevas. Imma try it out otra vez, y mil más. Soy suya, él mío, en cuerpo y alma.

La luna entraba por la ventana, testigo de nuestra entrega total. Dormimos entrelazados, el mar susurrando promesas de más noches así, calientes y sin límites.

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