El Tri Chilango Exiliado en Sudor de Pasión
Me bajé del avión en esa ciudad gringa con el corazón latiéndome como tambor de El Tri en pleno concierto. Chilango de hueso colorado exiliado por pinche trabajo que me arrastró hasta acá pero con la sangre hirviendo de nostalgia por el DF. Neta que extrañaba el olor a elotes asados en la calle el ruido de los cláxones y sobre todo esa vibra que te hace sentir vivo. Me instalé en un depa chido con vista a un parque lleno de árboles que no eran jacarandas pero igual me recordaban a casa. Esa noche primera no aguanté la soledad saqué mi laptop y puse Triste Canción de Amor de El Tri a todo volumen. La guitarra rasposa de Alex Lora me erizó la piel como si estuviera en el Palacio de los Deportes.
Al día siguiente caminé por las calles limpias demasiado limpias pa mi gusto y entré a un bar mexicano que olía a tequila y limón fresco. Ahí estaba ella morena de ojos negros como pozos de obsidiana con un cuerpo que gritaba ¡órale carnal! Vestida con una blusa ajustada que marcaba sus chichis perfectas y una falda que dejaba ver unas piernas morenas interminables. Se llamaba Luisa venida de Guadalajara pero con acento que me hacía derretir. Estaba sentada sola con una chela en la mano tarareando Abuso de Autoridad que sonaba bajito en los bocinas.
—Qué chido que pongan El Tri aquí ¿verdad? —le dije acercándome con mi mejor sonrisa chilanga.
Ella levantó la vista y me clavó esos ojos.
«¡Neta! Soy fan de la banda desde morrilla. Tú pareces chilango exiliado como yo que traes esa cara de extrañar el tacos al pastor.»Reí fuerte porque me había calado perfecto. Nos pusimos a platicar de El Tri de cómo Alex Lora nos representaba a los que andamos lejos de la madre patria. El aire del bar se llenó de humo de cigarros y ese aroma dulce a su perfume mezclado con sudor fresco. Nuestras rodillas se rozaron bajo la mesa y sentí un chispazo eléctrico que me subió por las piernas directo a la verga que ya empezaba a despertar.
La plática fluyó como tequila reposado. Le conté cómo me fui del DF por un curro en esta empresa gringa pero que cada noche ponía El Tri pa no volverme loco. Ella se reía con esa carcajada ronca que me ponía la piel de gallina. El tri chilango exiliado me bautizó ahí mismo como apodo y lo dijo con un guiño que me dejó seco la garganta. Pidió otra ronda de chelas y con cada trago su mano rozaba la mía más tiempo más intencional. Olía a vainilla y a algo más profundo como tierra mojada después de lluvia en el Valle de México. Mi mente volaba imaginando cómo sabría su piel.
Salimos del bar caminando por la noche fresca las luces de neón reflejándose en sus labios carnosos. El deseo crecía como bola de nieve. Llegamos a su depa un lugar acogedor con posters de rock mexicano y velas que olían a copal.
«Ven carnal entra que la noche está pa El Tri y pa más»dijo cerrando la puerta. Puso Niño Sin Amor y el riff de guitarra nos envolvió como niebla caliente.
Nos sentamos en el sofá sus muslos pegados a los míos. Hablamos de exilios de soledades pero el silencio entre palabras era puro fuego. Mi mano subió a su nuca acariciando el cabello negro sedoso suave como seda chinita. Ella suspiró y se acercó sus labios rozando los míos. El beso fue lento al principio lenguas explorando sabores a chela y menta. Su boca sabía dulce salada perfecta. Sus manos bajaron por mi pecho desabotonando la camisa con dedos temblorosos de ganas.
La tensión era cañón mi verga dura como piedra presionando contra el pantalón. La cargué en brazos su cuerpo liviano pero curvilíneo pegado al mío. Olía a sudor limpio y excitación esa esencia almizclada que te enloquece. La recosté en la cama las sábanas frescas contrastando con nuestra piel caliente. Le quité la blusa despacio admirando sus chichis firmes con pezones oscuros erectos como botones de chocolate. Los lamí suave succionando oyendo sus gemidos bajos como ronroneos de gata en celo. ¡Ay wey qué rico! murmuró arqueando la espalda.
Mis manos bajaron a su falda la arranqué junto con las calzones revelando su panocha depilada húmeda brillando bajo la luz tenue. El olor a sexo puro me golpeó como ola almizcle y miel. Metí un dedo despacio sintiendo su calor apretado sus jugos cubriéndome. Ella jadeaba agarrándome el pelo
«¡Más cabrón no pares el tri chilango exiliado!Su voz ronca me prendió más. La besé el cuello mordisqueando suave dejando marcas rojas como besos de fuego.
Me desnudó rápido mi verga saltó libre gruesa venosa palpitando por entrar en ella. Se arrodilló y la tomó en la boca lengua girando alrededor del glande saboreando el precum salado. El calor húmedo de su boca era paraíso chupaba tragaba gimiendo vibraciones que me subían por la columna. ¡Puta madre qué chingona! grité conteniendo las ganas de correrme ya. La tumbé boca arriba abrí sus piernas besando el interior de sus muslos suave piel morena temblando.
Llegué a su clítoris lo lamí en círculos succionando fuerte sus jugos inundándome la boca sabor ácido dulce adictivo. Sus caderas se movían al ritmo de El Tri que aún sonaba de fondo. Metí dos dedos curvándolos tocando ese punto que la hizo gritar ¡¡Sí ahí wey me vengo! Su cuerpo convulsionó orgasmos olas de placer mojándome la cara.
No aguanté más me puse encima de ella verga en la entrada frotando su humedad.
«Entra cabrón fóllame como en el DF»suplicó. Empujé despacio sintiendo su panocha envolviéndome apretada caliente como guante de terciopelo. Gemí fuerte el placer intenso cada centímetro era éxtasis. Empecé a bombear lento profundo sintiendo su interior contraerse masajeándome.
El ritmo subió mis embestidas fuertes cachetadas de piel contra piel sudor resbalando entre nosotros. Sus uñas en mi espalda arañando delicioso dolor mezclado con placer. Olíamos a sexo puro sudor y amor. La volteé a cuatro patas admirando su culo redondo perfecto lo azoté suave oyendo el chasquido y su ¡Más! La penettré desde atrás profundo tocando su alma mis bolas golpeando su clítoris.
La tensión crecía insoportable mi verga hinchada lista para explotar. Ella se venía otra vez gritando mi apodo el tri chilango exiliado como mantra. ¡Me vengo contigo! rugí y solté chorros calientes llenándola su panocha ordeñándome hasta la última gota. Colapsamos jadeantes cuerpos pegados sudor enfriándose en la piel.
Nos quedamos así abrazados el corazón latiendo al unísono. El eco de El Tri flotaba suave ahora.
«Qué chido exilio si trae noches así»murmuró besándome el pecho. Reí suave sintiendo paz por primera vez desde que dejé el DF. Mañana quién sabe pero esta noche el tri chilango exiliado encontró su casa en su piel. El olor a nosotros perduraba en las sábanas promesa de más rondas más pasión más vida.