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Aventura Tri Caliente

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Aventura Tri Caliente

El sol de la Riviera Maya me pegaba duro en la cara cuando bajé del camión en la playa de Tulum. Había pagado un chorro de lana por el adventure tri, ese paquete exclusivo que prometía tres días de pura adrenalina para tríos de aventureros. No traía pareja ni carnales, pero el anuncio decía que si ibas solo te emparejaban con otros locos como tú. Órale, pensé, qué chido va a estar. Sudaba como pendeja con mi mochila al hombro, oliendo a protector solar y sal marina, cuando vi el cartel: "¡Bienvenidos al Adventure Tri! Aventura en tríos para valientes".

Allí estaban ellos, Diego y Alex, dos morros bien formados que parecían salidos de un anuncio de gym. Diego, con su piel morena brillando bajo el sol, sonrisa pícara y ojos cafés que te desnudaban con la mirada. Alex, güero de ojos verdes, cuerpo atlético marcado por una camiseta ajustada que dejaba ver sus músculos tensos. Me saludaron con un "¡Qué onda, carnala! ¿Lista para el desmadre?". Su voz ronca, con ese acento yucateco juguetón, me erizó la piel. Les seguí el rollo: "Simón, weyes, nomás no me dejen atrás".

Pinche suerte la mía, dos machos alpha para mí sola. Siento el calor subiendo por mis muslos, no sé si es el sol o qué pedo.

El primer día arrancamos con un hike por la selva. El aire húmedo olía a tierra mojada y flores silvestres, hojas crujiendo bajo mis tenis. Diego iba adelante, su espalda ancha sudando, gotas resbalando por su cuello hasta perderse en su playera. Alex a mi lado, rozando mi brazo "sin querer" cada rato, su piel caliente contra la mía. "Cuidado con las raíces, reina", me decía, y su aliento cálido en mi oreja me ponía la piel chinita. Hablábamos pendejadas, riéndonos de todo, pero el aire se cargaba de algo más. Cada roce accidental mandaba chispas por mi cuerpo, mi corazón latiendo como tambor maya.

Llegamos al cenote escondido, un paraíso de agua turquesa rodeado de enredaderas. "¡Al agua, cabrones!", gritó Diego quitándose la camisa. Su torso desnudo, pectorales firmes y abdomen marcado, me dejó con la boca seca. Alex lo siguió, sus shorts mojándose al instante, marcando todo lo que traía debajo. Me quité el top y shorts quedando en bikini, sintiendo sus miradas devorándome. El agua estaba fría como hielo al principio, contrastando con mi piel ardiente. Nadamos, salpicándonos, cuerpos chocando en el agua cristalina. Diego me cargó en brazos, sus manos fuertes en mi cintura, mi pecho rozando el suyo. "Estás cañona, Carla", murmuró, su voz grave vibrando en mi piel. Alex se acercó por atrás, su erección presionando mi culo bajo el agua. "Neta, esto es el adventure tri perfecto", dijo riendo bajito.

Salimos empapados, el sol secándonos rápido. Nos tendimos en las rocas, compartiendo chelas frías que sabían a paraíso. El olor a cloro del cenote mezclado con su sudor masculino me mareaba. Conversamos de la vida, de amores pasados, de lo que buscábamos. "Yo quiero puro desmadre consensual, weyes", solté, y ellos asintieron con ojos hambrientos. La tensión crecía como tormenta, mis pezones duros contra la tela del bikini, mi concha palpitando de anticipación.

¿Qué chingados estoy haciendo? Pero se siente tan bien, tan vivo. Sus cuerpos cerca, listos para mí. No hay vuelta atrás.

La noche cayó como manto negro salpicado de estrellas. Nos instalamos en la cabaña rústica del paquete, con hamacas y velas parpadeantes. Cenamos tacos de cochinita recién hechos, el picante quemando la lengua, jugos resbalando por la barbilla. La plática se puso caliente: "Cuéntenme, ¿han hecho tríos antes?". Diego confesó un rollo en Cancún, Alex uno en Playa del Carmen. "Pero contigo sería épico", dijo Diego, su mano en mi muslo desnudo, subiendo despacio. El tacto áspero de su palma mandó ondas de placer directo a mi clítoris. Alex se acercó, besando mi cuello, su barba raspando suave. "Dinos sí, Carla. Todo consensual, puro gusto". Asentí, jadeando: "¡Simón, cabrones, háganmelo!".

Me levantaron entre los dos, llevándome a la cama king size cubierta de sábanas frescas. Diego me besó primero, sus labios carnosos devorando los míos, lengua explorando con hambre, saboreando a chile y cerveza. Alex desató mi bikini, sus manos expertas masajeando mis chichis, pellizcando pezones hasta endurecerlos como piedras. Gemí contra la boca de Diego, el sonido ecoando en la cabaña. Sus cuerpos presionaban el mío, piel contra piel caliente, sudor mezclándose. Olía a sexo inminente, almizcle y deseo puro.

Diego bajó por mi cuerpo, lamiendo mi ombligo, mordisqueando mis caderas. "Qué rica estás, morra", gruñó, enterrando la cara entre mis piernas. Su lengua en mi concha fue fuego líquido, lamiendo pliegues hinchados, chupando mi clítoris con succiones perfectas. Sabía mi jugo dulce y salado, gimiendo como si fuera el mejor manjar. Alex me besaba, su verga dura frotándose en mi mano mientras la pajeaba, gruesa y venosa, latiendo caliente. "Chúpamela, reina", pidió, y obedecí, tragándomela hasta la garganta, su sabor salado explotando en mi boca, sus caderas empujando rítmicas.

Cambiaron posiciones como en un baile perfecto. Alex se hundió en mí de rodillas, su verga abriéndome despacio, llenándome hasta el fondo. "¡Pinche apretada!", jadeó, embistiéndome fuerte, mis tetas rebotando con cada golpe. El slap de piel contra piel, mis gemidos roncos, su sudor goteando en mi pecho. Diego se arrodilló frente a mí, metiéndomela en la boca mientras Alex me cogía sin piedad. Sentía sus pulsos acelerados sincronizados, mi cuerpo en llamas, orgasmos construyéndose como olas.

Esto es el cielo, weyes. Sus vergas en mí, dueños de mi placer. No pares, no pares....

Me pusieron a cuatro patas, Diego entrando por atrás, su verga más gruesa estirándome delicioso, bolas golpeando mi clítoris. Alex debajo, chupándome las tetas, su lengua enredada en mis pezones. El cuarto olía a sexo crudo, gemidos mezclados con risas jadeantes: "¡Qué chingón adventure tri!". Rotamos, yo cabalgando a Alex, su pubis frotando mi clítoris mientras Diego me penetraba el culo con lubricante fresco, despacio al principio, luego duro. Doble penetración total, sus vergas rozándose dentro de mí separadas por una delgada pared, placer explosivo. Grité mi orgasmo primero, concha contrayéndose como puño alrededor de Alex, jugos chorreando. Ellos siguieron, gruñendo, hasta que Diego se corrió en mi culo con un rugido animal, caliente y espeso. Alex explotó dentro de mí, llenándome de leche tibia, pulsos interminables.

Colapsamos en un enredo sudoroso, respiraciones agitadas calmándose. Sus brazos alrededor mío, besos suaves en mi piel sensible. "Neta, lo mejor del viaje", murmuró Diego, oliendo mi pelo. Alex acarició mi espalda: "Gracias por este adventure tri, Carla. Eres fuego puro". Reí bajito, el cuerpo flojo y satisfecho, afterglow envolviéndonos como niebla tibia.

Al día siguiente, el hike final fue ligero, risas compartidas, toques cariñosos. Sabíamos que era temporal, pero empoderador. Me sentía reina, dueña de mi placer. Al despedirnos en la playa, con el mar rugiendo y sol despidiéndose, intercambiamos números. "Si quieres otro adventure tri, avísanos, carnala". Sonreí, el sabor de ellos aún en mis labios, el cuerpo recordando cada roce.

Pinche vida chida. El adventure tri no fue solo aventura, fue liberación. Volvería mil veces.

Y así terminó mi escapada, con el corazón latiendo fuerte y la promesa de más desmadres por venir.

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