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Era una noche calurosa en el departamento de la colonia Roma, con el zumbido del ventilador luchando contra el bochorno del verano mexicano. Yo, Alex, estaba recargado en el sillón, con una cerveza fría en la mano, mientras Sofia, mi morra de dos años, se acurrucaba a mi lado en el sofá. Llevábamos un rato platicando pendejadas, pero la neta, el deseo flotaba en el aire como el olor a tacos de la esquina. Sofia, con su piel morena brillando bajo la luz tenue de la lámpara, me miró con esos ojos cafés que siempre me ponían la verga dura.

¿Y si probamos algo nuevo wey? me dijo con una sonrisa pícara, mordiéndose el labio. Yo levanté una ceja, sintiendo un cosquilleo en el estómago. ¿Qué traes en mente, mamacita? respondí, acercándome para oler su perfume mezclado con el sudor ligero de su cuello. Ella sacó su celular y abrió una pestaña. Ver videos porno de tríos, leyó en voz alta, riendo bajito. El corazón me latió más fuerte. Siempre habíamos hablado de fantasías, pero nunca las habíamos llevado más allá de las palabras sucias en la cama.

El cuarto se llenó de anticipación mientras poníamos el laptop en la mesita. El sonido del teclado era como un susurro prometedor. Encontramos un video: una chava entre dos vatos, gemidos suaves al principio, cuerpos entrelazados en una danza sudorosa. Sofia se pegó más a mí, su mano rozando mi muslo. Sentí el calor de su palma a través del short, y mi verga se despertó de golpe, presionando contra la tela. Mira cómo la cogen los dos, neta qué rico, murmuró ella, su aliento caliente en mi oreja. Yo tragué saliva, el olor a su excitación empezando a perfumar el aire.

¿Te late la idea de verme así, con otro wey? pensé, mientras el video avanzaba y los jadeos se volvían más intensos.

Apagamos el video a la mitad, no porque no nos prendiera, sino porque el fuego ya ardía en nosotros. Nos besamos con hambre, lenguas enredadas, saboreando la cerveza en su boca. La llevé a la cama, quitándole la blusa con urgencia. Sus tetas perfectas saltaron libres, pezones duros como piedras. Los chupé, sintiendo su sabor salado, mientras ella gemía ¡Ay cabrón, no pares! Mis manos bajaron a su calzón, ya empapado. La toqué despacio, círculos lentos en su clítoris, oyendo cómo su respiración se aceleraba como motor de vocho viejo.

Pero esa noche, el deseo no se apagó con un polvo rápido. Al día siguiente, mientras desayunábamos tamales en la cocina, Sofia soltó la bomba. ¿Y si lo hacemos real? Conocí a Carla en el gym, es bien abierta y guapa. Carla, la morra fitness con curvas que volvían loco a medio mundo. Mi mente voló a los videos de la noche anterior: ver videos porno de tríos había sido el detonante. ¿Estás segura, mi reina? le pregunté, el pulso acelerado. Ella asintió, ojos brillantes. Neta sí, quiero sentirte a ti y a ella, todo consensual y chingón.

La tensión creció durante la semana. Mensajes con Carla, coqueteos inocentes que se volvían calientes: fotos de su culo en leggings, promesas de noches locas. Mi verga se ponía tiesa cada vez que imaginaba sus cuerpos juntos. Sofia y yo follábamos como animales, inspirados en las fantasías. Una noche, la comí mientras ella veía el celular, reproduciendo otro video de tríos. Imagina que es Carla lamiéndome contigo, jadeó ella, sus jugos corriendo por mi barbilla. El sabor era dulce y ácido, como tamarindo fresco, y su concha palpitaba contra mi lengua.

El viernes llegó como tormenta. Carla tocó la puerta a las nueve, con un vestido rojo ceñido que marcaba cada curva. Olía a vainilla y deseo. Nos dimos un abrazo grupal en la entrada, risas nerviosas rompiendo el hielo. ¿Listos para la acción weyes? dijo ella con acento chilango puro. Pusimos música de reggaetón bajo, luces bajas, y abrimos unas chelas. La plática fluyó: anécdotas del gym, chistes sobre exes pendejos. Pero el aire se cargaba, como antes de lluvia en el DF.

Sofia tomó la iniciativa, besando a Carla primero. Yo las vi desde el sofá, corazón retumbando, verga ya dura como fierro. Sus labios se unieron suaves, lenguas explorando, manos en las tetas ajenas. Sofia gimió en la boca de Carla, y yo me acerqué, besando el cuello de mi morra mientras mi mano bajaba por la espalda de Carla. Su piel era suave como seda, cálida, con un leve sudor que la hacía resbalosa. Quítense la ropa, pinches ricas, gruñí, voz ronca.

Se desnudaron lento, como en un ritual. Sofia primero, tetas rebotando, concha depilada brillando húmeda. Carla después, cuerpo atlético, culo redondo que pedía nalgadas. Yo me quité todo, verga saltando libre, venosa y lista. Nos tumbamos en la cama king size, sábanas frescas contra pieles ardientes. Empecé besando a Sofia, saboreando su boca familiar, mientras Carla lamía sus pezones. Los gemidos de Sofia llenaron el cuarto: ¡Órale, qué rico, chúpame más! El sonido era música, húmedo y gutural.

Me moví abajo, entre las piernas de Carla. Su concha era rosada, hinchada de ganas, olor almizclado que me mareaba. La lamí despacio, lengua plana desde el clítoris hasta el ano, saboreando sus jugos salados. Ella arqueó la espalda, ¡Ay wey, me vas a hacer venir ya! Sofia se unió, chupando los huevos míos mientras yo comía a Carla. Sentí su lengua caliente, juguetona, y mi verga palpitó al borde.

Esto es mejor que cualquier video porno de tríos, neta puro fuego, pensé, el sudor goteando por mi espalda.

Cambié posiciones: Sofia cabalgándome, su concha apretada tragando mi verga centímetro a centímetro. El calor interno era abrasador, paredes húmedas masajeándome. Carla se sentó en mi cara, frotando su clítoris contra mi lengua. Olía a sexo puro, sabor intenso. Sofia y Carla se besaban encima de mí, tetas rozándose, gemidos mezclados. ¡Cógela duro Alex, hazla gritar! pedía Carla, mientras rebotaba. Yo embestí desde abajo, bolas chocando contra el culo de Sofia, sonido carnoso y rítmico.

La intensidad subió. Sofia se corrió primero, concha contrayéndose como puño alrededor de mi verga, chorro caliente mojando mis huevos. ¡Me vengo, cabrones, no paren! gritó, cuerpo temblando. Carla la siguió, inundando mi boca con su squirt dulce. Yo aguanté, sudando como en sauna, hasta que no pude más. Saqué la verga, ellas dos arrodilladas lamiéndomela juntas. Lenguas enredadas en mi glande, manos apretando. Explote en chorros espesos, semen caliente salpicando sus caras, tetas. Ellas rieron, lamiéndose mutuamente, sabor compartido.

Nos derrumbamos exhaustos, cuerpos enredados, pieles pegajosas de sudor y fluidos. El cuarto olía a sexo crudo, chelas tibias olvidadas. Sofia me besó, Te amo wey, esto fue chingón. Carla sonrió, Repetimos cuando quieran, pinches calientes. Nos quedamos así, pulsos calmándose, respiraciones sincronizadas. Al día siguiente, con café en mano, recordamos la noche con sonrisas. Ver videos porno de tríos había sido solo el principio, pero lo real nos unió más, un lazo de placer consensual que ardía eterno.

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