Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Fue Como Un Sueño El Trío Fue Como Un Sueño El Trío

Fue Como Un Sueño El Trío

7187 palabras

Fue Como Un Sueño El Trío

La noche en la playa de Puerto Vallarta estaba chida de verdad. El mar susurraba contra la arena tibia, y el aire cargado de sal y coco te envolvía como un abrazo húmedo. Habías llegado con unas amigas para unas vacaciones de puro desmadre, pero ellas ya se habían ido a su hotel, dejándote sola con una piña colada en la mano. La música de cumbia rebeldía retumbaba desde los altavoces, haciendo que tus caderas se movieran solas. Órale, qué noche para soltarse, pensaste, mientras el sudor perlaba tu piel bronceada bajo el vestido ligero que se pegaba a tus curvas.

Ahí los viste. Dos güeyes altos, morenos, con esa vibra de carnales que saben lo que traen entre manos. Uno era Javier, con ojos cafés intensos y una sonrisa pícara que te hacía cosquillas en el estómago; el otro, Marco, más callado pero con brazos tatuados que gritaban aventura. Estaban riendo, con chelas en la mano, y cuando sus miradas se cruzaron con la tuya, sentiste un calentón que te subió por las piernas. Te acercaste al bar, fingiendo pedir otro trago, y Javier no tardó en soltar el primer piropo: "Mamacita, ¿vienes a robarte el show o qué?"

La charla fluyó como el ron en tus venas. Hablaron de todo: del pinche tráfico de la CDMX, de cómo Marco era DJ en fiestas underground y Javier surfeaba olas como dios. Tú les contaste de tu curro estresante en Guadalajara, de cómo necesitabas neta desconectarte. El coqueteo era eléctrico; sus manos rozaban tu brazo al pasar la chela, y el olor a su colonia mezclada con sudor masculino te mareaba. Bailaron contigo, Javier pegado por detrás, su aliento caliente en tu cuello, Marco enfrente guiando tus caderas. Sentías sus erecciones presionando contra ti, y un jadeo se te escapó cuando Javier mordisqueó tu oreja.

¿Qué chingados estoy haciendo? Pero se siente tan bien... ¿por qué no?
El deseo crecía, un nudo caliente en tu vientre.

La fiesta se ponía más loca, pero ellos te propusieron algo mejor: "Vamos a nuestra suite en el hotel de allá, güeyita. Hay jacuzzi, música y privacidad pa' seguir la fiesta." Dudaste un segundo, el corazón latiéndote como tamborazo, pero el calor entre tus muslos decidió por ti. . Subieron en un taxi, riendo, besándote alternadamente en la nuca. El roce de sus labios era suave al principio, luego hambriento, y el conductor disimulaba sonrisas en el retrovisor.

En la suite, el lujo te golpeó: vista al mar, luces tenues, el jacuzzi burbujeando como invitación. Se quitaron las camisas, revelando torsos duros, marcados por el gym y el sol. Tú te desabrochas el vestido despacio, dejando que caiga al piso, quedando en tanga y brassiere. Sus ojos se devoraban tu cuerpo, y Marco gruñó: "Estás riquísima, carnala." Te metieron al jacuzzi, el agua caliente lamiendo tu piel como lenguas invisibles. Javier te besó primero, su lengua explorando tu boca con sabor a tequila y menta, mientras Marco chupaba tu cuello, sus manos grandes amasando tus tetas. Gemiste contra los labios de Javier, el vapor subiendo, mezclándose con el aroma almizclado de su excitación.

Las sensaciones te invadían: el agua chapoteando contra vuestros cuerpos, el roce áspero de sus barbas en tu piel sensible, el sabor salado de su sudor cuando lamiste el pecho de Marco.

No puedo creerlo, dos hombres solo para mí. Se siente como si el mundo se redujera a esto: piel, calor, deseo puro.
Javier deslizó una mano entre tus piernas, separando tus labios con dedos expertos. Estabas empapada, no solo por el jacuzzi. "Mira cómo chorreas, nena", murmuró, frotando tu clítoris en círculos lentos que te hacían arquear la espalda. Marco te quitó el brassiere, succionando un pezón con fuerza, tirando suavemente con los dientes hasta que gritaste de placer.

Salieron del agua, goteando, y te llevaron a la cama king size. Las sábanas frescas contrastaban con vuestros cuerpos ardientes. Se desvistieron del todo: Javier con una verga gruesa, venosa, palpitante; Marco más larga, curva, lista para hundirse. Te pusieron de rodillas en el centro, y mientras Javier te besaba profundo, Marco te metió su pija en la boca. El sabor era embriagador, salado y masculino, y la chupaste con ganas, lamiendo la cabeza, sintiendo cómo se hinchaba en tu garganta. Javier se masturbaba viéndote, "Qué chingona mamadora, güeyita."

El ritmo subió. Te tumbaron boca arriba, Javier entre tus piernas, lamiendo tu panocha como si fuera el mejor postre. Su lengua danzaba en tu clítoris, chupando, metiendo dedos que curvaba justo en tu punto G. Marco te llenaba la boca, follándotela suave pero firme, sus bolas golpeando tu barbilla. Los gemidos llenaban la habitación, mezclados con el lejano rumor del mar. Sudabas, temblabas, el orgasmo construyéndose como ola gigante. ¡No pares! gritaste cuando explotaste, contrayéndote alrededor de la lengua de Javier, jugos corriendo por sus labios.

Pero no pararon. Te voltearon a cuatro patas, Marco debajo, empalándote con su verga hasta el fondo. El estiramiento era delicioso, llenándote por completo, rozando cada nervio. Javier se puso atrás, untando lubricante en tu culo –habías mencionado antes que te gustaba–, y entró despacio, centímetro a centímetro. "Relájate, rica, te vamos a hacer volar." Sentiste el doble llenado, sus vergas separadas solo por una delgada pared, moviéndose en sincronía. El roce era intenso, fricción pura, sus pelvis chocando contra tus nalgas con palmadas húmedas. Olías a sexo: almizcle, lubricante, sudor. Escuchabas sus gruñidos roncos, "¡Qué apretada, carnal!", y tus propios alaridos ahogados en la almohada.

La tensión crecía, tus paredes contrayéndose, pulsos acelerados latiendo en sincronía. Javier aceleró, follándote el culo con fuerza, Marco embistiendo desde abajo, pellizcando tus pezones.

Es demasiado, voy a reventar... pero no quiero que acabe nunca.
El clímax te golpeó como tsunami: gritaste, temblando violentamente, ordeñando sus vergas con espasmos. Ellos se corrieron casi al unísono; Marco llenándote la panocha con chorros calientes, Javier sacando para pintar tu espalda con su leche espesa, goteando tibia.

Colapsaron a tu lado, jadeando, cuerpos enredados en un montón sudoroso y satisfecho. El aire olía a orgasmo compartido, y el mar cantaba su arrullo eterno. Javier te besó la frente, Marco acarició tu cabello. "Fue como un sueño el trío, ¿verdad, reina?" murmuró Javier, y asentiste, riendo bajito. Te sentías poderosa, deseada, completa. Se ducharon juntos después, jabón resbalando por pieles sensibles, besos perezosos bajo el agua. Al amanecer, se despidieron con promesas de repetir, pero supiste que esto era un recuerdo eterno.

De regreso a tu rutina, el recuerdo te visitaba en sueños: sus toques, sus sabores, esa noche que neta cambió todo. Fue como un sueño el trío, uno que despertaste queriendo revivir.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.