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Error de Conexion en la Red Intentelo Mas Tarde

7031 palabras

Error de Conexion en la Red Intentelo Mas Tarde

Tú estás recostada en tu cama king size en el corazón de la Condesa, con el ventilador zumbando perezosamente sobre tu cabeza, mientras el aroma a café de olla recién hecho impregna el aire de tu depa. La luz del atardecer se filtra por las cortinas sheer, tiñendo todo de un naranja cálido que hace que tu piel morena brille un poquito. Agarras tu iPhone con manos ansiosas, el corazón latiéndote como tambor en fiesta de pueblo. Diego, ese wey que conociste en Tinder hace dos días, te ha estado mandando mensajitos que te ponen la piel chinita: "Neta, morra, quiero verte sudar por mí". Hoy es el día del videochat hot que prometieron, el que va a ser el preludio de algo más carnal.

Abres la app, pulsas el botón de videollamada. La pantalla parpadea, carga... y de repente, network connection error please try again later. ¡No mames! murmuras, sintiendo el calor subirte por el cuello. Intentas de nuevo, el pulso acelerándose con cada tic del reloj. Otra vez: network connection error please try again later. El pinche internet de Telmex te está jodiendo el mood. Sudas un poco, el boobier de encaje negro que te pusiste se siente pegajoso contra tus chichis firmes. Le mandas un texto: "Wey, error de red culero, no conecta". Él responde al instante: "Jaja pendeja tecnología, ¿y si nos vemos en persona? Estoy cerca, en Polanco".

El deseo te pica como chile en la lengua.

¿Por qué no? Neta, ya estoy mojadita solo de imaginarlo. Ese cuate con su foto de torso tatuado y sonrisa de diablo...
Te levantas de un brinco, el colchón crujiendo bajo tu peso. Te miras en el espejo del clóset: leggings negros ceñidos que marcan tu culo redondo, crop top que deja ver tu ombligo piercing. Un toque de perfume con vainilla y jazmín, y sales volando al elevador, el corazón martilleando como reggaetón en antro.

Lo encuentras en un barcito trendy de la avenida Masaryk, con luces neón y música lounge flotando en el aire cargado de humo de cigarros electrónicos. Diego está ahí, más chido en vivo: alto, moreno, con barba recortada y ojos negros que te desnudan con la mirada. "Órale, carnala, al fin sin errores de conexión", dice con voz ronca, abrazándote. Su pecho duro roza tus tetas, y sientes su calor a través de la camisa ajustada. Huele a colonia cara mezclada con sudor fresco, un olor que te hace apretar los muslos.

Se sientan en una mesita apartada, piden tequilas reposados. El líquido ámbar quema tu garganta, soltándote la lengua. Hablan de todo: de la pinche pandemia que los tuvo encerrados masturbándose solos, de antojos compartidos por tacos al pastor. Sus rodillas se rozan bajo la mesa, un toque eléctrico que sube por tu pierna como corriente. "Sabes, desde que vi tu pic, no dejo de pensar en cómo sabes", te susurra al oído, su aliento caliente oliendo a tequila y menta. Tú le contestas juguetona: "Pues ven y averígualo, pendejo". La tensión crece, el aire entre ustedes vibra como cuerda de guitarra a punto de romperse.

Terminan los tragos en tiempo récord. "¿Vamos a mi hotel? Está a dos cuadras", propone él, y tú asientes, el coñito palpitando de anticipación. Caminan por la calle empedrada, manos entrelazadas, el viento nocturno fresco lamiendo tu piel expuesta. En el lobby del hotel boutique, con sus lámparas de cristal y aroma a sándalo, él te besa por primera vez: labios suaves pero firmes, lengua explorando tu boca con hambre. Sabe a tequila dulce y hombre, te muerde el labio inferior suave, haciendo que gimas bajito contra su boca.

Suben al elevador, solos. Ahí explota la cosa. Lo empujas contra la pared, tus manos en su paquete duro como piedra bajo los jeans. "Mmm, ya estás listo, wey", ronroneas. Él te aprieta el culo, dedos hundiéndose en la carne suave.

¡Pinche delicia! Su verga se siente enorme, latiendo contra mi palma. Quiero sentirla adentro ya.
El ding del elevador los separa, riendo como chavos traviesos.

En la habitación, king bed con sábanas de algodón egipcio, luces tenues. Se desnudan lento, saboreando. Tú te quitas el top, tus chichis saltan libres, pezones duros como balitas cafés. Él gime: "Eres una diosa, morra". Baja la cabeza, chupa un pezón, lengua girando mientras su mano masajea el otro. El placer es un rayo: cosquilleo que baja directo a tu entrepierna. Hueles su excitación, ese almizcle macho mezclado con el tuyo, dulce y salado.

Te tumba en la cama, el colchón hundiéndose suave. Baja besos por tu panza, lamiendo el piercing, hasta llegar a tus leggings. Los arrastra, exponiendo tu tanguita empapada. "Mira nomás cómo chorreaste por mí", dice con voz grave. Te abre las piernas, inhala profundo tu aroma íntimo. Su lengua ataca: lamida larga por el clítoris, succionando suave. Gritas, arqueas la espalda, uñas clavándose en sus hombros anchos. Sap, sap, sap, el sonido húmedo llena la habitación, junto con tus jadeos y su gruñido animal.

El orgasmo se acerca como ola en Acapulco.

¡No pares, cabrón! Siento el calor subiendo, mi coño apretándose alrededor de nada...
Explota: tiemblas, chorros de placer mojando su barbilla. Él lame todo, sonriendo triunfante. Ahora tú tomas control. Lo volteas, gateas sobre él, su verga erguida como mástil, venosa y gruesa, goteando precum. La tragas entera, garganta profunda, saliva chorreando. Él agarra tu pelo: "¡Joder, qué boca tan chingona!". El sabor salado te enloquece, mueves la cabeza rápido, bolas peludas golpeando tu mentón.

No aguantan más. Te subes encima, guías su pija a tu entrada resbalosa. Caes lento, centímetro a centímetro, estirándote delicioso. "¡Ay, wey, me llenas toda!" Empiezas a cabalgar, caderas girando como en salsa. Sus manos en tus tetas, pellizcando pezones. El slap slap de piel contra piel, sudor perlando cuerpos, olores intensos de sexo crudo. Cambian: él arriba, misionero feroz, piernas en hombros, embistiendo profundo. Cada thrust toca tu punto G, estrellas explotando detrás de tus ojos cerrados.

La tensión máxima: "Me vengo, nena", gruñe. "Dentro, lléname", suplicas. Se corre primero, chorros calientes inundándote, trigger para tu segundo clímax. Gritas, coño ordeñándolo, olas de éxtasis puro. Colapsan juntos, jadeando, piel pegajosa, corazones tronando al unísono.

Después, en afterglow, él te abraza, dedos trazando patrones en tu espalda. El cuarto huele a sexo satisfecho, sábanas revueltas.

Neta, ese error de conexión fue lo mejor que pasó. De virtual a real, puro fuego mexicano.
Besos suaves, risas compartidas. "¿Repetimos sin fallos?", pregunta. Tú sonríes: "Simón, carnal, cuando quieras". Duermen entrelazados, el mundo afuera olvidado, solo piel, calor y promesas de más.

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