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Bideos de Tríos XXX Pasión Desatada

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Bideos de Tríos XXX Pasión Desatada

Estaba sola en el depa de la Condesa, con el calor de la noche mexicana pegándome en la piel como una caricia indecente. Carlos, mi carnal del alma, andaba en el gym, y yo, con el aburrimiento royéndome las tripas, saqué el celular y busqué bideos de tríos xxx. Órale, qué rico, pensé, mientras el primer video cargaba. Tres cuerpos enredados, sudados, gimiendo como si el mundo se acabara. La chava en medio, con dos vatos dándole todo lo que pedía, sus curvas brillando bajo las luces tenues. Sentí un cosquilleo entre las piernas, neta, mi concha ya se mojaba solo de verlos.

Me recargué en el sofá de piel suave, el aire acondicionado zumbando bajito, y subí el volumen. Los jadeos llenaban la sala, el slap slap de carne contra carne, el olor imaginario a sexo flotando en mi mente.

¿Y si yo estuviera ahí? Dos vergas duras para mí, manos por todos lados, bocas chupándome hasta el delirio
, me dije, metiendo la mano por dentro del short. Pero justo entonces, la puerta se abrió. Carlos entró, todo sudado y guapo, con esa sonrisa pícara que me deshace.

Wey, ¿qué vergas estás viendo? —rió, quitándose la playera y dejando ver esos abdominales que me vuelven loca.

Le pasé el celular sin pena. —Mira estos bideos de tríos xxx, carnal. Neta, me prenden cañón.

Se sentó a mi lado, su cuerpo caliente pegado al mío, y en segundos su verga ya se notaba tiesa contra el pantalón. Vimos juntos, comentando cada lamida, cada embestida. —Imagínate, mi amor, tú en medio de Marco y yo —susurró, su aliento caliente en mi oreja, oliendo a esfuerzo y hombre.

Marco era su compa de la uni, un morro alto, moreno, con ojos que te desnudan de un vistazo. Siempre había habido química, coqueteos inocentes en las carnitas del domingo. Esa noche, la idea prendió como pólvora. Llamamos a Marco, le dijimos que viniera por unas cheves, pero los dos sabíamos que era por más. Mi corazón latía como tamborazo, la anticipación me hacía temblar.

Media hora después, Marco llegó con una six de Indio y esa vibra de chido total. Nos sentamos en el balcón, las luces de la ciudad parpadeando abajo, el humo de los tacos callejeros subiendo mezclado con el aroma de jazmín del vecino. Hablamos pendejadas al principio, pero el alcohol soltó las lenguas. Carlos sacó el tema: —Oye, Marco, hemos visto unos bideos de tríos xxx que están de poca madre. ¿Tú has probado?

Marco se rió, sus dientes blancos reluciendo. —Neta? Yo una vez con dos morras en Acapulco. Puro desmadre chingón. Sus ojos se clavaron en mí, y sentí el calor subir por mi cuello.

Ya está, esto va para largo. Mi cuerpo grita sí
.

Entramos al depa, la tensión como electricidad estática. Pusimos música de Peso Pluma bajito, el ritmo perreando en el aire. Carlos me jaló para bailar, sus manos en mi cintura, frotándose contra mi culo. Marco nos miró, bebiendo su chela, y yo le guiñé el ojo. —Ven, wey, no te quedes ahí como pendejo.

Se acercó, y de repente éramos tres en un baile pecaminoso. Sus cuerpos flanqueándome, Carlos besándome el cuello, Marco rozando mi cadera. El olor a colonia masculina y sudor fresco me mareaba, delicioso. Sentí las vergas duras presionando mis muslos, y un gemido se me escapó. Esto es real, no un bideo.

Nos fuimos al cuarto, la cama king size esperando como altar. Me quitaron la blusa despacio, Carlos lamiendo mis tetas, Marco besándome la boca con lengua juguetona, sabor a cerveza y menta. Sus manos everywhere: una en mi panocha ya empapada, la otra pellizcando mis pezones. —Estás rica, Ana, neta —gruñó Marco, mientras Carlos me bajaba el short.

Me tiré de espaldas, piernas abiertas, invitándolos. Carlos se hincó primero, su lengua experta en mi clítoris, chupando como si fuera miel. Marco se sacó la verga, gruesa y venosa, y me la metió en la boca. ¡Qué chingón! Sabía salado, a piel caliente, y yo la mamaba con ganas, sintiendo cómo palpitaba. Los gemidos de ellos se mezclaban con los míos, el cuarto oliendo a sexo puro, sudor y lubricante natural.

Esto es mejor que cualquier bideo de tríos xxx. Dos hombres para mí, adorándome, follándome con la mirada antes que con el cuerpo
. Cambiamos posiciones, yo encima de Carlos, su verga llenándome hasta el fondo, dura como fierro, golpeando mi punto G con cada vaivén. Marco atrás, untando saliva en mi culo, metiendo un dedo, luego dos, preparándome. El roce doble me volvía loca, oleadas de placer subiendo por mi espina.

¿Quieres mi verga ahí, preciosa? —preguntó Marco, voz ronca.

Sí, cabrón, métemela ya —rogué, empalándome más en Carlos.

Entró despacio, el estirón ardiente pero placentero, como fuego líquido. Los dos adentro, moviéndose en ritmo, yo en el medio de un sándwich de éxtasis. Sentía cada pulso, cada vena rozando mis paredes, el slap de peles chocando, sus bolas contra mi piel. Grité, el orgasmo building como tormenta, mis uñas clavadas en los hombros de Carlos, mordiendo el labio de Marco.

El sudor nos unía, resbaloso y caliente, sus respiraciones agitadas en mis orejas. Carlos gruñía: —Te sientes tan chingona, amor. Marco aceleraba: Eres nuestra puta esta noche, pero la más rica. Palabras sucias que me prendían más, empoderándome, yo controlando el ritmo, cabalgándolos como reina.

El clímax llegó en avalancha. Primero yo, explotando en espasmos, mi concha apretándolos, chorros de placer mojando las sábanas. Carlos se vino después, llenándome con chorros calientes, su semen goteando. Marco último, embistiendo fuerte, eyaculando profundo en mi culo con un rugido animal. Colapsamos, tres cuerpos enredados, pulsos latiendo al unísono, el aire pesado de nuestro aroma compartido.

Después, en la afterglow, nos quedamos tirados, riendo bajito. Carlos me besó la frente, Marco acarició mi pelo. —Mejor que esos bideos de tríos xxx, ¿verdad? —dijo él.

Mil veces, wey. Esto fue real, puro fuego mexicano —respondí, sintiéndome llena, no solo de semen, sino de conexión. Nos duchamos juntos, jabón resbalando por curvas y músculos, besos suaves bajo el agua tibia. Salimos a la cocina por tortas de tamal, comiendo desnudos, planeando la próxima.

Aquella noche cambió todo. Ya no eran solo fantasías de pantalla; ahora sabía el sabor verdadero de la pasión en tres. Mi cuerpo aún temblaba del recuerdo, y en mi mente,

quiero más, siempre más de esto
. La ciudad seguía viva afuera, pero dentro de mí, el desmadre ardía eterno.

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