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Pasión al Ritmo del Bob James Trio

6594 palabras

Pasión al Ritmo del Bob James Trio

Tú entras al club de jazz en la Zona Rosa, el aire cargado de humo ligero y ese aroma a madera pulida que te envuelve como un abrazo viejo. La luces tenues pintan sombras suaves en las paredes, y de pronto, el sonido del Bob James Trio te golpea directo al pecho. El piano eléctrico de Bob fluye como miel caliente, el bajo vibra en tus entrañas y la batería susurra promesas pecaminosas. Neta, qué chido, piensas, mientras buscas un rincón en la barra. Llevas ese vestido negro ceñido que te hace sentir como diosa, la tela rozando tus muslos con cada paso.

Te sientas, pides un mezcal con limón, y el hielo tintinea como risas lejanas. El trío acelera el pulso del lugar; la gente se mueve al ritmo, cuerpos pegándose en la pista. Ahí lo ves: un moreno alto, camisa blanca arremangada mostrando antebrazos fuertes, ojos cafés que brillan bajo las luces. Está solo, cabeceando al solo de Rhodes. ¿Será fanático como yo? te preguntas, y sin pensarlo dos veces, tu sonrisa lo atrapa. Él se gira, te mira fijo, y camina hacia ti con esa seguridad de carnal que sabe lo que quiere.

Chin, este wey me va a volver loca con solo una mirada, piensas mientras él se acerca.

—Qué buena onda el Bob James Trio esta noche, ¿verdad? —te dice con voz grave, ronca como el bajo que retumba.

—Neta, su ritmo me pone la piel chinita —respondes, ladeando la cabeza, dejando que tu pelo caiga sobre el hombro.

Se llama Diego, fotógrafo freelance, güey culto que viaja por el mundo capturando almas en jazz clubs. Hablan de los acordes fluidos de Bob, de cómo esa música te hace sentir viva, deseada. El mezcal baja suave, quemando la garganta, y sus rodillas se rozan bajo la barra. Cada roce es electricidad: su piel cálida contra la tuya, áspera por el vello fino. El trío pasa a "Nautilus", esa onda hipnótica que te hace cerrar los ojos y imaginar manos expertas en tu cuerpo.

La tensión crece como la melodía. Bailan. Sus manos en tu cintura, firmes pero tiernas, guiándote. Sientes su aliento en tu cuello, oliendo a menta y deseo puro. Quiero que me bese ya, carajo, gruñes por dentro. El sudor perla en su frente, gotea salado cuando lo pruebas con la lengua en un beso robado. Lenguas danzando al ritmo del piano, sabores mezclándose: mezcal, sal, hambre.

El club palpita, pero para ti solo existe él y el Bob James Trio como banda sonora de esta locura. —¿Vienes conmigo? —te susurra al oído, mordisqueando el lóbulo. Asientes, empapada ya, el corazón latiendo como la batería frenética.

Acto dos: la escalada

Salen tomados de la mano, el aire fresco de la noche mexicana los recibe con brisa que eriza tu piel. Su depa está cerca, en un edificio chulo con vista al skyline de la CDMX. Suben en el elevador, solos, y explota: lo empujas contra la pared, besos voraces, manos por todos lados. Él gime bajito, —Puta madre, qué rica estás —, mientras te levanta el vestido, dedos rozando tus bragas húmedas.

Entran al depa, luces bajas, el eco del jazz aún en sus cabezas. Te quita el vestido lento, como deshojando una flor, besando cada centímetro expuesto. Sientes su boca en los pechos, lengua girando en los pezones duros, tirones suaves que te arquean la espalda. Esto es el paraíso, wey, piensas, oliendo su colonia amaderada mezclada con el almizcle de su excitación.

Su verga presiona contra mí, dura como piedra, y yo solo quiero sentirla adentro, rompiéndome en mil pedazos.

Caen en la cama king size, sábanas frescas de algodón egipcio rozando vuestras pieles calientes. Tú lo desabrochas, liberas su miembro grueso, venoso, palpitante. Lo tocas, suave al principio, luego aprietas, oyendo su jadeo ronco. —Chúpamela, morra —te pide, y obedeces con gusto, boca húmeda envolviéndolo, lengua saboreando la piel salada, el pre-semen dulce. Él enreda dedos en tu pelo, guiándote sin forzar, gemidos que compiten con el recuerdo del trío.

La intensidad sube. Te voltea, boca en tu panocha, lengua experta lamiendo clítoris hinchado, dedos curvados tocando ese punto que te hace gritar. —¡Sí, cabrón, así! —gritas, caderas moviéndose solas, jugos chorreando en su barbilla. El olor a sexo llena la habitación, espeso, animal. Tus uñas en su espalda, dejando surcos rojos, él gruñe de placer.

Pero no es solo físico; entre jadeos hablan. —Me encanta cómo te mueves al ritmo de la música —, dice él, recordando el Bob James Trio. Tú confiesas: —Su jazz me prendió desde el primer acorde, pero tú me vas a hacer explotar. Hay conexión, risas entre besos, vulnerabilidad en sus ojos cuando admite que llevaba meses sin sentir esto tan real.

El clímax se acerca como un solo interminable. Te pone encima, cabalgas lento primero, sintiendo cada centímetro estirándote, llenándote. Piel contra piel, sudor resbalando, slap-slap de cuerpos chocando. Aceleras, pechos rebotando, él chupando uno mientras pellizca el otro. No aguanto más, voy a venirme como nunca.

Acto tres: la liberación

Explotas primero, un orgasmo que te sacude entera, paredes contrayéndose alrededor de su verga, grito ahogado en su cuello. Él te sigue, embiste profundo, semen caliente inundándote, pulsos que sientes como latidos compartidos. Colapsan, enredados, respiraciones entrecortadas calmándose al unísono.

El afterglow es puro terciopelo. Acaricias su pecho, oyendo su corazón desacelerar. Sudor enfría en la piel, besos perezosos en hombros. —Qué pedo tan chingón — murmuras, riendo bajito. Él te abraza fuerte: —Tú y el Bob James Trio, combinación letal.

Hablan horas, desnudos bajo las sábanas. De sueños, de la ciudad que nunca duerme, de volver al club. No hay promesas vacías, solo esta noche perfecta, empoderadora. Te sientes mujer total, deseada, libre. Al amanecer, el sol filtra por las cortinas, pintando oro en sus cuerpos exhaustos.

Te vistes con él mirándote, sonrisa pícara. —Otro mezcal y jazz pronto? —preguntas. —Cuando quieras, reina —responde, beso final que sabe a promesas.

Sales al mundo renovada, el ritmo del Bob James Trio aún latiendo en tu sangre, recordatorio de que el deseo, cuando es mutuo, es la mejor música.

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