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Por Favor Intenta de Nuevo en 30 Segundos

7038 palabras

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Tú estás tirada en tu cama king size de tu depa en la Condesa, con el ventilador zumbando perezosamente sobre ti y el olor a jazmín de tu vela perfumada flotando en el aire cálido de la noche mexicana. Es viernes, y el calor te tiene sudada, con la playera pegada a los pechos y las bragas húmedas solo de pensar en lo que podría pasar. Agarras tu iPhone, abres la app de ligues que tanto te gusta, esa donde los chavos suben fotos sin camisa mostrando sus six packs y miradas de ven pa cá. Deslizas, deslizas, y ¡órale! Match con Diego, un morro de ojos verdes, barba de tres días y sonrisa pícara que dice trouble en neón.

El chat arranca suave: Hola guapa, ¿qué se siente estar tan rica en una noche como esta? Tú respondes con un emoji de fuego y un No mames, tú qué pedo con esa foto en la playa. Rápido se pone caliente. Él te manda: Imagínate mis manos en tus chichis, apretándolas despacito mientras te beso el cuello. Tu pulso se acelera, sientes el cosquilleo bajando hasta tu entrepierna. Le contestas: Y yo chupándote la verga hasta que me ruegues. Las palabras vuelan, el aire se carga de electricidad, tus dedos tiemblan tecleando. De repente, la pantalla parpadea. Please try again in 30 seconds. Pinche app de la verga, justo ahora.

¡No mames! ¿Por qué justo ahorita? Mi clítoris ya está latiendo como tamborazo zacatecano.

El temporizador cuenta: 30, 29, 28... Tú cierras los ojos, el zumbido del ventilador se mezcla con tu respiración agitada. El olor de tu propia excitación sube, dulce y almizclado, mientras deslizas una mano dentro de tus bragas. Tocas despacio, círculos suaves alrededor del botón hinchado, imaginando la lengua de Diego ahí. 20, 19... Tu piel arde, pezones duros como piedras rozando la tela. Saboreas tus labios, mordiéndolos para no gemir alto, aunque vives sola. 10, 9... El pulso en tu concha es un río desbocado. Finalmente, cero. La app revive, y Diego ya escribió: ¿Qué pasó, princesa? ¿Te cortaron las ganas? Tú ríes, tecleas furiosa: Mejor, ahora las tengo dobles. Mándame foto de esa pinga que presumías.

Él obedece. La verga erecta, venosa, reluciente de precum, te hace tragar saliva. Le mandas la tuya: piernas abiertas, dedos hundidos en la humedad. Ven por mí ya, wey. Estoy en Condesa, ábreme como tamal. En 20 minutos estoy en la esquina de Ámsterdam y Puebla. Rooftop bar, mesa alta. Te levantas de un brinco, el corazón martillando. Duchita rápida, agua tibia resbalando por tus curvas, jabón de coco perfumando tu piel. Te pones un vestido negro ceñido, sin bra, tanguita roja que se marca. Labial rojo sangre, pestañas postizas. Sales, el bullicio de la calle te envuelve: cláxones, risas de borrachos, olor a elotes asados y smog dulce.

Llegas al bar, luces neón parpadeando, música electrónica retumbando en tu pecho. Lo ves: alto, camisa ajustada marcando pectorales, jeans que abrazan su paquete. Te mira, ojos devorándote. ¡Pinche diosa! dice abrazándote, su aliento a tequila y menta rozando tu oreja. Sus manos en tu cintura, firmes, calientes. Se sientan, shots de mezcal que queman la garganta como fuego bendito. Hablan pendejadas: ¿De dónde sales tan rica? De México, carnal, pero con flow gringo. Sus dedos rozan tu muslo bajo la mesa, subiendo centímetro a centímetro. Tú aprietas las piernas, el roce manda chispas a tu centro. Vámonos de aquí, susurras, voz ronca. Él paga, te jala de la mano. Taxi rápido a su hotel en Polanco, 10 minutos eternos donde se comen la boca, lenguas enredadas, sabor a mezcal y deseo.

La habitación es un oasis: cama enorme, sábanas de algodón egipcio frescas, ciudad brillando por la ventana. Puerta cierra con clic, y explota. Diego te empuja contra la pared, boca en tu cuello, mordisqueando, chupando hasta dejar marca. Te quiero toda, gruñe, voz grave vibrando en tu piel. Sus manos arrancan el vestido, exponiendo tus tetas al aire. Pezones duros, él los lame, succiona uno mientras pellizca el otro. Gimes, ¡Órale, qué rico! Sabes a sal y sudor en su lengua. Bajas la mano, sientes su verga tiesa contra el pantalón, la aprietas. Él jadea, te carga a la cama.

Te abre las piernas, tanguita empapada a un lado. Mira nada más esta conchita chorreando por mí. Sopla aire caliente, te eriza. Luego lengua: plana, lamiendo desde el ano hasta el clítoris, círculos lentos. El sabor de tu jugo en su boca, olisquea como lobo. Tú arqueas la espalda, manos en su pelo, empujándolo más hondo. ¡No pares, pendejo, cómemela toda! Dedos entrn, dos, curvados tocando ese punto que te hace ver estrellas. Ritmo building, lengua vibrando, tu vientre contrae. Orgasmo viene como ola: grito ahogado, piernas temblando, chorro caliente salpicando su barbilla.

¡La verga, qué pedo! Nunca me había corrido así de rápido. Este wey sabe.

Él se quita la ropa, verga saltando libre: gruesa, cabeza morada palpitando. Tú gateas, la agarras, piel aterciopelada sobre acero. La lames desde la base, bolas pesadas en tu palma, olor masculino embriagador. Chupas la punta, succionas, lengua en la frenillo. Él gime ¡Carajo, qué mamada!, caderas empujando. La tragas profunda, garganta relajada, saliva chorreando. Lo miras con ojos de puta, y eso lo enloquece.

Te voltea boca abajo, nalgadas suaves que queman delicioso. ¿Lista para mí? Sí, métemela ya, cabrón. Condón puesto con manos temblorosas. La cabeza empuja tu entrada, resbalosa, entra lenta. Estirada, llena, cada vena rozando paredes sensibles. Gimes, sientes cada centímetro. Empieza a bombear: lento primero, piel chocando piel con palmadas húmedas. Acelera, cama crujiendo, sudor goteando de su pecho al tuyo. Tú rebotas, clítoris frotando sábanas. Más duro, Diego, rómpeme!

De repente, tu teléfono vibra en la mesita. Lo agarras entre embestidas, pantalla ilumina: notif de la app, please try again in 30 seconds. Ríes jadeante, se lo enseñas. Pinche app, ni madres nos para. Él acelera, riendo ronco: Cuenta 30 segundos y córrete conmigo. Contamos juntos, follada brutal: 30, 29... pulsos latiendo en sincronía, olor a sexo saturando el cuarto. 10, 9... vientre apretando su verga. 3, 2, 1. Explosión: tú gritas, concha ordeñándolo, él ruge, corrida llenando el condón caliente.

Colapsan, cuerpos enredados, piel pegajosa, respiraciones calmándose. Su mano acaricia tu espalda, besos suaves en la sien. El sabor de su piel en tus labios, el aroma de jazmín mezclado con semen y sudor. Eso fue chingón, murmura. Tú sonríes, piernas flojas, corazón lleno. Afuera, la ciudad ronronea indiferente, pero dentro, el mundo es perfecto. Mañana quién sabe, pero esta noche, el placer fue eterno.

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