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Nerf Tri Break de Placer Prohibido

6148 palabras

Nerf Tri Break de Placer Prohibido

La tarde en nuestro depa de la Roma era perfecta, con el sol colándose por las cortinas y el olor a café recién hecho flotando en el aire. Alex, mi carnalito del alma, había llegado con una sonrisa pícara y una caja bajo el brazo. "Mira wey, traje esto pa' que nos la armemos chida", dijo sacando el Nerf Tri Break, esa pistola de dardos que parecía sacada de una película de acción pero en versión juguetona. Yo reí, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Hacía meses que no jugábamos así, como niños grandes, y neta que me prendía la idea.

Me puse una playera holgada y shorts cortos, sintiendo la tela rozar mi piel suave, mientras él cargaba el Nerf Tri Break con seis dardos esponjosos. ¿Y si esto se pone interesante?, pensé, notando cómo sus ojos me recorrían de arriba abajo. El sonido del clic al armar el tambor me erizó la piel, como un preludio a algo más intenso.

Qué chido sería si un dardo me cae en el pecho y él viene a 'curarme'...
Empezamos en la sala, el piso de madera crujiendo bajo nuestros pies descalzos.

¡Pum! El primer dardo voló y me dio en el muslo, suave como un beso. Reí a carcajadas, el impacto vibrando contra mi piel cálida. "¡Te la regaste, pendejo!" grité, apuntando con mi propio Nerf que él me había dado. Mi tiro le pegó en el abdomen, y él fingió agonía, doblándose con un gemido exagerado que me mojó de golpe. Corrimos por el depa, dardos silbando, risas mezcladas con jadeos. El sudor empezaba a perlar mi frente, y cada roce accidental –su mano en mi cadera, mi hombro contra su pecho– encendía chispas.

En la cocina, me acorraló contra la isla. El Nerf Tri Break en su mano giró lento, y sentí su aliento caliente en mi cuello. "Ríndete, mi reina", murmuró, su voz ronca como el ronroneo de un motor. El dardo siguiente aterrizó justo en el borde de mi escote, rebotando suave sobre mi piel expuesta. Mi corazón latía desbocado, el pulso retumbando en mis oídos. Olía a su colonia mixta con sudor fresco, un afrodisíaco puro. No aguanto más, neta me lo quiero comer vivo.

Dejé caer mi Nerf y lo jalé por la camisa, nuestros labios chocando en un beso hambriento. Sus manos grandes me apretaron las nalgas, la tela de mis shorts tensándose. Gemí contra su boca, saboreando el café en su lengua, mientras el Nerf Tri Break caía olvidado al piso con un thud suave. Nos movimos a trompicones hacia el sillón, quitándonos ropa como si quemara. Su playera voló, revelando ese torso marcado por horas en el gym, piel bronceada oliendo a hombre puro.

"Estás bien pinche rica", gruñó, lamiendo mi cuello mientras sus dedos se colaban bajo mis bragas. Sentí su verga dura presionando mi muslo, gruesa y pulsante, lista para romperme en tres. Yo le bajé el pantalón, liberándola: venosa, caliente al tacto, goteando ya de anticipación. La apreté suave, sintiendo el salto en mi palma, y él jadeó, ojos oscuros de deseo.

Qué delicia, este wey me vuelve loca con solo mirarme así
.

Me recargué en el sillón, piernas abiertas, invitándolo. Pero él sonrió malicioso y recogió el Nerf Tri Break del piso. "Vamos a jugar un rato más", dijo, cargándolo con un dardo. Lo apuntó a mi entrepierna, y cuando disparó, el esponjoso impacto en mi panocha me hizo arquear la espalda. Fue como un latigazo dulce, vibrando directo en mi clítoris hinchado. ¡Ay cabrón, qué chingón! Grité de placer, humedad chorreando entre mis labios vaginales.

Él se arrodilló, besando el punto del impacto, su lengua caliente lamiendo mi jugo salado. El sabor de mi excitación lo enloqueció; succionó mi botón con hambre, dedos hundiéndose en mi entrada resbalosa. Yo me retorcía, uñas clavándose en su cuero cabelludo, olores mezclados de sexo y sudor llenando la sala. Cada chupada era un trueno en mi vientre, tensión acumulándose como una tormenta. "Más, Alex, no pares, pendejito", suplicaba, caderas moviéndose solas contra su cara barbuda.

Pero quería más. Lo jalé arriba, montándolo en el sillón. Su verga se alineó perfecta con mi concha empapada, y descendí lento, centímetro a centímetro. El estiramiento ardiente me arrancó un gemido gutural; lo sentía llenándome hasta el fondo, pulsando contra mis paredes internas. Empecé a cabalgar, tetas rebotando, pieles chocando con palmadas húmedas. Él me amasaba las nalgas, guiando el ritmo, gruñendo "Qué apretadita estás, mi amor". El sofá crujía bajo nosotros, aire cargado de nuestros olores: almizcle, sudor, placer crudo.

La intensidad subía como fiebre. Cambiamos: él me puso a cuatro, embistiéndome desde atrás con fuerza controlada. Cada embestida era un plaf sonoro, su pelvis golpeando mi culo, bolas rozando mi clítoris. Sentía su verga hinchándose más, rozando ese punto G que me hacía ver estrellas.

Me voy a venir como nunca, este tri break de placer me está rompiendo
. Mis paredes se contraían, ordeñándolo, jugos bajando por mis muslos. Él aceleró, mano en mi pelo jalando suave, la otra frotando mi botón en círculos precisos.

El clímax llegó como avalancha. Grité su nombre, cuerpo convulsionando, olas de éxtasis explotando desde mi centro. Lo apreté tanto que él rugió, corriéndose dentro, chorros calientes inundándome, semen mezclándose con mi crema. Colapsamos juntos, jadeos entrecortados, pieles pegajosas de sudor y fluidos. El Nerf Tri Break yacía cerca, testigo mudo de nuestro desmadre.

Minutos después, recostados en el piso fresco, él me besó la frente. "Eso fue épico, ¿verdad?" Asentí, sintiendo el afterglow cálido en mis músculos laxos. Olía a nosotros, a sexo satisfecho, y el sol poniente teñía todo de naranja. Neta, este wey es mi todo. Mañana repetimos con el Nerf Tri Break, pero ahora sí en serio. Nos envolvimos en una cobija, risas suaves, el corazón latiendo en sintonía. Esa noche, el sueño llegó profundo, soñando con más breaks de placer infinito.

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