Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo El Trio Familiar XXX El Trio Familiar XXX

El Trio Familiar XXX

6167 palabras

El Trio Familiar XXX

Era una tarde calurosa en la casa de playa de Acapulco, con el sol derramándose como miel sobre la arena blanca. Yo, Juan, acababa de cumplir treinta y cinco, mi esposa María, con sus curvas de diosa mexicana y esa piel morena que olía a coco y sal, y su hermana Ana, dos años menor, igual de despampanante pero con un fuego más salvaje en los ojos. Habíamos llegado para un fin de semana familiar, pero el aire estaba cargado de algo más que humedad del mar. Las tres cervezas frías que nos echamos mientras veíamos el atardecer rosado sobre el Pacífico empezaron a soltar las lenguas.

¿Qué carajos pasa aquí? pensé, mientras María se recargaba en mi hombro, su mano rozando mi muslo de forma casual, pero con esa presión que conozco tan bien. Ana, sentada enfrente en la hamaca, cruzaba y descruzaba las piernas, su shortcito dejando ver lo suficiente para que mi verga diera un brinco traicionero. "Oye, carnal", dijo Ana con esa voz ronca que usa cuando anda picarona, "he visto unas chingaderas en internet que me han dejado loca. ¿Ya vieron lo del trio familiar xxx? Pura madre, pero qué rico se ve".

María soltó una carcajada, su aliento cálido contra mi cuello oliendo a tequila. "¡Pendeja! Tú y tus pornos raros. Pero... ¿y si lo intentamos? Somos familia, nos conocemos de toda la vida. No hay pedos". Mi corazón latió como tamborazo en quinceañera. Las miré a las dos, idénticas en su belleza: tetas firmes bajo las blusas sueltas, caderas que se mecían como olas. El olor a mar se mezclaba con el de sus cremas, y el sonido de las palmeras susurrando me ponía la piel de gallina.

La noche cayó como manta negra, y nos metimos a la alberca iluminada por luces tenues. El agua tibia nos envolvía, chapoteando suave contra nuestros cuerpos. María se acercó primero, besándome con lengua jugosa, saboreando a limón y deseo. "Te quiero compartir esta noche, mi amor", murmuró, sus dedos deslizándose por mi pecho velludo. Ana nadó hacia nosotros, su risa burbujeando. "No seas rácata, hermana. Déjame probar a tu marido". Sus labios rozaron mi oreja, enviando chispas por mi espina.

Esto es una locura, pero qué chingón se siente. Dos mujeres que me miran como si fuera el último tamal en la feria.

Empecé con caricias suaves, mis manos explorando la piel mojada de María, resbalosa como seda bajo el agua. Ella gemía bajito, un sonido que me erizaba los vellos. Ana se pegó por detrás, sus tetas aplastándose contra mi espalda, pezones duros como piedras preciosas. "Tócame, Juan", susurró, guiando mi mano a su entrepierna. Sentí el calor de su panocha hinchada, lista, y metí un dedo despacio, probando su humedad salada mezclada con cloro. Ella jadeó, mordiéndome el hombro.

Salimos del agua chorreando, el aire fresco de la noche nos erizando la piel. Nos tumbamos en las loungers mullidas, con toallas suaves. María se arrodilló frente a mí, bajándome el bañador con dientes juguetones. Mi verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando al aire salobre. "Mira qué chula está", dijo Ana, lamiéndose los labios pintados de rojo. Las dos se turnaron, lenguas expertas bailando en mi glande, saboreando el precum salado. El sonido de sus chupadas húmedas, slurp slurp, se mezclaba con el romper de olas lejanas. No aguanto, pinches diosas, pensé, mis caderas empujando instintivo.

María montó primero, su coño caliente engulléndome centímetro a centímetro. "¡Ay, cabrón, qué rica tu verga!", gritó, cabalgando con ritmo de cumbia, sus nalgas rebotando contra mis muslos. El olor a sexo empezaba a flotar, almizclado y dulce. Ana no se quedó atrás; se sentó en mi cara, su panocha depilada rozando mi nariz, jugos chorreando en mi boca. La lamí con hambre, lengua hurgando clítoris hinchado, saboreando su esencia agria y adictiva. Ella se retorcía, gimiendo "¡Chúpame más, pendejo, no pares!".

El calor subía, sudor perlando sus cuerpos dorados bajo la luna. Cambiamos posiciones como en esas pelis de trio familiar xxx que Ana mencionó. La puse a Ana en cuatro, embistiéndola desde atrás, mi verga estirando sus paredes calientes, slap slap de carne contra carne. María se acostó debajo, lamiendo las bolas que se mecían y el clítoris de su hermana. "¡Qué rico, hermanita, tu sabor con la verga de Juan!", exclamó María, voz ahogada en jugos.

La tensión crecía como tormenta en el Golfo. Sentía sus pulsos acelerados contra mi piel, oía jadeos entrecortados, olía el aroma embriagador de tres cuerpos en éxtasis. Ana vino primero, su coño contrayéndose como puño alrededor de mí, gritando "¡Me vengo, chingado, me vengo!". Eso me llevó al borde, pero me aguanté, volteándola para besar su boca jadeante, lengua enredada con la mía.

María quería más. "Ahora a mí, mi rey". La recosté, abriéndole las piernas anchas, penetrándola profundo mientras Ana nos besaba, dedos pellizcando pezones. El ritmo se volvió frenético, mi verga hinchada rozando su punto G, sus uñas clavándose en mi espalda dejando surcos ardientes. "¡Dame todo, Juan, lléname!", suplicó. Ana se masturbaba al lado, ojos vidriosos, susurrando "Somos el mejor trio familiar xxx, ¿verdad?".

El clímax llegó como erupción del Popo. Me corrí dentro de María, chorros calientes inundándola, mi rugido primal ahogando las olas. Ella explotó conmigo, coño ordeñándome, piernas temblando. Ana se unió, frotándose contra nosotros hasta su propio orgasmo, jugos salpicando pieles sudadas. Colapsamos en un enredo de miembros, respiraciones agitadas sincronizándose, el aire cargado de semen, sudor y satisfacción.

Después, bajo las estrellas parpadeantes, nos acurrucamos con cervezas frescas. María trazaba círculos en mi pecho. "Eso fue épico, amor. ¿Repetimos?". Ana rio, besándonos alternadamente. "Pinches locos, pero qué familia chida". El mar susurraba aprobación, y yo sonreí, sabiendo que este trio familiar xxx acababa de cambiar todo para siempre. El afterglow nos envolvía como sábana tibia, promesas de más noches salvajes flotando en el aire salino.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.