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Era una noche calurosa en el corazón de la Condesa, con el bullicio de la ciudad filtrándose por las ventanas abiertas de mi depa. Yo, Ana, estaba recargada en el sofá de piel sintética que olía a nuevo, con las piernas cruzadas y un mezcal en la mano. Luis, mi carnal desde hace dos años, andaba revolviendo el refri en busca de más hielo. Neta, qué flojera, pero al mismo tiempo una chispa de excitación me picaba en el estómago. Habíamos platicado mil veces de probar algo nuevo, algo que nos sacara de la rutina.

"Wey, ¿y si vemos unas peliculas porno gratis trios?", le grité desde la sala, mientras mi dedo ya volaba por el control remoto del smart TV. Él salió con una sonrisa pícara, el hielo tintineando en el vaso. "Órale, mami, ¿estás en esas? Chido, ponle". Nos acurrucamos, su brazo rodeándome la cintura, el calor de su cuerpo mezclándose con el mío. El aroma a su colonia fresca, mezclado con el humo de la ciudad, me ponía ya media caliente.

Encontré un sitio lleno de peliculas porno gratis trios, videos caseros y pro que prometían locuras. Elegí uno con una morra entre dos vatos bien buenos, sus cuerpos brillando de sudor bajo luces tenues. El primer gemido salió del parlante, grave y ronco, y sentí un cosquilleo entre las piernas. Luis me apretó más, su mano bajando despacito por mi muslo.

¿Y si lo hacemos de verdad? ¿Será que aguanto esa intensidad?
Mi mente volaba, imaginándome en lugar de esa tipa.

La peli avanzaba: besos húmedos, lenguas enredadas, manos explorando curvas. El sonido de piel contra piel, slap slap slap, retumbaba en la habitación. Yo ya respiraba agitada, mi blusa pegada al pecho por el sudor. "Luis, esto está cañón", murmuré, girándome para morderle el lóbulo de la oreja. Él rio bajito, su aliento caliente en mi cuello. "Imagínate si llamamos a Marco, ¿no? Ese pendejo siempre anda coqueteando contigo". Marco, nuestro amigo de la uni, alto, moreno, con esa mirada que te deshace. La idea me prendió como mecha.

Le mandé un whatssap rápido: "Ven al depa, traete chelas. Estamos viendo porno bueno". Respondió en segundos: "Ya voy, ¿qué tan bueno?". Minutos después, el timbre sonó. Marco entró con su sonrisa de galán, oliendo a aftershave y cerveza fresca. "Qué onda, par de pervertidos", bromeó, dejando las chelas en la mesa. Le explicamos del video, y él se sentó al otro lado del sofá, nuestras rodillas rozándose. El aire se cargó de electricidad, como antes de una tormenta en el DF.

Reanudamos la peli. Ahora la morra chupaba una verga mientras el otro la penetraba por atrás. Gemidos en stereo, el olor a excitación empezando a flotar: ese almizcle dulce de pussy mojada que tanto me calienta. Marco se removió, su jean apretado mostrando el bulto. Yo lo miré de reojo, y Luis notó. "No mames, carnal, ¿te prende?", le dijo Luis, con voz juguetona. Marco asintió, rojo pero excitado. "Neta, sí. ¿Y ustedes?". Mi corazón latía a mil, el pulso en mi clítoris sincronizado.

La tensión crecía como olla exprés. Mi mano fue a la entrepierna de Luis, masajeando su verga dura a través del pantalón. Él gimió, y Marco nos vio, sus ojos oscuros fijos. "¿Quieren que me una?", soltó de pronto, voz ronca. Yo tragué saliva, el sabor del mezcal aún en la lengua. "Ven, wey", respondí, extendiendo la mano. Él se acercó, su boca capturando la mía en un beso salvaje, lengua invasora, sabor a cerveza y deseo puro. Luis nos miró, masturbándose despacio, su respiración pesada.

Esto es real, no una pinche peli. Dos vatos para mí, y yo mandando.

Sus manos everywhere: Luis desabotonándome la blusa, exponiendo mis chichis firmes, pezones duros como piedras. Marco lamía mi cuello, bajando a morderlos suave. Qué rico, el roce áspero de su barba, el calor húmedo de su boca. Me recargué, piernas abiertas, mi shorty empapado. "Quítenselo todo", ordené, voz temblorosa de poder. Ellos obedecieron, vergas saltando libres: la de Luis gruesa y venosa, la de Marco larga y curva. El olor a hombre excitado, precum brillando en las puntas, me volvió loca.

Me puse de rodillas en la alfombra mullida, el piso fresco contra mis rodillas. Tomé las dos vergas, una en cada mano, piel suave sobre dureza. Chupé primero a Luis, succionando profundo, su sabor salado inundándome la boca. Él gruñó, "Así, mami". Luego a Marco, su longitud tocándome la garganta, lágrimas de placer en mis ojos. Los alternaba, lengüeteando huevos, labios hinchados rozando glande. Sus gemidos se mezclaban con los de la peli de fondo, un coro obsceno.

Luis me levantó, me sentó en su regazo, su verga hundiéndose en mi panocha chorreante. ¡Ay cabrón! Llenándome completa, estirándome delicioso. Marco se paró frente a mí, ofreciendo su verga a mi boca mientras Luis me embestía desde abajo. Ritmo perfecto: thrust thrust suck suck. Sudor goteando, pieles chocando con sonidos chapoteantes, mi jugo lubricando todo. Olía a sexo puro, a nosotros tres fundidos.

Cambié posiciones, gradual, saboreando cada segundo. Ahora Marco me cogía a cuatro patas en el sofá, su verga golpeando mi G-spot, ondas de placer subiendo por mi espina. Luis debajo, lamiendo mi clítoris expuesto, su lengua mágica girando.

Esto es el paraíso, neta. Dos lenguas, dos vergas, yo en el centro del mundo.
Gemí alto, voz quebrada, "Más duro, pendejos". Ellos aceleraron, cuerpos temblando, mis paredes contrayéndose.

El clímax llegó como avalancha. Primero yo, explotando en orgasmos múltiples, chorros mojando la piel de Luis, grito ahogado en la almohada. Marco se corrió después, llenándome de leche caliente, pulsos fuertes dentro. Luis último, sacándola para eyacular en mis chichis, chorros blancos calientes escurriendo. Colapsamos en un enredo sudoroso, pechos subiendo y bajando, risas jadeantes rompiendo el silencio.

La peli seguía rodando, ignorada ahora. Marco me besó la frente, "Eso fue mejor que cualquier pelicula porno gratis trios". Luis abrazándonos a ambos, "Somos el mejor trio, ¿no?". Me acurruqué entre ellos, piel pegajosa, corazón lleno. El aroma a sexo persistía, mezclado con el jazmín del balcón.

Esto no fue solo un polvo. Fue conexión, confianza, algo nuestro.

Nos duchamos juntos después, agua caliente lavando fluidos, manos juguetonas prolongando la intimidad. Salimos envueltos en toallas, pidiendo tacos por app, riendo de lo que acababa de pasar. Esa noche cambió todo: de amigos a amantes compartidos, sin celos, solo placer puro. Y sí, de vez en cuando, volvemos a esas peliculas porno gratis trios para recordar cómo empezó el fuego.

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