Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo El Ritmo Ardiente del Brad Mehldau Trio El Ritmo Ardiente del Brad Mehldau Trio

El Ritmo Ardiente del Brad Mehldau Trio

6235 palabras

El Ritmo Ardiente del Brad Mehldau Trio

Entras al jazz club de la Condesa una noche de viernes, el aire cargado de humo dulce de cigarros y ese olor a madera vieja que te envuelve como un abrazo. Las luces tenues bailan sobre las mesas, y de pronto, el Brad Mehldau Trio irrumpe en tus oídos desde los altavoces. Ese piano sensual, el bajo que vibra en tu pecho como un latido acelerado, la batería que acaricia el ritmo de tu pulso. Neta, es chido, te hace sentir viva, como si cada nota te rozara la piel.

¿Por qué carajos vine sola? piensas mientras te sientas en la barra, pides un mezcal con sal y limón. Tus ojos recorren el lugar, y ahí lo ves: un vato alto, moreno, con camisa negra arremangada que deja ver unos brazos fuertes. Está solo, con los ojos cerrados, perdido en la melodía del Brad Mehldau Trio. Ese solo de piano te eriza la piel, y notas cómo él mueve los labios siguiendo las notas, como si las saboreara.

Te mira. Sus ojos oscuros te clavan, una sonrisa pícara se dibuja en su cara.

"¿Te late el jazz, güey?"
te dice cuando se acerca, su voz grave como el bajo del trío. Órale, qué voz más rica, sientes un cosquilleo en el estómago.

—Neta sí, este Brad Mehldau Trio me pone... no sé, caliente —le contestas coqueta, lamiendo la sal del vaso con lentitud. Él se ríe, se sienta a tu lado, su muslo roza el tuyo accidentalmente. O no tan accidental. Hablan de la música, de cómo esas improvisaciones te hacen imaginar manos expertas tocando tu cuerpo. El mezcal baja suave, quema la garganta, y el calor sube por tu pecho.

La tensión crece con cada tema. El piano de Brad Mehldau se acelera, tú sientes tu respiración igual. Él se llama Diego, carnal de un músico local, y su mano ya descansa en tu rodilla, subiendo despacito. Chíngame, esto va en serio, piensas, pero no lo detienes. Al contrario, tu mano va a su nuca, lo jalas para un beso. Sus labios saben a tequila y deseo, la lengua explora tu boca con la misma cadencia jazzera, suave pero insistente.

Acto dos: la escalada

Salen del club tomados de la mano, el eco del Brad Mehldau Trio aún retumbando en sus cabezas. Caminan por las calles empedradas de la Roma, el viento fresco besa tu piel arrebolada. Quiero que me toque ya, tu mente grita mientras él te empuja contra una pared discreta, besa tu cuello, mordisquea el lóbulo de tu oreja. Sientes su verga dura contra tu cadera, grande, palpitante.

"¿Vamos a mi depa? Está cerca, preciosa."

—Sí, pendejo, pero ándale —le dices riendo, excitada como nunca.

En su departamento, minimalista y chido, con posters de jazz en las paredes, pone el disco del Brad Mehldau Trio. El piano llena el aire mientras él te quita la blusa despacio, sus dedos trazan tus curvas como si improvisara un solo. Tus pechos se liberan, él gime al verlos, lame tus pezones con la lengua húmeda, chupa suave al principio, luego más fuerte. Sientes el calor entre tus piernas, tu panocha ya mojada, palpitando al ritmo de la batería.

Esto es puro fuego, piensas mientras lo desabrochas, sacas su verga gruesa, venosa, que salta libre. La agarras, dura como piedra, la acaricias de arriba abajo, él jadea, te besa feroz. Se arrodilla, te baja el calzón, su aliento caliente en tu monte de Venus.

"Qué rica hueles, güera."
Su lengua lame tu clítoris, chupa tus labios hinchados, mete dos dedos dentro, curvándolos justo ahí, en tu punto G. Gimes alto, tus caderas se mueven solas, el jazz de fondo acelera tu pulso.

La intensidad sube. Lo empujas a la cama, te subes encima, frotas tu humedad contra su verga. Él te agarra las nalgas, amasa la carne suave. No aguanto más. Te hundes en él despacio, centímetro a centímetro, sientes cómo te llena, estira tus paredes. ¡Qué chingón! Cabalgas lento al principio, siguiendo el piano melódico del Brad Mehldau Trio, luego más rápido con el bajo frenético.

Diego te voltea, te pone en cuatro, embiste desde atrás. Sus bolas chocan contra ti, slap slap slap, mezclado con los tambores. Sudor gotea de su pecho a tu espalda, huele a hombre, a sexo puro.

"¡Cógeme más duro, cabrón!"
le gritas, y él obedece, una mano en tu clítoris, frotando círculos. Tu orgasmo se acerca, una ola gigante, tus músculos se aprietan alrededor de su verga.

Pero no termina ahí. Cambian posiciones, tú de lado, él detrás, penetrándote profundo mientras besa tu hombro. Hablan sucio en mexicano: "Tu panocha es una delicia, neta te quiero partir." Ríen entre gemidos, la conexión es total, emocional y carnal. El conflicto interno —¿es solo una noche o más?— se disuelve en placer.

Acto tres: la liberación

El clímax explota cuando él te pone boca arriba, piernas en sus hombros, embiste como poseído. El Brad Mehldau Trio llega a un crescendo, piano furioso, y tú con él. Voy a venirme, chingado. Gritas su nombre, tu cuerpo tiembla, jugos calientes mojan las sábanas. Él gruñe, se corre dentro, chorros calientes llenándote, pulsando.

Caen exhaustos, jadeando. Su semen gotea de ti, mezclado con tu esencia. Se abrazan, piel sudada pegada, olores entremezclados: sudor, sexo, mezcal. El disco termina, silencio roto solo por respiraciones.

"Eso fue... épico, como un solo de Mehldau."
dice él, riendo suave.

Tú sonríes, acaricias su pecho. No sé si mañana será lo mismo, pero esta noche fue perfecta. Se duchan juntos, agua caliente lavando cuerpos, besos tiernos bajo la regadera. Salen a desayunar tamales en la esquina, el sol de la mañana calienta sus sonrisas. El deseo satisfecho deja un eco dulce, como la última nota del trío jazzero.

Regresas a casa con el cuerpo adolorido de placer, el alma plena. El Brad Mehldau Trio ahora es más que música: es el soundtrack de tu noche más ardiente. Y quién sabe, quizás Diego te llame. O no. Pero valió cada segundo.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.