Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo La Cancion Try Everything La Cancion Try Everything

La Cancion Try Everything

6333 palabras

La Cancion Try Everything

Estaba en esa fiesta en Polanco, con las luces tenues y el aire cargado de risas y chelas frías. Yo, Ana, de treinta y dos, con mi vestido negro ceñido que me hacía sentir como una diosa mexicana, curvas al aire. Javier, mi carnal de toda la vida, pero ahora algo más, me miró desde el otro lado del salón. Neta, sus ojos cafés me quemaban la piel. Llevábamos meses coqueteando, pero esta noche el ambiente estaba prendidísimo.

De repente, el DJ soltó la cancion try everything, esa rola de Shakira que todos conocemos, con su ritmo pegajoso que te hace mover las caderas sin control. "I messed up tonight, I lost another fight..." pero en mi cabeza era como un himno. Javier se acercó, su mano grande rozando mi cintura.

¿Por qué no probar todo esta noche? ¿Por qué no dejar que el deseo nos lleve?
Le dije al oído: "Órale, wey, ¿bailamos?"

Su aliento cálido en mi cuello olía a tequila reposado y a hombre. Bailamos pegaditos, mi culo contra su entrepierna dura. Sentía su verga palpitando a través del pantalón, y yo ya estaba mojada, la panocha latiendo como tambor. El sudor nos unía, el olor a su colonia mezclada con mi perfume de vainilla. Sus manos bajaban por mi espalda, apretando mis nalgas. No mames, qué rico se sentía su toque, firme pero juguetón.

"Ana, neta, me traes loco", murmuró, su voz ronca rozando mi oreja. Yo reí bajito, girándome para morderle el lóbulo. "Pues pruébalo todo, pendejo", le contesté, juguetona. La canción seguía: "Try everything!" y era como si nos hablara directo. La tensión crecía, mis pezones duros contra el vestido, su respiración acelerada. Nos miramos, sabiendo que no íbamos a parar.

Salimos de la fiesta sin despedirnos, tomados de la mano, corriendo a su depa en la Roma. El taxi olía a ciudad nocturna, a tacos de la esquina y escape. En el camino, sus dedos subían por mi muslo, rozando el encaje de mis calzones.

Quiero que me coma entera, que pruebe cada rincón de mi cuerpo
. Yo le apreté la verga por encima del pantalón, dura como piedra. "Aguanta, carnal, ya llegamos".

Al entrar, la puerta se cerró con un bang y nos devoramos. Sus labios en los míos, lengua caliente explorando, sabor a tequila y menta. Lo empujé contra la pared, quitándole la camisa. Su pecho moreno, músculos marcados por el gym, olía a sudor fresco y deseo. Lamí sus pezones, mordisqueando, mientras él gemía: "Chingao, Ana, qué rica". Mis manos bajaron, desabrochando su cinturón, liberando esa verga gruesa, venosa, goteando pre-semen.

Me arrodillé, el piso frío contra mis rodillas, pero no importaba. La tomé en la boca, chupando despacio, saboreando su salado. Su mano en mi pelo, guiándome suave. "Mamadas así no te las dan todos los días, ¿eh?", dijo riendo. Yo aceleré, garganta profunda, saliva corriendo por mi barbilla. Él jadeaba, caderas moviéndose. Pero no lo dejé venir. Me levanté, besándolo con su propio sabor en mis labios.

Me cargó a la recámara, el colchón king size nos recibió. Luces de neón de la calle filtrándose por las cortinas, pintando su piel de rojo y azul. Me quitó el vestido, exponiendo mis tetas grandes, pezones oscuros duros. Los mamó con hambre, succionando fuerte, enviando chispas a mi clítoris.

Esto es lo que necesitaba, sentirme deseada, poderosa
. Sus dedos bajaron, metiéndose en mis calzones empapados. "Estás chorreando, mamacita", gruñó.

Separó mis labios, frotando mi botón hinchado. Gemí alto, arqueándome. "Sí, Javier, ahí, no pares". Metió dos dedos, curvándolos, tocando ese punto que me hace ver estrellas. El sonido chido de mi humedad, chap chap, mezclándose con nuestros jadeos. Olía a sexo puro, a panocha excitada y verga lista. Lo monté, frotándome contra su mano, pero quería más.

"Probemos todo", le dije, recordando la cancion try everything que aún sonaba en mi cabeza. Le pedí que trajera el aceite de masaje del cajón. Se lo untó en la verga, brillando, y yo me puse a cuatro, ofreciéndole mi culo redondo. "Cuidado, carnal, despacito", susurré, excitada pero nerviosa. Nunca lo habíamos hecho por atrás. Él escupió en mi ano, masajeando suave, un dedo primero, luego dos. Dolor placentero, estirándome, lubricado.

La punta de su verga presionó, entrando lento. Ay, cabrón, ardía pero rico, lleno. "Estás apretadísima, Ana, qué chingón". Empujó más, yo empujando contra él, adaptándome. Pronto follábamos rítmico, su pelvis chocando mis nalgas, pap pap pap. Sudor goteando, su olor almizclado envolviéndome. Alcancé mi clítoris, masturbándome, el placer duplicándose.

Cambié de posición, él de rodillas, yo encima a la inversa. Control total, bajando sobre su verga, sintiéndola profunda en mi culo. Rebotaba, tetas saltando, su mano azotando suave mi nalga. "Qué nalgas más ricas", dijo. Gemí su nombre, el orgasmo construyéndose como ola.

Esto es libertad, probar sin miedos, con él que me respeta
.

Volvimos al misionero, ahora en mi panocha. Me abrió las piernas, embistiéndome fuerte, verga llenándome. Besos profundos, lenguas enredadas. Sus bolas golpeando mi perineo, húmedo todo. "Voy a venirme, Ana", avisó. "Dentro, córrete adentro". Aceleró, gruñendo, y sentí su leche caliente explotando, contrayéndome alrededor. Mi clímax llegó, espasmos, gritando, uñas en su espalda.

Colapsamos, jadeantes, piel pegajosa de sudor y fluidos. Su peso sobre mí reconfortante, corazón latiendo contra el mío. Besos suaves ahora, caricias en el pelo. "Fue increíble, neta", murmuró. Yo sonreí, oliendo nuestro sexo en las sábanas.

La canción try everything nos abrió puertas, y qué chido fue cruzarlas juntos
.

Nos duchamos después, agua caliente lavando el sudor, jabón en sus manos resbalando por mi cuerpo. Reímos recordando la fiesta, planeando la próxima aventura. En la cama, envueltos en sábanas limpias, su brazo alrededor de mi cintura. Durmiéndome, pensé: probar todo no es solo físico, es conectar almas. Mañana, quién sabe qué más, pero esta noche fuimos invencibles.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.