Algo salió mal por favor inténtalo de nuevo en unos minutos
Tú estás ahí sentada en tu depa chiquito pero chulo en la Condesa, con el calor de la noche de verano pegándote en la piel como una promesa sucia. El ventilador zumbando como un zumbido de mosquito cachondo, y tú con las piernas abiertas sobre el sofá, sudando un poquito bajo la blusa ligera que se te pega al pecho. Neta, llevas días sin acción, y esa comezón entre las piernas no te deja en paz. Agarras tu cel, abres la app de citas esa gringa que todos usan, la que promete matches calientes sin tanto pedo.
Deslizas fotos, mandas un mensajito juguetón a un wey que parece bien perrón, con ojos oscuros y sonrisa de pendejo confiado. Qué rico se vería encima de mí, piensas, mientras sientes ese cosquilleo en el estómago bajando directo al clítoris. Tecleas rápido: "Ey guapo, ¿qué traes para esta noche?" Entras el send, y de repente, la pantalla parpadea. Letras rojas en inglés: something went wrong please try again in a few minutes. ¡Órale, cabrón! Frustrada, tiras el cel al sofá. El corazón te late fuerte, como si el error te hubiera puesto más caliente todavía.
Te levantas, caminas a la cocina por un trago de agua fría. El piso de madera cruje bajo tus pies descalzos, y el olor a jazmín de la vecina se cuela por la ventana abierta. Sales al balcón, a tomar aire, con la blusa medio desabotonada dejando ver el encaje negro de tu bra. Ahí está él, el vecino del depa de al lado, Diego, fumando un cigarro recargado en la reja. Alto, moreno, con playera ajustada que marca los músculos del pecho y brazos tatuados que gritan agárrame si te atreves. Siempre lo has visto de reojo, con su risa ronca que te hace mojar las panties sin querer.
—¿Qué onda, vecinita? —te dice con esa voz grave que vibra en tu piel como un ronroneo.— Pareces... agitada.
Tú sonríes, coqueteando con la mirada.
¿Y si le digo lo que traigo en mente? Neta, se me antoja probarlo, piensas. —Sí, wey, la app de citas se atoró. Me salió un pedo: algo salió mal por favor inténtalo de nuevo en unos minutos. Como si mi noche no pudiera ser más mierda.
Él se ríe, apagando el cigarro. Sus ojos bajan a tu escote, y sientes el calor de su mirada quemándote las tetas. —¿App de citas? Neta eres una chingona. Pero mira, si quieres, yo te ayudo a olvidar eso. Ven, pásate un ratito.
El deseo te pica como hormigas en la piel. Asientes, saltas la reja baja que divide los balcones. Su depa huele a café recién hecho y a su colonia amaderada, esa que te hace imaginar su verga dura contra tu nalga. Te ofrece una chela fría, las botellas chocan con un clink que suena a invitación. Se sientan en su sofá de cuero negro, las rodillas rozándose. Hablan pendejadas: del tráfico en Insurgentes, de la carnita asada del domingo, pero el aire se carga de tensión. Sus dedos rozan tu muslo "sin querer", y tú sientes la electricidad subir por tu espina.
—Sabes qué —dice él, acercándose—, a veces los errores son lo mejor que te pasa. Como este.
Su aliento huele a menta y cerveza, cálido en tu cuello. Tú giras la cara, y sus labios te rozan la comisura. Chingado, qué rico sabe. El beso empieza suave, lenguas tanteando como en un baile lento. Pero pronto se pone intenso: sus manos grandes te aprietan la cintura, tirándote encima de él. Sientes su erección presionando contra tu entrepierna a través de los jeans, dura como piedra, palpitando con tu propio pulso acelerado.
Te quita la blusa con urgencia, exponiendo tus tetas al aire fresco. Sus labios bajan, chupando un pezón rosado, la lengua girando en círculos que te hacen arquear la espalda. —Ay wey, no pares— gimes, hundiendo las uñas en su cabello negro revuelto. Él gruñe, el sonido vibrando en tu piel como un motor encendido. Baja la mano a tu short, desabrochándolo lento, torturándote. Sus dedos rozan tu tanga empapada, y ríe bajito: —Estás chorreando, pinche rica.
Tú no te quedas atrás. Le bajas el zipper, sacas su verga gruesa, venosa, la cabeza brillando de precum. La agarras, sientes el calor latiendo en tu palma, suave piel sobre acero. La acaricias arriba-abajo, oyendo sus jadeos roncos que llenan la habitación.
Quiero que me rompa, que me llene hasta el fondo. Lo empujas al sofá, te subes a horcajadas, frotándote contra él. El roce de su glande en tu clítoris hinchado te hace ver estrellas, jugos chorreando por sus bolas.
Pero él te voltea, dominando juguetón. —Yo mando ahorita, carnala —te dice con guiño. Te pone de rodillas en la alfombra mullida, el olor a su excitación macho invadiendo tus fosas nasales. Te come el coño desde atrás, lengua plana lamiendo de clítoris a ano, chupando tus labios hinchados. Saboreas tu propio sabor salado cuando él te besa después, lenguas mezclándose en un beso sucio y delicioso. Tus muslos tiemblan, el orgasmo construyéndose como tormenta en el DF.
—Chíngame ya, pendejo —le ruegas, voz quebrada. Él se para detrás, restregando la verga en tu raja mojada. Entra de un empujón lento, estirándote delicioso. ¡Madre santa, qué grande! Llenándote hasta el útero, cada vena rozando tus paredes sensibles. Empieza a bombear, lento al principio, saliendo casi todo para volver a hundirse. El slap-slap de carne contra carne, sus bolas golpeando tu clítoris, el sudor goteando de su pecho a tu espalda.
Agarras las sábanas cuando cambian a la cama, él encima en misionero. Sus ojos clavados en los tuyos, conexión más allá de lo físico. —Te sientes como terciopelo caliente —murmura, besándote el cuello, mordisqueando la oreja. Aceleras, caderas chocando furiosas, el colchón crujiendo en protesta. Sientes el clímax venir, ese nudo apretándose en tu vientre. Gritas su nombre, coño contrayéndose alrededor de su verga, ordeñándolo mientras ondas de placer te sacuden entera. Él gruñe profundo, corriéndose dentro, chorros calientes pintando tus paredes, desbordando por tus muslos.
Caen exhaustos, cuerpos enredados, piel pegajosa de sudor y fluidos. Su corazón late contra tu pecho, respiraciones jadeantes calmándose. El aroma a sexo impregna el cuarto, mezcla de almizcle, semen y tu esencia dulce. Te acaricia el cabello, besándote la frente. —Neta, vecinita, ese error de la app fue lo mejor.
Tú ríes bajito, acurrucándote en su brazo fuerte.
Algo salió mal por favor inténtalo de nuevo en unos minutos... pero esta vez, no quiero que funcione nunca. La noche se extiende, promesas de más rondas, más errores gloriosos. Afuera, la ciudad ronronea indiferente, pero en su cama, todo es perfecto, caliente, tuyo.