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Loreal Try On en Labios Ardientes

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Loreal Try On en Labios Ardientes

Te paras frente al espejo del baño en tu depa de la Roma, con la bolsa de L'Oréal recién comprada en las manos. El sol de la tarde se cuela por la ventana, bañando todo en una luz dorada que hace brillar los tubitos de labial. Órale, piensas, hoy me voy a poner bien chula. Sacas el rojo intenso, ese que promete labios carnosos y besables, y destapas la boquilla. El aroma dulce a cereza te invade las fosas nasales, mezclado con un toque vainilloso que te hace salivar un poquito.

Empiezas el loreal try on, deslizando la barra cremosa por tu labio inferior. Sientes la textura suave, como seda líquida, que se funde en tu piel caliente. Te miras de cerca, abres la boca un cachito para ver cómo cubre cada pliegue.

¡Neta, qué chingón se ve! Me hace la boca más grande, más jugosa, como si pidiera besos a gritos.
Pasas al labio superior, presionando con cuidado para que quede parejo. El espejo te devuelve una imagen que te enciende: tus ojos cafés brillando, el cuello sudado por el calor del día, y esos labios ahora rojos como fuego, hinchados de promesa.

Te alejas un paso, giras la cabeza de lado a lado. El sonido del tráfico lejano de Insurgentes se filtra, pero aquí adentro solo oyes tu respiración acelerada. Tocas con la yema del dedo, sintiendo la humedad fresca del labial, y te chupas el dedo para probar el sabor: dulce, afrutado, con un regusto que te hace cerrar los ojos. Si mi carnal me ve así, no responde por lo que pase, te dices, mientras una cosquilla cálida sube por tu vientre.

En eso, oyes la puerta principal. Es él, tu chavo, llegando del gym. Sus pasos pesados en el pasillo te ponen en alerta. No te muevas, déjalo que te descubra. Entras al cuarto, te sientas en la cama king size con sábanas blancas revueltas, y cruzas las piernas. El short de mezclilla te aprieta las nalgas, y la blusa escotada deja ver el encaje negro de tu bra. Él aparece en la puerta, sudado, con la playera pegada al pecho marcado.

—Wey, ¿qué traes en la boca? ¡Órale, morra, te ves para comerte viva!

Se acerca despacio, oliendo a sudor masculino y desodorante fresco. Tú sonríes, dejando que el labial brille bajo la luz del foco. Él se para frente a ti, te agarra la barbilla con dedos firmes pero suaves, y te obliga a mirarlo. Sus ojos bajan a tus labios, y sientes su pulso acelerado en la yema del pulgar.

—Es mi nuevo loreal try on, ¿te late?

Él no contesta con palabras. Se inclina y roza sus labios contra los tuyos, apenas un toque, probando. El calor de su aliento te eriza la piel, y el sabor salado de su sudor se mezcla con la cereza dulce. Gimes bajito, un sonido que sale ronco desde tu garganta. Él retrocede un segundo, mirándote con pupilas dilatadas.

¡La chingada, este labial me está volviendo loco! Sabe a ti, pero mejor.

Te empuja suave contra las almohadas, y se sube encima, con las rodillas a los lados de tus caderas. Sus manos recorren tus brazos, dejando un rastro de piel de gallina. Tú arqueas la espalda, presionando tus tetas contra su pecho duro. Él besa tu cuello, chupando la sal de tu piel, mientras una mano sube a tu blusa y la jala hacia arriba. El aire fresco del ventilador roza tus pezones, que se endurecen al instante.

Le quitas la playera de un jalón, oliendo su aroma puro: hombre, esfuerzo, deseo. Tus uñas arañan su espalda ancha, sintiendo los músculos tensos bajo la piel lisa. Él gime contra tu oreja, un ronroneo grave que vibra en tu pecho. —Quítame el short, carnal, le susurras, y él obedece, desabrochando el botón con dientes. El zipper baja con un sonido metálico que corta el silencio cargado.

Ahora en calzones, sientes su verga dura presionando contra tu muslo. La tela delgada no esconde nada: gruesa, palpitante, lista. Tú la tocas por encima, apretando suave, y él suelta un ¡ah, cabrón! que te moja entre las piernas. El olor a tu propia excitación sube, almizclado y dulce, mezclándose con el vainilla del labial que él te unta en el cuello con besos hambrientos.

Se desliza hacia abajo, besando tu ombligo, lamiendo el sudor que se acumula ahí. Tus manos enredan en su pelo negro, tirando suave para guiarlo. Él llega a tus calzones, los moja con la lengua antes de quitártelos. El aire fresco besa tu panocha expuesta, hinchada y resbalosa. —Mírate, toda mojada por un pinche labial, murmura él, riendo ronco.

Su lengua toca tu clítoris, un lametón plano y lento que te hace arquearte como resorte. Sientes cada papila, áspera y caliente, girando en círculos. El placer sube en oleadas, punzante, haciendo que tus muslos tiemblen. Tú aprietas sus hombros, gimiendo alto: ¡Sí, wey, así! No pares, pendejo. Él acelera, metiendo un dedo grueso adentro, curvándolo para tocar ese punto que te deshace. El sonido chapoteante llena la habitación, obsceno y delicioso.

El orgasmo te pilla desprevenida, explotando desde el fondo de tu vientre. Tus paredes se aprietan alrededor de su dedo, jugos chorreando por su mano. Gritas su nombre, un chillido agudo que rebota en las paredes. Él no para, lamiendo suave para alargar el temblor, hasta que caes laxa, jadeando.

Pero no ha terminado. Te voltea boca abajo, con nalgas en pompa. Sientes su verga rozando tu entrada, caliente como hierro. —Dime si quieres, mi reina, susurra en tu oído, respetuoso pero urgido. —¡Chíngame ya, no seas mamón! respondes, empujando hacia atrás.

Entra de un golpe suave, llenándote hasta el tope. El estiramiento quema rico, cada vena palpitando contra tus paredes sensibles. Empieza a moverse, lento al principio, saliendo casi todo para volver profundo. El slap slap de piel contra piel marca el ritmo, mezclado con tus gemidos y sus gruñidos. Sudor gotea de su pecho a tu espalda, resbaloso y caliente.

Una mano baja a tu clítoris, frotando en círculos mientras te pendea más fuerte. Sientes su saco golpeando tu perineo, pesado y lleno. El olor a sexo puro impregna todo: salado, dulce, animal.

¡La neta, este loreal try on fue lo mejor que compré! Nunca me había cogido tan rico.
Aceleras las caderas, encontrando su thrust, el placer subiendo otra vez como marejada.

Él se tensa, respirando entrecortado. —Me vengo, morra... gruñe. Tú aprietas adentro, ordeñándolo, y sientes el chorro caliente inundarte, pulsación tras pulsación. Tu segundo orgasmo lo sigue, cegador, haciendo que veas estrellas. Caen juntos, él encima, pesados y satisfechos.

Se salen despacio, un río tibio escurriendo por tu muslo. Se acuestan de lado, él te abraza por la cintura, besándote los labios manchados. El labial se ha corrido, pero sabe igual de rico. —Te amo, chula. Mañana probamos otro color, dice riendo.

Tú cierras los ojos, sintiendo su corazón latiendo contra tu espalda, el ventilador secando el sudor, el tráfico calmándose afuera. Qué chido estar así, plena y llena de él. El afterglow te envuelve como manta suave, prometiendo más loreal try on en el futuro.

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