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Bedoyecta Tri 50000 Despertar de Fuego

7135 palabras

Bedoyecta Tri 50000 Despertar de Fuego

Estaba muerta de cansancio, neta. Todo el día en la oficina, lidiando con pendejos jefes y clientes que no saben ni lo que quieren. Llegué a la casa hecha un trapo, con el cuerpo pesado como si cargara un costal de piedras. Mi carnal, Lupe, que siempre anda al pendiente de estas chingaderas de salud, me dijo: "Órale, mija, ve por una Bedoyecta Tri 50000. Te va a dar un levantón que ni te imaginas". Yo, que ando escéptica pero desesperada, agarré el coche y me fui a la farmacia de la esquina.

El farmacéutico era un tipo guapísimo, de esos que te hacen suspirar sin querer. Morenazo, con ojos cafés profundos y una sonrisa que iluminaba el mostrador. "¿Bedoyecta Tri 50000?" preguntó con voz grave, mientras sacaba la caja. Sentí un cosquilleo en la panza, pero me dije: no mames, Lourdes, compórtate. Me la aplicó en el glúteo, rápido y profesional, pero su mano firme rozando mi piel por encima del pantalón... ay, wey. El pinchazo fue leve, como un beso ardiente, y de inmediato una oleada de calor me recorrió el cuerpo. Salí de ahí flotando, con las venas bombeando pura energía.

Llegué a la casa y ahí estaba él, mi Rafa, esperándome con una chela fría y esa mirada pícara que me derrite. "¿Cómo te fue con la Bedoyecta Tri 50000?" me preguntó, abrazándome por la cintura. Su olor a jabón fresco y sudor ligero me invadió las fosas nasales, y de pronto, todo mi cuerpo se encendió. Lo jalé hacia mí, pegando mi boca a la suya con hambre. Nuestras lenguas se enredaron, saboreando el salado de sus labios y el dulzor de mi gloss de fresa. Sus manos bajaron a mis nalgas, apretando donde apenas dolía la inyección, y gemí bajito contra su cuello.

¿Qué carajos me pasa? Esa chingada Bedoyecta Tri 50000 me tiene como leona en celo. Siento el pulso latiendo en cada rincón, la piel erizada, lista para él.

Acto uno: la chispa. Lo empujé al sillón, quitándome la blusa con impaciencia. Mis tetas saltaron libres, los pezones ya duros como piedritas bajo su mirada hambrienta. Rafa se relamió los labios, sus dedos trazando círculos suaves alrededor de ellos sin tocarlos del todo. El aire se llenó del aroma de mi arousal, ese musk dulce y húmedo que siempre lo enloquece. "Estás on fire, mi amor", murmuró, su aliento caliente en mi clavícula. Yo, jadeando, le desabroché el pantalón, liberando su verga tiesa que saltó como resorte. La tomé en la mano, sintiendo su calor palpitante, las venas marcadas bajo mi palma. La piel suave, el olor terroso a hombre, me hizo salivar.

Nos besamos de nuevo, lento al principio, saboreando cada roce. Su lengua exploraba mi boca como si fuera mi coño, profunda y juguetona. Bajé la cabeza, lamiendo la punta de su pito, probando la gota salada de precum. Él gruñó, un sonido gutural que vibró en mi pecho. "Chúpamela, reina", suplicó, y yo obedecí, tragándomela hasta la garganta. El sabor almizclado, el grosor llenándome la boca, el sonido húmedo de mis labios chupando... todo me ponía más caliente. Mis bragas estaban empapadas, el clítoris hinchado rogando atención.

Pero no quería acabar ahí. Lo monté a horcajadas, frotando mi rajita contra su verga sin penetrar. La fricción era deliciosa, mi humedad lubricando todo. Sus manos amasaban mis tetas, pellizcando los pezones hasta que dolió placenteramente. Olía a nosotros, a sexo inminente, mezclado con el leve aroma medicinal de la inyección que aún flotaba en mi piel. "Te sientes diferente hoy, más viva", jadeó él, y yo sonreí, pensando en esa Bedoyecta Tri 50000 que me había transformado en diosa del deseo.

Acto dos: la escalada. Me levanté, jalándolo al cuarto. La cama nos esperaba con sábanas frescas, el ventilador zumbando suave sobre nosotros. Me quité el resto de la ropa, quedando desnuda, mi piel morena brillando bajo la luz tenue. Rafa se desvistió despacio, torturándome con la vista de su torso musculoso, el vello oscuro bajando hasta su paquete. Lo tumbé boca arriba, besando su pecho, lamiendo sus pezones oscuros hasta que se endurecieron. Bajé por su abdomen, mordisqueando la piel salada, hasta llegar de nuevo a su verga. Esta vez lo mamé con furia, sintiendo cómo se hinchaba más en mi boca.

Él no se quedó atrás. Me volteó, poniéndome a cuatro patas. Su lengua se hundió en mi coño desde atrás, lamiendo mis labios hinchados, chupando el clítoris con succiones que me hacían arquear la espalda. "¡Ay, pinche Rafa, no pares!" grité, el placer como electricidad recorriéndome. Su dedo entró en mí, curvándose para tocar ese punto que me vuelve loca, mientras su nariz rozaba mi ano. Olía a mi excitación pura, jugos chorreando por mis muslos. Gemí fuerte, el sonido rebotando en las paredes, mis uñas clavándose en las sábanas.

La energía de esa Bedoyecta Tri 50000 me tiene imparable. Cada nervio canta, cada toque es fuego líquido. Quiero que me rompa, que me llene hasta el alma.

La tensión crecía, mis caderas moviéndose solas contra su cara. Me corrí primero, un orgasmo que me sacudió como terremoto, chorros de placer salpicando su barbilla. Él rio, lamiendo todo, y luego se posicionó detrás. Su verga empujó lento, abriéndome centímetro a centímetro. El estiramiento ardiente, el roce de su piel contra la mía, el slap de sus bolas contra mi clítoris... perfecto. Empezó a bombear, primero suave, luego más duro, sus manos en mis caderas guiándome.

Cambié de posición, montándolo yo. Reboté sobre él, mis tetas saltando, su mirada clavada en ellas. Sudábamos, el olor salado mezclándose con el de nuestros jugos. "Más fuerte, cabrón", le exigí, y él obedeció, embistiéndome desde abajo. Sentía su pito golpeando profundo, masajeando mis paredes internas. El clímax se acercaba otra vez, mi vientre contrayéndose, el pulso acelerado en oídos.

Acto tres: la liberación. Nos volteamos, él encima, misionero para vernos a los ojos. Sus embestidas se volvieron salvajes, el catre crujiendo, nuestros cuerpos chocando con sonidos obscenos. "¡Me vengo, mi amor!" rugió, y sentí su verga palpitar, llenándome de chorros calientes. Eso me empujó al borde: mi coño se apretó como puño, olas de éxtasis rompiéndome en pedazos. Grité su nombre, uñas en su espalda, el mundo disolviéndose en placer puro.

Colapsamos, jadeando, cuerpos enredados. Su semen goteaba de mí, cálido y pegajoso entre mis piernas. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. El ventilador secaba nuestro sudor, el aroma de sexo impregnando el aire. "Gracias a esa Bedoyecta Tri 50000", susurré riendo, y él me apretó más, besando mi frente.

Después, en la calma, reflexioné. Esa inyección no solo revivió mi cuerpo, sino nuestra pasión. Nos duchamos juntos, jabón resbalando por curvas y músculos, risas y caricias inocentes. En la cama, acurrucados, su mano en mi vientre, soñamos con más noches así. La Bedoyecta Tri 50000 había sido la chispa, pero nuestro amor, el fuego eterno.

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