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Xvideo Trio Bi Explosivo

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Xvideo Trio Bi Explosivo

Todo empezó en una fiesta en Polanco, de esas que duran hasta el amanecer y donde la neta se suelta como tequila reposado. Yo, Alex, un morro de veintiocho primaveras, andaba con mis cuates celebrando un cierre de proyecto. La música retumbaba con cumbia rebajada mezclada con reggaetón, el aire cargado de perfume caro y sudor fresco. Ahí los vi: ella, Carla, con su falda ajustada que marcaba sus curvas como si fueran esculpidas por un dios cabrón, y él, Marco, alto, tatuado, con esa mirada que dice "sé lo que quiero y lo voy a tener". Me sonrieron desde el otro lado de la barra, y algo en mi estómago se revolvió, como mariposas con alas de fuego.

¿Qué pedo, Alex? ¿Por qué te late tanto esta pareja? Nunca has pensado en un trio, mucho menos con otro vato. Pero órale, se ven chidos, ¿no?

Nos acercamos, platicamos de todo y nada: el pinche tráfico de la CDMX, los antojitos de la esquina, y de repente Carla suelta: "Wey, ¿has visto esos xvideos de trio bi? Están de poca madre, te prenden como yesca". Me quedé helado, la verga ya medio parada bajo los jeans. Marco rio, palmeándome la espalda: "Sí carnal, el xvideo trio bi es el rey de las fantasías. ¿Te late probar algo así?". El corazón me latía a mil, el olor a su colonia mezclada con el aroma dulce de su piel me mareaba. Dijeron que viviéramos cerca, en un depa en la Roma con vista al skyline. "Vámonos", propuse, y nadie dijo que no.

En el elevador, la tensión era palpable, como electricidad estática antes de la tormenta. Carla se pegó a mí, su mano rozando mi entrepierna, mientras Marco nos veía con ojos hambrientos. Olía a jazmín y deseo, su aliento cálido en mi cuello. "Estás duro ya, ¿verdad?", murmuró ella. Asentí, la boca seca. Entramos al depa, luces tenues, velas aromáticas con olor a vainilla y algo más picante, como canela en la piel. Nos sentamos en el sofá de cuero suave, que crujió bajo nuestro peso. Sacaron una botella de mezcal artesanal, del bueno, de Oaxaca. Brindamos: "Por los xvideos que se hacen realidad".

La plática fluyó, pero el aire se espesaba con cada mirada. Carla se recargó en mi hombro, su mano bajando por mi pecho, desabotonando mi camisa despacio. Sentí sus uñas rozando mi piel, un escalofrío que me erizó los vellos. Marco se acercó por el otro lado, su mano en mi muslo, firme pero suave.

¿Qué chingados? Un vato tocándome. Pero se siente... chido. No es como con morras, es crudo, directo.
Ella nos besó a los dos, alternando labios suaves y jugosos con los míos, luego con los de él, y de pronto su lengua rozó la mía mientras Marco me lamía el lóbulo de la oreja. Gemí bajito, el sonido ahogado en su boca. Olía a menta de su chicle y a su excitación, ese musk dulce que te hace babear.

Nos quitamos la ropa como si quemara. Carla quedó en tanga negra, tetas firmes con pezones duros como piedras preciosas. Marco, verga gruesa y venosa, ya tiesa apuntando al techo. La mía saltó libre, palpitante, goteando pre-semen. Ella se arrodilló primero, mamándome con maestría, lengua girando alrededor del glande, succionando como si quisiera sacarme el alma. "Qué rica boca tienes, Carla", jadeé. Marco se masturbaba viéndonos, su mano subiendo y bajando rítmicamente. Luego, ella lo jaló hacia mí: "Chúpala, Marco. Hazle como en el xvideo trio bi". Dudé un segundo, pero el deseo me ganó. Me incliné, tomé su verga en la mano –caliente, terciopelada, latiendo como un corazón furioso– y la metí a la boca. Sabía salado, a hombre puro, un toque amargo que me encendió más. Él gruñó, mano en mi pelo, guiándome suave.

Esto es una locura, pero qué padre. Su verga llenándome la boca, mientras Carla nos lame las bolas a los dos. El sonido de succiones húmedas, gemidos roncos, el slap-slap de lenguas en carne.

La llevamos a la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra nuestra piel ardiente. La puse boca arriba, abrí sus piernas –su chocha depilada, labios hinchados brillando de jugos–. La penetré despacio, sintiendo su calor apretado envolviéndome, como terciopelo mojado. Ella arqueó la espalda, uñas clavándose en mis hombros: "¡Ay, cabrón, qué rico!". Marco se posicionó detrás de mí, lubricante fresco chorreando por mi culo. "Relájate, carnal", susurró, y su glande presionó, abriéndome centímetro a centímetro. Dolor punzante al principio, luego placer puro, como rayos de fuego subiendo por mi columna. Me movía entre los dos: embistiéndola fuerte, mientras él me taladraba, prostata masajeada haciendo que mi verga se hinchara más dentro de ella.

El cuarto olía a sexo crudo: sudor salado, lubricante almendrado, jugos femeninos dulces como miel. Sonidos everywhere: camas crujiendo, piel chocando con piel –plaf plaf plaf–, jadeos entrecortados, "¡Más duro, pendejos!" de Carla. Cambiamos posiciones. Ahora ella cabalgándome, tetas rebotando hipnóticas, mientras chupaba la verga de Marco. Yo la lamía desde abajo, lengua en su clítoris hinchado, saboreando su néctar ácido-dulce. Él se corrió primero, chorros calientes en su boca, ella tragando con deleite y pasándome el resto en un beso baboso. "Prueba, es chido", dijo riendo.

La intensidad subía como volcán. La puse a cuatro patas, Marco debajo lamiéndole la chocha mientras yo la cogía por atrás, bolas golpeando su culo redondo. Sus gemidos eran música: "¡Sí, weyes, rómpanme!". Sentí el orgasmo construyéndose, bolas apretadas, verga hinchada al límite. Marco se metió bajo ella, ella montándolo mientras yo le untaba lubricante al ano. "En el culo, Alex, como en el xvideo trio bi". Empujé suave, su esfínter cediendo, apretándome como puño caliente. Doble penetración: él en chocha, yo en culo, moviéndonos en sincronía perfecta. Ella gritaba, cuerpo temblando, orgasmos en cadena –su chocha contrayéndose, ordeñándonos.

El clímax llegó como tsunami. Marco gruñó primero, llenándola de leche caliente que chorreaba por sus muslos. Yo no aguanté: embestidas furiosas, "¡Me vengo!", y exploté dentro de su culo, chorros interminables, placer cegador que me dejó temblando. Ella colapsó entre nosotros, sudorosa, jadeante, piel pegajosa y brillante.

Nos quedamos ahí, enredados, respiraciones calmándose. El aire aún pesado de nuestro olor colectivo. Carla besó mi pecho: "Qué xvideo trio bi tan explosivo hicimos, ¿no?". Marco rio, abrazándonos: "El mejor, carnales". Me sentía pleno, explorado, sin culpas.

Quién iba a decir que un vato como yo disfrutaría tanto chupar verga y ser cogido. Qué chingonería.
Amaneció con café y chilaquiles de la taquería de la esquina, promesas de repetir. Salí a la calle con el sol calentándome la cara, el cuerpo adolorido pero satisfecho, sabiendo que esa noche había reescrito mis límites para siempre.

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