Bedoyecta Tri Patente Despierta el Fuego Interno
Yo andaba muerta de cansancio después de un pinche día eterno en la oficina del centro. México City me había exprimido como limón en caipirinha, con el tráfico de Insurgentes que no avanza ni vergas y el jefe echándome broncas por nada. Llegué a mi depa en la Roma, tiré la bolsa en el sofá y me desplomé. Marco, mi morro, ya estaba ahí esperándome con esa sonrisa pícara que me hace mojada al instante.
Órale, mi reina, ¿qué traes tan rayada? me dijo mientras me abrazaba por la espalda, su aliento caliente en mi cuello oliendo a menta y a ese aftershave que me vuelve loca. Le conté mi drama, y él se rió bajito, ese sonido ronco que me eriza la piel.
—Mira, nena, te voy a dar un jalón de vida. Tengo aquí la Bedoyecta Tri patente, fresquita del farmacéutico. Una inyección y vas a sentirte como leona en celo.
Me quedé mirándolo con los ojos bien abiertos. La Bedoyecta Tri patente era su secreto para los fines de semana locos, esas vitaminas B que te prenden el motor sin broncas. Nunca me la había puesto, pero neta, andaba tan bajoneada que dije simón. Nos fuimos a la recámara, con las luces tenues del atardecer colándose por las cortinas. El aire olía a sábanas limpias y a su sudor ligero del gym.
Me quité la blusa despacito, quedándome en bra y falda. Marco preparó la jeringa con manos expertas, el líquido ámbar brillando bajo la lámpara. Sientate aquí, güey, me ordenó juguetón, y yo obedecí, sintiendo un cosquilleo en el estómago que no era solo de nervios. Su dedo rozó mi nalga mientras limpiaba con alcohol, fresco y punzante en mi piel caliente.
El pinchazo fue rápido, un ardor chiquito que se expandió como fuego líquido por mi vena. Ay, cabrón, gemí bajito, pero ya sentía el calor subiendo, como si me inyectaran pura lujuria. Marco tiró la jeringa y me jaló contra su pecho, sus labios capturando los míos en un beso que sabía a promesas sucias.
La tensión empezó a crecer mientras sus manos exploraban mi espalda, desabrochando el bra con un chasquido que resonó en la habitación. Mis tetas se liberaron, pezones duros rozando su camiseta. Estás ardiendo, mi amor, murmuró contra mi boca, y yo lo empujé a la cama, montándome encima. El colchón se hundió bajo nuestro peso, crujiendo suave.
Internamente, mi mente era un desmadre:
¿Qué chingados me pasa? Esa Bedoyecta Tri patente me tiene como endemoniada, cada roce es eléctrico, como si mi piel gritara por más.Le arranqué la playera, oliendo su piel salada, ese aroma macho que me nubla el juicio. Mis uñas arañaron su pecho velludo, bajando hasta el cinturón. Él jadeaba, sus caderas empujando contra las mías, su verga ya dura presionando mi entrepierna a través de la tela.
Nos revolcamos lento al principio, saboreando la build-up. Le besé el cuello, lamiendo el sudor que perlaba su clavícula, salado y adictivo. Sus manos subieron mi falda, dedos gruesos colándose en mis calzones, encontrándome empapada. Estás chorreando, pinche ninfómana, se burló, y yo reí, mordiéndole el lóbulo de la oreja.
La energía de la inyección me hacía imparable. Lo volteé boca arriba, despojándolo de los jeans. Su pito saltó libre, grueso y venoso, palpitando con el pulso acelerado. Lo tomé en mi mano, sintiendo el calor pulsante, la piel suave sobre el acero. Lo masturbé despacio, viendo cómo sus ojos se ponían vidriosos, su boca entreabierta soltando grrr guturales.
Chúpamela, reina, rogó, y yo bajé la cabeza, mi lengua trazando círculos en la cabeza hinchada. Saboreé el precum salado, ese gusto almizclado que me hace gemir. Lo engullí profundo, mi garganta acomodándose a su tamaño, mientras él enredaba los dedos en mi pelo, guiándome con empujones suaves. El sonido húmedo de mi boca llenaba la recámara, mezclado con sus ¡ay wey! y mis slurps.
Pero yo quería más. Me incorporé, quitándome la falda y los calzones de un tirón. Mi coño depilado brillaba de jugos, hinchado de deseo. Me trepé sobre él, frotando mi clítoris contra su tronco, lubricándonos mutuamente. El roce era tortura deliciosa, chispas de placer subiendo por mi espina.
Neta, esta Bedoyecta Tri patente es oro puro, me siento invencible, lista para cabalgarlo hasta el amanecer.
Lo miré a los ojos, pidiendo permiso con una ceja alzada. Entra en mí, Marco, ya no aguanto. Él asintió, manos en mis caderas guiándome. La punta abrió mis labios, estirándome lento, centímetro a centímetro. Gemí fuerte cuando lo tuve todo adentro, llenándome hasta el fondo. El estirón ardía rico, paredes vaginales apretándolo como guante.
Empecé a moverme, primero círculos lentos, sintiendo cada vena rozando mis spots sensibles. El slap de piel contra piel crecía con mi ritmo, sudor goteando entre mis tetas. Él mamaba mis pezones, succionando fuerte, dientes rozando lo justo para hacerme arquear. ¡Más duro, pendejo! le exigí, y él obedeció, embistiéndome desde abajo con fuerza animal.
La intensidad escalaba. Mi clítoris palpitaba contra su pubis, ondas de placer acumulándose. Sudábamos como locos, el cuarto oliendo a sexo crudo, a feromonas y sábanas revueltas. Sus bolas chocaban contra mi culo con cada thrust, sonido obsceno que me excitaba más.
Me voy a venir como nunca, esta inyección me abrió las puertas del paraíso.
Cambié de posición, queriendo sentirlo profundo. Me puse a cuatro, nalga en pompa. Marco se arrodilló atrás, escupiendo en mi entrada para lubricar extra. Entró de un jalón, sacándome un grito. Sus manos amasaban mis nalgas, un dedo colándose en mi ano para doble estimulación. ¡Sí, así, cabrón, rómpeme! chillé, empujando contra él.
El clímax nos alcanzó como tsunami. Sentí el orgasmo construyéndose en mi vientre, una bola de fuego expandiéndose. Mis paredes se contrajeron, ordeñándolo, jugos chorreando por mis muslos. Él gruñó ¡Me vengo!, llenándome con chorros calientes que sentía salpicar adentro. Colapsamos juntos, temblando, pulsos latiendo al unísono.
En el afterglow, nos quedamos enredados, su verga ablandándose dentro de mí. Besos perezosos, lenguas perezosas saboreando el sudor mutuo. El aire estaba pesado, cargado de nuestro aroma. Gracias por la Bedoyecta Tri patente, amor, susurré, riendo bajito. Él me apretó contra su pecho, su corazón tronando como tambor.
Esta noche cambió todo, no solo energía, sino un fuego que arde hondo. Mañana pedimos más, para repetir este desmadre eterno.Nos dormimos así, piel con piel, con la promesa de más rondas al despertar.