El Fuego Íntimo de Al Di Meola The Guitar Trio
Estaba en mi depa en la Condesa, con las luces bajas y el aire cargado de ese calor pegajoso de noches de verano en el DF. Yo, Karla, acababa de poner el disco de Al Di Meola The Guitar Trio, ese que me volvía loca cada vez que lo escuchaba. Las cuerdas de las guitarras se entrelazaban como dedos ansiosos, rápidas, furiosas, con ese flamenco jazz que te eriza la piel. El sonido llenaba la sala, vibrando en mis huesos, y yo me recosté en el sofá de cuero negro, sintiendo cómo el ritmo me subía por las piernas, directo al centro de mi calor.
Pinche música, siempre me pone en modo traviesa, pensé, mientras mi mano bajaba despacio por mi blusa suelta, rozando la curva de mis chichis. Llevaba una falda corta, de esas que se suben solas, y debajo nada, solo piel suave y húmeda ya de solo imaginar. Recordé a mis carnales, Luis y Marco, esos dos güeyes que conocí en un jam session hace meses. Ellos tocaban como dioses, imitando perfecto el estilo de Al Di Meola, Paco y McLaughlin. Les mandé un whatssapp: "
Órale cabrones, vengan ya. Guitar Trio en play. Traigan sus vergas afinadas." No tardaron ni veinte minutos en llegar, con sus guitarras colgadas y una botella de mezcal en la mano.
Luis entró primero, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que me deshacía. "¡Qué onda, nena! ¿Listos pa'l desmadre?" dijo, mientras Marco, más delgado pero con brazos fuertes de tanto rasguear, le seguía con un guiño. El olor a su colonia mezclada con sudor fresco me golpeó como una ola. Pusieron las guitarras en los soportes, pero el disco seguía sonando, las notas de "Mediterranean Sundance" acelerando mi pulso. Nos sentamos en el piso, sobre cojines mullidos, pasando el mezcal. El líquido quemaba la garganta, ahumado, con sabor a tierra y deseo.
La tensión empezó sutil, como el build-up de una improvisación. Luis rozó mi rodilla con la suya, y yo no me aparté. "Esta rola de Al Di Meola The Guitar Trio siempre me prende", murmuré, y Marco se acercó, su aliento cálido en mi cuello. "Imagínate si tocáramos en vivo... en tu cuerpo", susurró. Sentí sus dedos en mi muslo, ásperos por las cuerdas, subiendo lento. El corazón me latía al ritmo de las guitarras, rápido, intrincado. Los miré a los ojos, verdes los de Luis, oscuros los de Marco, y dije: "Chínguenme con su música primero".
Nos besamos los tres, un enredo de lenguas calientes, sabor a mezcal y sal. Luis me jaló el pelo suave, mientras Marco lamía mi oreja, mordisqueando el lóbulo. Me quitaron la blusa, exponiendo mis tetas firmes al aire fresco. "¡Qué chingonas!" exclamó Luis, chupando un pezón hasta ponérmelo duro como piedra. El sonido del disco seguía, ahora "Race with Devil on Spanish Highway", frenético, urgiéndonos. Mis manos bajaron a sus pantalones, sintiendo las vergas tiesas, gruesas, palpitando bajo la tela. Las saqué, una a una, admirando su tamaño, venas marcadas como cuerdas tensas.
Esto es lo que necesitaba, dos machos que me hagan volar como las guitarras de Al Di Meola, pensé, mientras me arrodillaba entre ellos. El piso era fresco contra mis rodillas, pero mi panocha ardía, chorreando jugos que olían a miel y excitación. Chupé primero a Luis, metiéndomela hasta la garganta, gimiendo con el sabor salado de su prepucio. Marco se pajeaba viéndome, su verga reluciente de precum. Cambié, lamiendo a Marco desde la base hasta la punta, girando la lengua como un solo de guitarra. Ellos gemían, "¡Sí, Karla, así, cabrona!", y el ritmo de sus caderas seguía la música.
La cosa escaló cuando me tumbaron en el sofá. Luis se hincó entre mis piernas, oliendo mi aroma, "Hueles a puta en celo, güey", y metió la lengua en mi clítoris, chupando fuerte, sorbiendo mis jugos. Yo arqueé la espalda, agarrando el cabello de Marco para que me besara. Sus labios suaves contrastaban con la barba incipiente raspando mi piel. Sentía cada lamida de Luis como una nota aguda, vibrando en mi vientre. "Más profundo, pendejo", le ordené, y él obedeció, metiendo dos dedos gruesos, curvándolos para tocar mi punto G. El orgasmo me acechaba, pero lo contuve, queriendo más.
Marco tomó su guitarra acústica, y mientras Luis me comía, empezó a tocar un riff inspirado en Al Di Meola The Guitar Trio, las cuerdas resonando en la habitación, mezclándose con mis jadeos y el slap wet de la lengua de Luis. El sonido era hipnótico, táctil casi, haciendo que mi piel se erizara. Cambiaron posiciones: yo me subí a Luis, cabalgándolo despacio al principio. Su verga me llenaba, estirándome delicioso, el glande rozando mis paredes internas. "¡Qué apretada estás, nena!" gruñó él, agarrando mis nalgas, guiándome arriba y abajo.
Marco se paró detrás, escupiendo en mi ano para lubricar. "¿Lista pa'l dúo?" preguntó, y yo asentí, empinándome. Su verga entró lenta, centímetro a centímetro, el ardor inicial convirtiéndose en placer pleno. Los dos adentro, moviéndose en contratiempo como un trío de guitarras perfectas: Luis abajo, golpeando profundo; Marco atrás, frotando mi culo con maestría. Sudábamos, el olor a sexo crudo llenando el aire, mezclado con el humo del mezcal y el leve aroma de las cuerdas de guitarra. Mis tetas rebotaban, pezones rozando el pecho peludo de Luis. Gemía sin control, "¡Chínguenme más duro, cabrones! ¡Como Al Di Meola rasguea!"
El clímax llegó como una cascada solo, explosivo. Sentí las contracciones en mi panocha, ordeñando la verga de Luis, mientras Marco me llenaba el culo con embestidas rápidas. Grité, el placer cegador, olas y olas recorriendo mi cuerpo, piernas temblando, visión borrosa. Ellos no se quedaron atrás: Luis se corrió primero, caliente, espeso, inundándome adentro con rugidos roncos. Marco siguió, sacándola para eyacular en mi espalda, chorros calientes resbalando por mi piel. Colapsamos en un montón sudoroso, respiraciones agitadas sincronizadas con el fade out del disco.
Después, recostados en la cama king size, con sábanas revueltas oliendo a nosotros, pasamos el mezcal de nuevo. Luis me acariciaba el pelo, Marco trazaba círculos en mi vientre. "Eres la chava más chingona, Karla", dijo Marco, y yo sonreí, satisfecha, el cuerpo pesado de placer. La música de Al Di Meola The Guitar Trio seguía en loop bajo, un eco suave de nuestra sinfonía.
Esto no era solo sexo, era conexión, ritmo compartido, como tres guitarras en éxtasis. Sabía que volverían, y yo los esperaría, lista para el próximo jam.